El viento que no se va

Desde que éramos niños, padre siempre contaba que tenía un viento en el corazón. Un viento que era, a la vez, su espada y su salvación. Su espada, porque sabía dónde encontrarle a cada momento, por mucho que se escondiese. De hecho, sabía de cierto que algún día, cuando estuviese desprevenido haciendo equilibrios en el hilo de la vida, el viento soplaría tan fuerte que se lo llevaría. Su salvación, porque ese mismo viento le impulsaba a volar tan alto como sus alas le permitían, a sorberse el aroma de las horas y capturar la esencia de los instantes mágicos, como los que vivía a nuestro lado.

Siempre que sucedía algo extraño en casa o desaparecía cualquier cosa todos echábamos la culpa al viento de papá, que lo revolvía todo a su paso. Nos acostumbramos tanto a su presencia que no lo oímos cuando comenzó a soplar más y más fuerte, pues para entonces el viento ya era nuestro amigo, uno más en nuestra casa que se sentaba con  nosotros a la mesa, y nos acompañaba en nuestro caminar.

Recuerdo que aquella noche hubo una gran tormenta y el viento se puso pesado hasta hacernos rabiar. Yo estuve a punto de levantarme y decirle a papá que sujetase el suyo con fuerza, no fuese a armar algún estropicio, pero tuve la cobardía de quedarme bajo las sábanas, contando los truenos que caían y rezando a Santa Bárbara para que cesase el temporal.

Por la mañana nos despertó el llanto de mamá. Mi hermano y yo corrimos hasta su habitación amedrentados, y la vimos sentada en la cama, cubriéndose el rostro con las manos. El balcón estaba abierto, y una brisa suave y fresca entraba por todo el cuarto, pero no vimos a papá. Únicamente sus zapatos, negros y relucientes, al pie de la baranda, nos indicaban que esta vez había volado de verdad.

MVF

Relato elaborado para el concurso de Zenda libros bajo el lema: viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

Calle Santa Lucía

La calle Santa Lucía, en el pueblo de Santa Esperanza, es una calle de héroes. No hay más que pasar puerta a puerta y detenerse un rato en el umbral. Empezando por la parte de abajo, lindando con el cementerio, está la casa de doña Palmira que, con las manos llenas  de harina, intenta sujetar a doña Visi para que no se escape y se meta, junto a los panes, en la furgoneta de su yerno. La vivienda continua es la casa de don Gilberto que, junto con la paga, cuenta las monedas que gana ayudando al padre Lucas, a ver si le alcanza para pagar  los estudios de su hijo en el internado. Le sigue la casa de doña Adelaida que persiste en sus trece de tejer gorros y bufandas para aquel hijo que resbaló y perdió la vida inhalando nieve. En la cima del pueblo está la casa de Juanillo, ciego de nacimiento, cuya madre sigue rezando a santa Lucía solo  para pedirle que deje a su hijo seguir viendo el mundo que imagina: un mundo  en el que todos sus vecinos y ellos son héroes tan maravillosos que amanecen cada día.

 

Imagen sacada de la red.

Texto elaborado para el espacio ENTC bajo el tema: Héroes.

http://estanochetecuento.com/heroes-de-carne-y-hueso/

 

 

El viento de levante

 

http://www.fotoplatforma.pl/foto_galeria

 

Jeremías ―alias el Grajo― otea el cielo nada más levantarse. Aún no ha catado el desayuno y, de hecho, está acabando de abrocharse los botones de la camisa. Lo primero que hace siempre, nada más poner los pies en el suelo, es salir a la terraza para ver de dónde sopla el viento. Hoy viene de levante y eso indica que va ser una dura jornada. En días como estos, el Grajo reúne fuerzas con un buen desayuno: un par de huevos fritos con varias lonchas de panceta ibérica, vino de casa y un par de plátanos, aderezados con una generosa copa de orujo. Después carga su escopeta y sale al monte. Huele la sangre desde pequeño y, como a los grajos, le gusta escarbar en la maleza. Le apodaron así cuando hizo el servicio militar y salía todas las noches de caza con el sargento. Hoy vendrá tarde, cansado y sudoroso, pero cenará carne.

                                                                                MVF©

Texto elaborado para el concurso de Zendalibros bajo la premisa de incluir la palabra viento.

