Estaciones

         Estaba sentado. Fumaba su pipa tranquilo, ajeno al tumulto de gentes que iban y venían.

  -¿Cuál es su tren? -Oí que le preguntaba una señora ya de cierta edad, esa edad en la que ya no eres joven, esa incierta edad en la que debe comenzar la vejez y en la que uno va adentrándose lentamente.

 
      -¿Mi tren? -respondió a su vez, haciéndose la misma pregunta -No se cuál es mi tren. Nadie lo sabe. Por lo menos no de la forma en que usted lo pregunta.  

 
    -No le comprendo…-Repuso la mujer.

   
 -Me temo que sí. -Adujo el hombre, rellenando su pipa con parsimonia.-Me comprende usted muy bien. El tren que esperamos     no siempre coincide con el que deseamos tomar, pero si con el que necesitamos para viajar adónde nos dirigimos…

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