El árbol.

Tu mano es breve, niña.

Tus ojos de acuarela

pintan de luces verdes,

rojas, fuertes,

esos puentes

y sendas

que cruzamos.

Pero no ven la luz

ni los colores

estos ojos de vieja

que te miran,

y así
recojo mustias

hojas de otoño

mientras tú decoras

el árbol de mi vida.

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