Un soplo de aire fresco

El recuerdo de un mal amor se había adueñado de mi ánimo y no tuve espacio para otra cosa durante demasiado tiempo. Un día me armé de valor y me dispuse a eliminar todos los restos del naufragio con los que aún tropezaba día tras día por casa. Vacié armarios, portarretratos, tarjetas de memoria y demás islas que persistían en flotar alrededor de mi universo cotidiano. Ventilé todas las habitaciones y recibí la caricia del aire fresco como una saludable invitación a recibir los nuevos días que me esperaban. Como traída del viento me llegó la propuesta de mi amiga Esperanza, invitándome a pasar un fin de semana con ella en Benicàssim, un pueblo de Castellón. Tomándolo como un inicio de lo que estaba por venir, acepté y reservamos habitación en el hotel Montreal. Cuando llegó el día señalado partí ligera de equipaje junto a mi amiga hacia mi próximo destino: un pueblo fantástico en el que encontraría un nuevo amor con el que navegar por mares muy distintos que forman parte de otra historia.

 

Relato seleccionado para formar parte de la antología del II Concurso de Microrrelatos del Hotel Montreal, bajo el lema: Un pueblo fantástico.

 

 

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Día libre

Doña Asunción quiere ir siempre con el mismo taxista. Guarda su número en la cartera, junto al carnet de identidad y la cartilla del seguro. Muchas veces lo llama con la excusa de ir al médico, y él le pregunta a qué hora tiene que estar en el centro de salud. A la hora que puedas, hijo –contesta ella–. Ya sabes, tengo el día entero para mí.

 

Micro elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja, bajo del tema: Taxis.

El Bic Naranja

 

Resultado de imagen de gifs animados de taxis

 

 

 

La verdadera historia de la elefantividad

Algunos días la noche llega antes. En esos días, mamá prepara un vaso de leche con cacao a media tarde y me hace acostar muy temprano. Dice que es para que no oiga pasar a los elefantes que vienen cargados de sueños para los niños buenos. Como voy a la cama tan pronto a veces me entra hambre antes de que sea hora de levantarse, entonces llamo a mamá y ella me enseña un truco infalible para engañar al estómago y poder descansar. Se acuesta a mi lado y entre las dos nos ponemos a contar elefantes.

Yo le hablo de un elefante que viene cargado de regalos y trae, entre otras cosas, el columpio que se quedó en casa de la abuela Inés cuando vinimos a España, la enredadera que crecía desde el balcón hasta tocar el tejado, y a la misma abuela, que viene sentada en una silla de oro, como son las sillas de los elefantes de sueños. Mamá también tiene su elefante favorito y es uno que siempre va vestido de amarillo porque ese es el color del sol y de las flores de nuestra tierra. Brilla tanto el elefante de mamá y da tanto calor que me olvido de que estamos en invierno y va a venir esa fiesta que los niños de aquí llaman Navidad. Yo, al principio, no comprendía porque esos días toda la ciudad se llena de luz y no se puede alcanzar ninguna, y mamá tenía que reñirme cada vez que me veía alzar los brazos para coger una estrella. Me costó mucho entender que todas esas estrellas estaban para alumbrar las calles, porque nosotros siempre tenemos que alumbrarnos con velas cuando se hace de noche y por eso quería coger solo una de las luces, para ver como se ve mi habitación al ponerse el sol, cuando mamá y yo soñamos con los elefantes. Y hablando de elefantes, ahora ya sé a qué viene poner tantas luces en las calles, porque mamá me contó que era para alumbrar su paso cuando llegaban cargados con los sueños de los niños, y también me contó que ese cuento de papá Noel y los elfos no era verdad, pero que los mayores nos lo decían para que nos acostásemos pronto y no oyéramos el ruido de los verdaderos magos: nuestros amigos, que traían sobre sus lomos nuestros sueños secretos.

