La practicante

La practicante, tras estudiar el parte de ausencias, redactó en la comodidad de su hogar la carta de despido de la trabajadora, sin atender a la justificación de las faltas; después, como todos los días, encendió sus varillas de incienso para realizar su práctica zen y oró por la fraternidad humana.

Mitades

A veces una vida
es la hoja de un árbol.
Menos que el haz de luz
que se cuela a la tarde
por entre las persianas,
el eco de ese grito
que se prendió en tus manos,
como aquel beso dulce
una tarde de música
que, a poco que te esfuerces,
sientes sobre los labios,
porque una vida nunca
es una sola vida
ni una hoja es jamás
el conjunto de un árbol
¿Quién no es raíz del suelo
que sujeta su cuerpo?
¿Quién se basta en la noche
sin alargar la mano?
A veces una vida cabe
en un solo gesto:
un trozo de una nube,
un suspiro profundo,
un grifo que se cierra,
un dolor insondable.

mvf

Fíos no camiño

Un poema en galego-castelán

FÍOS

Seica fomos de neve,
folerpas ateridas,
leves corpos de auga
que se funden
a beira do camiño.
Seica fomos de sal,
corpos de vento,
beizos resecos e feridos
que entreabertos buscaban outros beizos
para adquirir sentido.
Seica fomos de soños,
corpos rotos,
cachos de almas sen tino
onde o fogar se chama ventre, nai,
e vivimos durmidos.

MVF

HILOS

Quizás fuimos de nieve,
cuerpos estremecidos,
leves cuerpos de agua
que se funden
a la vera del camino.
Quizás fuimos de sal,
cuerpos de viento,
labios resecos y heridos
que entreabiertos buscaban otros labios
para adquirir sentido.
Quizás fuimos de sueños,
cuerpos rotos,
trozos de almas sin tino
donde el hogar se llama vientre,
madre, y vivimos dormidos.

Manuela Vicente Fernández

Imagen: retrato realizado con hilos y clavos del artista Kumi Yamashita
(http://kumiyamashita.com/portraits)

Retrato artístico con hilos y clavos realizado por el artista Kumi Yamashita

Bailando

El día en el que Helen Carter se puso a hacer el número de Rita Hayworth en el tejado para pasmo y deleite de sus vecinos, era un día como cualquier otro. Las obras para la construcción de la central nuclear que arrasarían con su bonita y rústica casa ya eran del todo imparables. La compañía teatral con la que trabajaba antes de la pandemia no le había renovado el contrato, y el piso hipotecado que había heredado de sus padres había sido embargado por el banco al no poder asumir Helen los pagos restantes al carecer de nómina. Por suerte, aún conservaba un nutrido vestuario y, a cada guante que se quitaba, veía crecer el entusiasmo en los ojos y los bolsillos de los lujuriosos hermanos Babeux, que, coreando su actuación, hacían volar los billetes de sus carteras hacia el interior de la ventana abierta de su cuarto. Helen no sabía parar el mundo pero nada ni nadie podía impedirle bailar sobre el tejado.

 

Minificción elaborada para el espacio de los Viernes Creativos de El BIc Naranja

El Bic Naranja

 

Una terraza con vistas

Siempre sabía dónde encontrarla.
La recuerdo tendiendo ropa en la terraza,
regando las plantas de la galería.
Le gustaban los geranios, cultivar su huerta,
la vida al aire libre.
Con brío llenaba el cesto de remolachas,
serraba leña, sacaba agua del pozo,
me enseñaba lo que sabía.
Por las tardes, en verano, al declinar el sol,
me dejaba recoger los huevos de las gallinas.
A su lado descubrí la naturaleza,
vi nacer y crecer corderillos.
El año en el que perdí el rumbo
no me dejó desnortarme
y me llevaba con ella a recorrer los caminos,
mañana y tarde venía a casa a buscarme.
Era mi tía y madrina.
Se llamaba Filomena y me dió siempre calor,
de la nieve no tenía más que su luz y blancura

A mi tía ❤

La hora muda

Por todas las risas, todas las palabras, todas las lágrimas, todos los silencios.

Encima de la repisa hay un reloj volteado,
(todos giramos relojes,
igual que giramos cuadros)
En mi regazo hay un frasco de recuerdos,
y en el centro de mi pecho
gime un perro amordazado.
No quiero sino ir atrás,
descontar,
sacar mañanas alegres,
tardes tranquilas del frasco,
soltar al perro en el césped
para que corra ladrándole
a las hojas y a la brisa,
al sol y a la luna blanca.
Ese cuadro que he girado
se ha adherido a mis retinas
Reproduciendo una y otra vez
la misma escena,
cómplice y conspirador
con el espejo del baño.
No.
Que no quiero guardar bruma entre los ojos
ni en el centro de mi pecho
a este perro amordazado
que es mi voz muda atorando
con su grito mi garganta.
No.
No más cuentas y recuentos.
Cierro los ojos. Descanso.
Sueño otra escena, otras horas,
el paisaje de otro cuadro,
que me espere mientras duerma
y al despertar me acompañe.

