Conversaciones con la montaña II

En silencio acudo a la montaña, para escuchar mi propia voz, preguntándome:

– ¿Qué fue lo que quisiste?

– Nada. Vanidad de vanidades. Aire.

-¿Por qué sigues, entonces, en la rueda del desear si cuando llega lo que deseas ya saltas a otra cosa?

-Porque mi corazón me engaña.

-¿No será tu ego?

– ¿Cómo puedo diferenciarlos?

– Porque el ego disminuye lo que obtienes empujándote siempre a desear otra cosa.

-¿Y el corazón?

– El corazón vive el momento y aguarda con paciencia, sin juicio.

En la montaña la paz es silencio.

-Montaña, dime: ¿Por qué no conoces el desasosiego?

-Porque el desasosiego sólo vive en lo que se descentra y yo nunca  salgo de mi centro.

-¿Por qué salgo yo del mío?

– Porque no sabes cuál es tu centro.

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