Ahora que mamá me explicó, por fin, en que consiste esto de la Elefantividad estoy más tranquila, aunque no me deja pronunciar el verdadero nombre de la fiesta salvo cuando estamos las dos solas. Dice que es nuestro secreto y a mí me gusta la idea de tener secretos con ella, porque eso quiere decir que me estoy haciendo mayor y podemos hablar de nuestras cosas, pero hay algo que no entiendo de la Elefantividad, y es porque los sueños que pido tardan tanto en llegar a casa. Anoche se lo pregunté a mamá y me dijo que era porque quedaban pocos elefantes y muchos sueños por cumplir y que, por eso, ella se iba a encargar de ayudarles a repartirlos, junto con otras madres igual de buenas. Cuando me lo dijo me asusté un poco, porque pensé que iba a dejarme sola de noche, pero ella me dijo que hay un lugar para los niños de las mamás que trabajan de repartidoras y que allí voy a poder hacer muchos amigos e intercambiar con ellos elefantes de la suerte, mientras esperamos para volver a nuestras casas.

 

Relato publicado en la revista zaragozana EL Callejón de las Once Esquinas en el número de diciembre ‘2017

Novio prestado

 


En mi tierra es costumbre que la novia lleve algo prestado el día de su boda. Habiendo anunciado mi casamiento, como no tenía ninguna carencia, pedí a una de mis mejores amigas que me prestase a su novio. Después de todo, solo lo necesitaría un rato, justo para la ceremonia. Mi amiga se enfadó y rechazó acudir como invitada, por lo que, para que no se sintiese desplazada, acudimos de común acuerdo que ella fuese nuestra madrina.

Microrrelato publicado en la revista Valencia Escribe en el número de diciembre ‘ 2017

 

Revista Valencia Escribe

 

 

 

 

 

 

 

Oráculo

A veces las siento. Suelen acercarse a mí cuando estoy sola. Cada una de forma distinta. Aparecen, cuando hago una pregunta a la nada. Cuando quieren. Afloran, quien sabe si por alguna puerta invisible, esencial, que se abre cuando estoy en silencio. Cuando mi cuerpo y mi mente son silencio. Las reconozco. Una de ellas hace pequeños ruidos, remueve el aire y parece alentar en mi oreja. Otra me roza el pelo, aumentando, con su mano sutil la carga eléctrica de mis cabellos. Algunas penetran en mis sueños, como la pequeña que llora, o la que lleva la blusa de flores violetas. Sé que me habitan. Que se han quedado en mí, después de muertas. Porque soy una y, a la vez, todas las mujeres de mi familia. Y esa es la magia de la vida: ser todas ellas.

 

Fuente de la imagen: Shurya.com (Las 7 edades del alma)

 

Micro elaborado para ENTC bajo el tema: Seres mágicos.

http://estanochetecuento.com/oraculo-manoli-vf/

 

 

 

Muros y trenzas

Desde lo alto de la torre veo a los depredadores, como los llama ella, rondando la fortaleza inexpugnable. Tengo los cabellos resistentes y tan largos que parece que llevo una capa a la espalda. Se me ocurre trenzar varias cuerdas esta noche. Cuerdas con nudos corredizo que atrapen. También una cuerda para deslizarme. Pienso que, después de todo, ha valido la pena dejar que mis cabellos crecieran. Desde la ventana advierto como la noche se acerca. Rápidamente, preparo todas las cuerdas y me deslizo con cuidado apoyando mis pies en los nudos hasta que… ¡estoy fuera!

A la mañana siguiente el reino amaneció consternado. Rapunzel no estaba en la torre. Y de sus cabellos, convenientemente trenzados y dispuestos, pendían atrapados por la cintura numerosos guerreros esperando a que sus madres y hermanas, acudiesen en tropel a rescatarlos.

