Un día de estos

Un día de estos escribiré.
Me sentaré a escribir y soltaré
las letras encogidas,
las que yacen debajo de la cama,
de los tiestos de las plantas del balcón.
Las viejas letras, colgadas de las ristras
de cebollas, esas
que pican en los ojos, puñeteras,
y dejan
su acidez en la piel.
Las vocales redondas y cerradas
que han rodado enredándose
en mis pies,
las tercas consonantes descolgadas
que estorban los armarios,
las esquinas,
y me hacen dar traspiés.
Quizás, algún día de estos,
me atreva con las otras,
con las oscuras letras desterradas,
las dobles,
los porqués,
los solitarios acentos exiliados,
el ese, el este y el aquel.
Me asomarán debajo de la manga,
mientras compro manzanas en el súper,
los verbos descompuestos, las elipsis,
todas aquellas letras
que nunca escribiré
y tirarán de mí pidiéndome salida,
yo las disfrazaré
de siniestras ficciones malheridas
o de comedias negras sin saber
que cuanto más las vista y las camufle
más hablarán de mí.
Un día de estos, sí,
en cualquier momento,
me sentaré a escribir.

Los otros pájaros

Algunos árboles crecen en el cielo.

Arraigan por entre las nubes

y asoman sus largas ramas los días de viento.

En ellos se columpian los pájaros descarriados.

Los que han perdido el norte y el sur,

los que vuelan muy alto en la lluvia

y suben por encima del temporal.

Llegan cansados. A veces sin un ala,

Incluso sin las dos.

Tienen el tiempo justo de asirse a esa rama

que brota desarraigada de la tierra,

anclada únicamente de la intención.

Son los pájaros que no cantan.

Que miran en silencio a otros pájaros descarriados,

viéndolos caminar al revés,

buscarse en todos los espejos,

volando hacia la noche para encontrar el sol.

Son los pájaros que no tienen cobijo

y no siguen a los demás

porque su brújula no conoce límites

 y solo saben anidar en el corazón.

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Olor a ti

Rumor de pasos,

en la mañana gotas de agua

sobre el jardín.

Llueve despacio

tu voz ausente llena de ecos

llega hasta mí.

Miro mis manos y veo las tuyas

desde algún sueño que no viví.

Quizá soñemos que somos algo:

pedazos rotos de algún violín

que tañe un orbe que muda en cuerdas

nuestras arterias cuando el serrín

de nuestro cuerpo reseco y triste

derrama en versos nuestro sentir.

Leí algún día que la tristeza

puede ser bella como es un blues

desde la herida surgen las notas

que, desgarrándose, llevan a ti.

Hoy te celebro porque otro día

de hace mil lluvias llegaste aquí:

perdido y niño, tu piel olía

amarga y dulce,

floral y ácida, como el jazmín.

Hoy abro el frasco que guarda risas,

rosas y tierra de tu jardín.

Yo lo abro ahora, como dijimos,

para sentirte volar al fin:

libre, infinito, sobre la matrix

que gira y gira mientras tu risa

tal como era, perfecta y clara,

llega hasta mí.

01/09/2021

Serigrafía

Palpebras pechadas. Aguias facendo círculos.

Vexo un ceo aloumiñado por ollos negros e azuis.

Palpebras abertas. Chora un bebé no camiño

entre as saias da súa nai adormece rapidiño.

Bamboleo. Pasan trenes,

igual que pasan as vidas.

Teño un axouxere sempre na ventá

para que entren contentos os bos espíritos.

Din que este inverno veu seco

máis a miña casa garda no seu ventre

unha lagoa de augas rotas e profundas.

O albor do sono desperta

crece unha planta fermosa

mentres as verbas se ocultan.

Ilustración: Minjae Lee

https://www.oldskull.net/ilustracion/minjae-lee/

Inmersión

Los azules de los cielos bajo el agua se ven turbios:

peces que se tragan peces.

Las escamas de mis dedos se despegan de tu piel,

buceo entre lodo y te pierdo.

Sigo tu rastro en el fondo,

añorando, presintiendo

las ondas que anuncian tus branquias.

Estoy aquí, junto a ti,

Mis pulmones son dos puertas.

Tritón tiene su martillo

y yo tengo mis maneras.

Nunca fui iceberg ni quise tampoco ser

sirena entre la marea

solo soy un alma errante que navega sin timón,

no tengo barca ni velas.

Pero desciendo

contigo

tan solo tienes que abrir los ojos

si quieres verme.