 

 

 

 

 

Algún día…

Ayer estuve leyendo las bases del concurso de Zenda. Relatos de entre cien caracteres y mil palabras que incluyan la palabra Viento. Es curioso, porque siempre he pensado que el viento lleva y trae muchas palabras. Estos días trae gritos que huelen a sangre y a dolor. No importan las razones que intenten darse de la sinrazón. No importa el nombre que se le de ni las fronteras que se levanten, porque los culpables están por todas partes y son de todos los lugares. Oigo los gritos en el viento que llegan cada vez más fuertes. La locura es real. Sí, he pensado al leer las bases de la convocatoria, algún día iré a Zenda y me quedaré a vivir allí.

 

Texto elaborado para el concurso de Zendalibros bajo la premisa de la palabra Viento

El legado del viento

imagen: https://www.youtube.com/watch?v=dB5hArlQ7qs

Pasaron muchas cosas antes de llegar a este tiempo. Pasaron mujeres jóvenes con cinturas de media luna y ojos de ensueño, mujeres cuyas cinturas crecieron como la luna llena, hasta arrojar cuerpos con pies de barro y alma de cielo. Mujeres que pasaban por el camino de la vida con niños prendidos a sus faldas, que llamaban a mi puerta para anunciarme el parto de otras mujeres: ¡Venga rápido, doña Asunción, que la reclama una criatura! Niñas que vi crecer hasta convertirse en  muñecas rusas que portaban otras muñecas, generación tras generación.

Me gustaba el silencio de mi casa. Me gustaba saber que yo, la partera Asunción, sería la última mujer de mi estirpe. Nunca me sentí culpable de no perpetuar mi apellido, de no ceder el legado de traer vidas al mundo a una nueva Asunción. Después de haber asistido, apenas cumplida la mayoría de edad,  a más de un centenar de partos al año durante varias décadas, consideré cubierta esa función. Nunca envidié esos vientres redondos, ese pálpito interno de piernas y manos, ese romperse hasta partirse en dos, con ese tijeretazo de cordón que, pese a la separación, nunca termina de cortarse.

Después de asistir a un parto, volvía al silencio de mi casa, solo turbado por el fragor del viento, que me hablaba de mundos en los que no existía la escisión, la sempiterna pena por la carne de tu carne. En los que no había mujeres siempre a punto de dar a luz, llantos desesperados de recién nacidos en busca de un pezón caliente.

Y aquí estoy ahora. Ya no pasan delante de mi casa mujeres de cinturas crecientes, abuelas apresuradas. Mi única compañía es el viento, que entona una canción con mi nombre: emigraré a un país de luz sin sombra.

 

MVF ©

 

Texto elaborado para el concurso de Zendalibros bajo el lema #palabrasalviento

El Aviso

En cierta ocasión en que regresaba a casa después de una noche de juerga, me encontré con un gato de un solo ojo que parecía aguardarme en el portal.

ꟷ¿Qué haces exponiéndote de esta forma a estas horas de la madrugada? ꟷme increpó.

ꟷ¿Desde cuándo a los gatos les importa la hora en la que llego a casa? ꟷpregunté a mi vez.

ꟷEscucha, por mucho que mi apariencia te engañe, te aseguro que no soy un gato.

ꟷ¿Ah, no? ¿Y qué clase de bicho eres?

ꟷNo soy más que tu conciencia que te está avisando.

Solté una carcajada pensando que había bebido más de la cuenta y, sin más consideraciones al respecto, comencé a subir los peldaños.

ꟷ¿Dónde vas, desgraciado? ¿No ves que no estás en condiciones de entrar en casa? Inquirió el minino, cerrándome el paso.

ꟷ¡Déjame en paz, miserable!  ꟷProrrumpí dándole un puntapié que lo lanzó escaleras abajo.

ꟷ¡No enciendas la luz, inconsciente! ꟷme gritó aún desde el fondo del rellanoꟷ ¡Recuerda que tu aliento etílico podría provocar un fuego!

Maldiciendo al gato con botas me dispuse a abrir la puerta de mi casa. Amigos, nunca despreciéis la forma que puede adoptar vuestra conciencia para avisaros de que  habéis dejado el gas abierto, porque lo siguiente que recuerdo es la sirena de los bomberos, eso y la voz del médico diciéndome al despertar:

ꟷTiene suerte de haber perdido solamente un ojo en el incendio.