Manoli VF©

Relato elaborado con motivo del día contra la violencia a la mujer, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja:

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/11/24/viernes-creativo-escribe-una-historia-215/comment-page-1/#comment-6550

Todos los lugares

 

Fuente de la imagen: //madridfotoafoto.blogspot.com.es/2008/03/los-msicos-callejeros.html

 

¿Quién no ha soñado con regresar a algún lugar en el que ya estuvo? En sueños siempre se vuelve para realizar aquello que hemos dejado inconcluso. Se vuelve para ayudar a cruzar la acera a una mujer mayor. Para entrar en aquella tienda. Para echar unas monedas a aquel músico con los ojos llenos de frío. Se vuelve para aceptar una invitación. Para anotarse al horario de clases nocturno. Para visitar aquel museo que estaba cerrado y buscar aquel cuadro que querías contemplar con todo el tiempo del mundo. Por eso es cierto que seguimos en todos los lugares de los que nos hemos ido, haciendo todas las cosas que dejamos por hacer entonces, cuando pensábamos que ya habría tiempo de volver.

MVF©

 

Texto elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/11/17/viernes-creativo-escribe-una-historia-213/comment-page-1/#comment-6536

 

 

Los tres tratos

La vi por vez primera cuando tío Raimundo se empeñó en traer a nuestra casa las costumbres de México. Entre él y Lupita convirtieron el vestíbulo de la entrada en un santuario. Su hija, todavía conmocionada por la temprana muerte de su madastra, no escatimó dinero para comprar flores, velas, cruces, e incluso, calaveritas de azúcar para la festividad de difuntos. Al mudarse el tío a nuestra vivienda, los parientes, aprovechando la excusa de venir a darle el pésame por su esposa, acudían en gran número a visitarle, y todos ellos pasaban largas horas en el sofá de nuestra sala, tomando té con pasteles, mientras mamá trasegaba en la cocina. Así que, en medio de tal procesión de invitados, no me di cuenta al principio de la presencia de esta sombra; pues así, no más, me viene a la cabeza describirla: como una larga sombra encapuchada. Al igual que todo el mundo, yo también había oído hablar de la muerte o la vieja catrina –en palabras de tío Raimundo― como una mujer fea, vestida de negro, cubierta con capucha y portadora de una guadaña; claro está que, por aquel entonces, yo atribuía esta descripción al imaginario popular de santeras y demás beatas, hasta que la vi con mis propios ojos vestida de semejante guisa. Recuerdo que casi me da un pasmo al verla, allí sentada como si tal cosa, en medio de los parientes, sin que estos se inmutaran. Tanto fue mi pavor y tan mala cara puse que enseguida me preguntaron si estaba enfermo, cosa que yo afirmé sin dudar, pues ver con tanta nitidez a la parca no podía sino ser síntoma de gravedad. No tardó en subirme la fiebre y el delirio en nublar mi mente pero, después de varios días en los que el médico  solo fue capaz de diagnosticar una crisis nerviosa, contra mi propio pronóstico me recuperé.

Pasado el tiempo, cuando la visión de la oscura dama era apenas un mal recuerdo que me esforzaba por adjudicar a las fiebres, volví a encontrarme con ella de nuevo en la festividad de difuntos, en el comedor de nuestra casa. En esta ocasión, el fallecido había sido el propio tío Raimundo, muerto de enfermedad natural hacía apenas una semana. Justo estábamos rezando una oración por su alma y bendiciendo los alimentos, cuando la vi sentada enfrente mío. Ni qué decir tiene que derramé el vino de mi copa, y salí de la estancia como alma que lleva el diablo, sin atender a los ruegos de Lupita ni Aurelia, mi prometida, mientras mis padres se avergonzaban. Tal como antaño, volví a caer preso de una gran fiebre, y todos en casa comenzaron a preocuparse y a relacionar este incidente con el de hacía unos años. También de esta vez me recuperé, y lo primero que hice fue buscar un santo padre al que encomendar el cuidado de mi alma. Después de escuchar mi historia, el canónigo, que no paraba de santiguarse, me aconsejó ayuno y penitencia, pues ya la muerte había venido dos veces en mi busca. Fiel a su consejo, me despedí de mi novia y me dispuse a tomar los hábitos.