La palabra omitida

Cansancio es una palabra que no se pronuncia.
Cuando declina el día y los laureles se tornan en cenizas,
Cuando se seca el agua de la fuente
y las manos excavan en su lucha
de encontrar el vergel en otro cauce
de abrir senderos donde surgen ruinas.
Cansancio es un sonido impronunciable
que el afán de la vida no permite.

Cuando los sempiternos petirrojos
abren sus alas oteando brisa
y chocan con los cables de las torres
de tensión sin que la gran bandada
cambié un milímetro su ruta,
cuando despunta el día en la ventana
sin saber de la noche, lenta, oscura,
cuando las manos se abren a la nada
cansancio es la palabra nunca dicha.

Porque hay un mar esperando veleros
porque hay un norte al que orientar la vida
porque estamos aquí hasta que el viento
nos borre de un plumazo como borra
la duna que se eleva terca, efímera,
porque nacimos para ser heridos
y curar con la sal nuestras heridas,
porque la tierra espera a ser labrada,
y las naranjas brotan encendidas,
porque el vientre del mundo es fértil, joven,
y contiene las almas aún dormidas,
porque el impulso sigue hacia adelante
cansancio es la palabra más inútil.

MVF

Quiero escribirte versos eternos en tu oído

Quiero escribirte versos que suavicen tus noches,

esos versos balsámicos que te abriguen del frío,

que te recuerden siempre que yo estoy a tu lado,

que es imposible irse cuando ambos somos uno.

Quiero escribirte versos que alimenten tu cuerpo,

las estrofas serenas que den vida a tu espíritu,

aliento de alhelíes que se abren al viento,

siseo de alas blancas, elevándose a un ritmo.

Quiero escribir tu nombre en cada planta nueva,

cada arroyo que nace, cada trino de pájaro

que resuena elevando la leve

consciencia de este valle, largo tiempo dormido.

Quiero escribir los versos que eclosionen el vientre

y hagan nacer de nuevo un inocente mundo,

donde tus ojos son mar y faro del barco que navega mis aguas

dando rumbo a la vida.

 

 

 

 

Tontería al por mayor

Mi madre piensa que no sé lo que pasa. Qué manía les entra a todos los mayores con eso de apartarnos de sus asuntos. Que si no nos importa, que si no nos enteramos de nada, que si nos vayamos a jugar. ¡Cuidado, qué están los críos! ¡Venga, vosotros a lo vuestro! ¡Iros a jugar! Cuando les oigo me siento como si fuese una especie de marciano “¡Cuidado, que está el nene!” a veces me da por tirarlo todo para hacer ruido, o ponerme a patalear y llorar a grito tendido. Si soy eso tan peligroso que llaman niño tengo que comportarme como tal ¿no? Es como si de repente te saliese un grano enorme en la cara y al entrar en clase todo el mundo gritase: ¡Cuidado que tiene un grano! y de repente te empieza a escocer ese grano y lo ves al mirar a la punta de tu nariz con los dos ojos juntos como si el grano fuese una duna de arena que no te deja ver nada más. ¡Mamá que tengo un grano! y ella: ¡Anda, no me vengas con tonterías! ¡La de granos que tenía yo a tu edad! pues eso, que los mayores se lían con sus embrollos y nos lían a nosotros como si fuésemos el papel de fumar que usa el abuelo. Se creen que con gritar ¡Qué viene el niño! el mundo se va a detener y que con marcharnos a jugar ya no vamos a saber que no se ponen de acuerdo en nada y que ya no hay quién mande en casa ni en el país ni en el mundo que se va al garete por el agujero ese de la capa de ozono. El otro día pregunté en casa de la vecina que para qué servía un rey y mi padre me atizó una colleja, cuando yo solo quería escuchar una opinión distinta a la de ellos dos, que ni siquiera se ponen de acuerdo en darme una definición. Luego dicen que no me entero de nada y que meto la pata constantemente.

El mundo de los mayores está compuesto de intrigas, mucho peores que las del patio del colegio. Yo, lo que de verdad quiero es que me dejen en paz de una vez, si pudiese me pondría la capa de invisibilidad de Harry Potter, para poder andar a mi bola por casa sin que nadie grite constantemente: “¡Cuidado!” cada vez que entro yo.

(Minificción escrita para los Viernes Creativos del grupo EL BIC NARANJA)

La practicante

La practicante, tras estudiar el parte de ausencias, redactó en la comodidad de su hogar la carta de despido de la trabajadora, sin atender a la justificación de las faltas; después, como todos los días, encendió sus varillas de incienso para realizar su práctica zen y oró por la fraternidad humana.