El paso del tiempo

 

Cuando mueres despacio,

lentamente,

se te pone una piel tan estirada

que parece de nieve.

Adoptas esa pose estática,

de estatua,

que tanto favorece.

Pareces como un ángel

de piedra que esperase

a convertirse en carne.

Cuando vives despacio,

lentamente,

te vas transparentando.

Te atraviesan los rayos de sol

sin lastimarte

y la noche te encuentra

como un libro cerrado.

Se te vuelven los ojos azules

como el cielo,

y se te escapa el sueño

como aire de verano.

¡Qué  bien te sienta el tiempo!

Oyes decir entonces,

como se oyen los ecos

de un sonido lejano.

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