Tras muchos años de oración en el monasterio más cercano, cierta tarde fui llamado a casa de un sacerdote para confesarle. Nada más llegar a su vivienda me encontré con la siniestra conocida, haciendo guardia en la puerta de entrada. Esta vez, quizá por el aplomo que da la edad, o por la hartura de estas visitas, me sentí con fuerzas para abordarla:

―¿Es ya mi hora, señora? –pregunté, dispuesto a aceptar lo que fuese.
―No es a ti, a quién vine a buscar todavía ―repuso la parca.
―¿Pues que querías todas las veces? ―pregunté dispuesto a llegar hasta el fondo de aquel asunto.
―La vez primera ―comenzó a hablar la sombra― vine para acoger la promesa de tu tío que, sintiéndose enfermo apenas fallecida su esposa, me convocó para que le dejara vivir unos años más a cambio de asustar a alguno de los suyos.
―No entiendo… ―murmuré, confundido.
La muerte me miró con sorna y lanzó una gran carcajada. Como viese que yo seguía esperando, explicó:
―Tonto. Mi función no es solamente matar a los vivos. Sino hacerlos morir en vida aumentando sus tribulaciones.
― ¡Vaya, debí haberlo figurado!―repuse, pensando en mis miedos― ¿Y la vez segunda?
―La vez segunda vine para llevarme a tu tío y, de paso, acoger la promesa de Aurelia.
―¿Aurelia?
―Tu novia quería mantenerte apartado. Me prometió a su primer hijo, si te asustaba.
―¿Y ahora? ―pregunté, horrorizado.
―Hijo, el sacerdote que te ha llamado no es otro que el que te confesó en su día. Ya entonces estaba gravemente enfermo pero,  a cambio de tus largos años de oración, su tiempo le fue alargado.

 

Texto presentado a Zenda libros, con motivo del concurso Historias del día de muertos (con la palabra México incluida como premisa)

#DíadelosMuertos

LA CASA DE LAS HERMANAS

La imagen puede contener: 3 personas, personas de pie, árbol y exterior
Fotografía de Hellen Van Meene

Cuentan que primero eran dos. Dos chicas lánguidas y delgadas. Podían verse sus siluetas al caer la tarde, paseando descalzas por la parte de atrás de la casa. Decían que el monstruo las había enterrado en el jardín, bajo la mirada helada de su madre. La propiedad estuvo mucho tiempo en venta sin que ningún posible cliente se atreviese siquiera a visitarla. Hasta que llegó Peter con su hija, una joven tímida que apenas tenía amistades. La niña se identificó tanto con las anteriores jóvenes, que pronto comenzó a vérsela al caer la tarde paseando descalza por la parte de atrás de la casa…

 

MVF ©

Texto elaborado para los Viernes Creativos de  El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/11/10/viernes-creativo-escribe-una-historia-212/

 

 

El sabor de casa

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Las mañanas en casa de mis abuelos no se parecían en nada a las otras mañanas. Lo primero que notaba al despertar era que olía distinto. Siempre había un olor a nuevo,  a día recién estrenado. Después venía el ruido, el lejano trajín de los vecinos en las calles y el sonido cercano de pasos en la cocina. Ese ¡Buenos días! compuesto por leche de cabra con cola cao, un sabor único que alcanzaba su clímax en la taza blanca de la alacena, y  sabía a gloria al lado de los troncos que ardían en el suelo, creando figuras a contraluz con sus oscilantes llamas. Nunca más he vuelto a beber una leche tan cremosa, tan suave, tan cara…

 

Microcuento elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos, bajo la premisa del sabor: Umami (sabroso, único, auténtico)

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/11/el-sabor-de-casa.html