Mudanzas

Percibí que algo quedaba en mí de esos lugares, tantas veces recorridos. De esas calles cruzadas, unos días a toda prisa, zarandeada por los acontecimientos diarios; otros a paso lento, empujando carritos de niños, o simplemente a ritmo de domingo, en días festivos en los que pudo vérseme, como un habitante más del lugar, tomando asiento en una de las múltiples terrazas para pedir un aperitivo. Y es que mi alma, a lo largo de todos esos años ambulantes, hubo de impregnarse de mil y una sensaciones que habrían de revestir mi cuerpo, mis ademanes, y hasta mi forma de hablar, como envolturas pasajeras que acabarían desgastándose hasta fundirse conmigo y   acabar constituyendo esa esencia atemporal que permanece en nosotros, a través de los distintos cambios, configurándonos tal y como somos, y ya nunca nos abandona.

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