Autoflagelación

Alguna vez, inútilmente, enredo

los cordones del tiempo,

tropezando,

con residuos de tardes olvidadas

en posos de ceniza que huyen del calendario.

Esa clase de ectoplasmas que se cuelan por las grietas

que se abren entre tiempos:

una foto enmarcada, un aro roto,

una carta arrugada en una caja

que encuentras sin buscar, saliendo al paso

de tus pies presurosos, huidizos,

una tarde de sábado.

En tales ocasiones pongo música

de funeral romántico y

bajo las persianas para plañir a gusto

mi dolor centenario,

enredada en un tiempo que no existe

e inútilmente extraño.

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