MVF©

Todo

Si pudiese leerte el roce
que deja la luz del sol
en las alas de los pájaros,
Si, al menos, pudiese leerte
el aura del amanecer envolviendo
las copas de los árboles.
Leerte el canto de la hierba
cuando crece,
leerte
cuánto amor cabe en las manos,
cuánto sujetas mi vida,
leerte
cuanto te amamos.
Sé que nos lees sin decirlo
cada hora, en cada instante,
estás leyendo y te lees
en el regazo del agua,
vuelves a ser niño y eres
perfecto en todas tus carnes,
Tus ojos de cielo sienten
la vida que nace y late,
las simas del horizonte
las grietas de las montañas
tú pupila horada la piedra
a través del tiempo y graba
en la retina del tiempo
la unión de nuestras dos almas.
Puedes leer en mis ojos
aunque los tenga cerrados,
en el timbre de mi voz
en el hueco de mis alas,
me ves desnuda, sin velo,
me ves niña, adulta, anciana,
Con tus dedos me dibujas
ondulando
en mis cabellos la escarcha.
Nadie me lee como tú,
ni yo puedo leer a nadie
sin que tu nombre y tu voz
se sumen a la mía y alcancen
el firmamento en su origen,
plenitud de las edades.
Qué te daré que no tenga
y no sea capaz de darte.
Qué vocales bajaré
que puedan alimentarte,
qué consonantes ocultas
desligaré de tu espalda,
Cómo ensamblaré las sílabas tónicas
deslizándolas
como algodones o pétalos
que en tu piel se tornen bálsamo,
que haré con tantos adverbios
para aligerar tu carga,
Dónde guardaré los verbos
que no han sabido callarse.
Folios y folios vacíos
llenos de mañanas blancas.
Todo será nada a un tiempo,
nada será necesario
porque tú me lees sin letras
y te escribo sin palabras.

Desquite

Mira, voy a coger todo este mundo de mentira,
con todos sus trapos, sus árboles talados,
sus vertederos de basura,
sus fiestas absurdas,
sus trenes de doble dirección,
su ropa sucia,
sus relojes Rolex
su bisutería de cobre,
sus cocodrilos escondidos,
sus bolsos de Armani,
su diagonal y su arcoiris ilusorio
su tío vivo de gira y sigue,
su pulpo en la feria,
su dolor de quirófano,
su tripa encogida,
todos los besos adolescentes
todas las traiciones
todas las mentiras,
la sopa de invierno,
la chimenea apagada
y encendida,
la puta bombilla que se funde,
el parasol de los domingos,
la copa de whisky,
los tachones de las libretas,
las juntas llenas de cal de los azulejos
del baño,
los residuos del fregadero,
los orines del inodoro,
la miel en tarros de cristal,
el edredón sin plumas,
las novelas no escritas
las escritas que duermen en los cajones,
las leídas,
las que nunca leerías,
las agendas,
las fotos de graduación,
los ordenadores descompuestos
y los compuestos,
los verbos imperfectos,
los condicionales,
la línea insegura del destiempo,
todo eso,
lo ataré fuerte en un pañuelo
-bien pequeño, por cierto, bien pequeño,
porque el mundo es pequeño, todavía-
le haré varios nudos:
uno por cada año,
uno por cada misa,
por cada sueño alegre,
por cada pesadilla,
Y lo llevaré al monte, lo dejaré en el medio,
al alcance de los petirrojos,
de los picos de las cigüeñas,
comedero de buitres.
Solo entonces,
alejados de todo,
entre la escoria de la nada,
nos sentiremos vivos.

MVF

Cisnes de viento

Yo he visto a un cisne
volar sobre el ocaso del agua,
bordeando la aureola del viento,
cimbreando,
con la ambición de los inocentes,
cadencias de luz entre sus plumas,
al borde del infinito ensamblado
en las ramas del único árbol superviviente.
Sí. Yo he visto a un cisne
volar sobre el ocaso del miedo,
dibujándole alas a la vida,
sobre un oceáno de incertezas.

MVF

Foto robada del muro de Rafa Sastre

Vasija rota

Su abuelo tenía el corredor de casa lleno de vasijas de barro. En ellas guardaba el aceite, la manteca, las hierbas secas. Con el tiempo las vasijas de cerámica fueron sumándose a las otras. Muchas veces, cuando nadie la veía, Milena repasaba con sus manos el suave y liso contorno de las vasijas, enamorada de su tacto frío. En las de barro se detenía en alguna pequeña grieta o imperfección rugosa y le gustaba fantasear con las manos del alfarero, distraídas ante aquel pequeño relieve. Cuando su madre se quedó embarazada, Milena tocaba su vientre redondo que le recordaba la forma de las vasijas, e imaginaba al pequeño ser que albergaba en su interior, formándose, en el torno de la matriz femenina. Cuando su hermano Antón nació, el abuelo necesitó de toda su colección de vasijas, que no bastaron para devolverle a su madre la salud por mucho que la mujer intentase, con tesón y voluntad, seguir caminando, la vasija de su vientre quedó rota y todas la imaginación de Milena se centró en fabricar prótesis.

Texto elaborado para los Viernes Creativos del grupo El Bic Naranja

MVF©

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Imagen por @glenmartintaylor