Cien mil batallas

No divisa la luz que te seduce,

tu rostro de poeta enamorado.

Ni distinguen los dioses del olimpo

los restos de tus versos malogrados.

No se detiene el alba en los destrozos

que componen tu cuerpo naufragado

ni destapas la caja de los vientos

que han hecho que nacieran los alados

gemidos que componen tu universo

de buscador de espacios.

No se detiene el tiempo en tus palabras

ni se amplía en tus letras,

sin embargo

mi corazón palpita y se me rompen

los relojes que tengo entre las manos,

mientras advierto cada línea herida

en esa cruel batalla que sostienes

contra ti mismo a diario.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s