Romance del hombre-árbol

Se fue por el sendero de la desilusión.

Sus ojos almendrados me miraron llorosos

mientras cargaba al hombro su pesada mochila.

Me contaría mas tarde que lloró junto al río,

descargando las piedras que tanto le oprimían,

dejándo el alma al sol, secándose en la orilla.

Me contó que perdió la noción de las horas,

su brújula y los versos que yo le había entregado,

que su cuerpo rugoso se fué volviendo árbol

y que fue un sauce inmóvil por muchos, muchos años.

Me contó que olvidó su nombre y quienes éramos,

a la orilla del río, dónde quedó plantado.

Hasta que tú llegaste, mi niña, sin saberlo,

y entonaste la copla que logró despertarlo.

Me contó que tu voz le calentó las venas,

que tu sóla presencia obró en él un milagro,

que transmutó la savia en sangre

y reanimó su cuerpo anquilosado.

Dijo que revivió para sentir

tu cuerpo palpitando entre sus brazos.

Y le creímos todos, porque vimos,

que regresó aún más joven

que cuando había marchado.

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2 comentarios sobre “Romance del hombre-árbol

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