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Cuento publicado en el número 2 de la revista de Zaragoza: El Callejón de las Once Esquinas

Un largo viaje

Imagen: Mike Dempsey

 

Precisamente ahora que comienzo a encontrar rastros de civilización (si no me engañan mis ojos) ahora, que tengo  los pies llenos de llagas, la piel quemada,  la garganta como una lija y la fiebre consumiendo mis fuerzas,  ya no me importa seguir, ni llegar a ningún lado. Arrojo una vez más la maleta y te miro de nuevo, mi amor. No estoy segura de que sigas siendo tú, quizás eres solo una calavera, o peor, una cabeza putrefacta a la que yo sigo viendo entera, con sus suaves cabellos y su dulce sueño. Tuve que llevarte ¿Cómo si no iba a soportar el camino sin ti? el camino… cómo si tuviese un lugar al que ir, cómo si llevándote en mi equipaje ya nada me faltase. Hoy estoy mirando a mi alrededor. Una vieja regadera y el ruido del agua me indica que podría beber, beber y reanimarme como una planta seca que despierta ante la humedad. Pero es tarde. Nos encontrarán, hallaré la forma de escribir, con la última gota de mi sangre, el deseo de que nos entierren juntos. Hace sol y los pájaros cantan, quien dijo que no es un buen día para morir.

 

MVF ©

 

Texto basado en la imagen, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/06/02/viernes-creativo-escribe-una-historia-189/comment-page-1/#comment-6116

El secreto

Anoche tuve un sueño. Soñé que tus manos emergían desde el fondo del agua y lo llevaban todo. Se llevaban los sueños de los niños del piso de abajo. Las plantas trepadoras de la vecina. Las escaleras y el ascensor. El apartamento en el que vive la joven pareja que acaba de mudarse a nuestro edificio. Los balcones, con las floridas hortensias y los geranios. Los gatos asomados a las ventanas. Y mi propio miedo. Yo bajaba, entre los escombros y el hundimiento, hasta el fondo del canal para encontrarte. Entonces te abrazaba, más fuerte que nunca, más libre que nunca, y te decía lo que nunca te dije: que te quiero. Que siempre te he querido y te seguiré queriendo, aunque tú, desde el fondo del agua ya no pudieses responderme.

MVF

Texto elaborado para el blog de Escritura Creativa Nosotras, que escribimos

La imagen puede contener: exterior
Escultura de la foto: Support de Lorenzo Quinn (Venecia)

Síndrome pandémico

 

Los entresijos de la mente son inexplicables, nadie puede predecir el momento en que se tuerce la buena disposición, el talante cambia y el caos se precipita. Se dice a menudo que los niños son esponjas que absorben todo lo que sucede a su alrededor y lo traducen. Cuando Esther y su marido, Thomas, perdieron su granja y tuvieron que sacrificar a las reses enfermas, intentaron mantener a su hija, Cándida, al margen de lo que pasaba; por lo que la sorpresa de los adultos fue mayúscula el día en el que descubrieron, en la parte de atrás del lugar, todas y cada una de las muñecas de la niña colgadas.

 

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Texto elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/05/05/viernes-creativo-escribe-una-historia-185/#comments

Mujeres y más

Fotografía de Ron Dillon, que forma parte de las ganadoras del Concurso Best Engagement Photos 2017

 

Cuando se abrió el telón, en medio de la algarabía del público, ambas mujeres fijaron, expectantes, su vista en el escenario, en el que, al ritmo de la mítica canción de Mecano, dos siluetas se descolgaron, una por cada lado de la sala, aproximándose, espalda contra espalda, hasta converger en el centro.

Las dos amigas de la infancia, cuyos caminos se habían bifurcado por desavenencias irreconciliables, no pudieron menos de reaccionar ante el golpe de efecto de las equilibristas –sus hijas- quienes, soltándose el cabello, se dejaron caer en vertical, sujetándose de un solo pie para aferrarse de las manos y sellar, en el aire, su unión con un beso, mientras el público coreaba en pie, y a voz en grito, la canción que ellas estaban representando: Mujer contra Mujer.

 

                                                                            MVF ©

Texto elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

MVF

las equilibristas -sus hijas- quienes, soltándose el cabello, se dejaron caer en vertical, sujetándose de un solo pie para aferrarse de las manos y sellar, en el aire, su unión con un beso, mientras el público coreaba en pie y a voz en grito, la canción que ellas representaban:
Mujer contra Mujer.