Carta a Julia (por Manoli VF)

Carta a Julia:

Cuando uno lleva cierto tipo de vida nunca se despega del miedo. Quiero que sepas, Julia, que, ahora mismo, mientras te escribo esta carta, no abandono ni por un breve instante el estado de alerta. Cualquier ruido, cualquier cosa fuera de lugar, basta para que se dispare mi instinto. Siempre estoy dispuesto a escapar. Cuando entro en una estancia  memorizo de forma automática las ventanas, las puertas y el techo calibrando su altura y disposición; al igual que archivo todos los muebles y utensilios que están a la vista, en todas sus posibilidades. No puedo evitarlo. Soy un hombre programado para huir.

Nunca me interesé por las vidas que me tocó truncar. ¿Para qué? Atormentarse no aporta nada y entorpece los sentidos. Uno elige antes y cuando elige, sabe que ha de seguir en esa dirección hasta la última consecuencia.

Cumplí órdenes. Durante años acudí al lugar y hora que me indicaron y recogí el sobre. Dentro estaba el nombre del sujeto con los datos que tenía que saber. Cuando caminas sobre la cuerda floja sabes que cualquier error, por pequeño que sea, puede ser fatal. Sabes que te pagan no solo para que hagas bien tu trabajo, sino para que seas el mejor. Porque cuando dejes de serlo… ya estarás muerto.

Siempre fui metódico y precavido. Pero llega un momento en que dejas algo fuera del  tintero. Algo pequeño, que te pasa desapercibido por muy exigente que seas y que, simplemente, alguien más precavido que tú advierte. Y ya estás listo. Pasaporte, tía. No hay más. Aquí no miran los méritos ni la trayectoria. Te jubilan sin honores. Pum. Eso es todo. Carpetazo y a ceder el paso a otro mejor que tú.

¿Qué por qué entré en esto? No tengo una única respuesta, hermana. De hecho, únicamente ahora me lo planteo. Ya ves. Me acuerdo ahora de nuestra infancia y de nuestros padres, ya muertos hace tanto tiempo. Se que mi vida pende de un hilo y, aunque he vivido como he querido, me acuerdo de ti. No se por qué, pero creo que te debo esta despedida.  Es posible que este estado de alerta sobre alerta haya mermado mi capacidad de dominio. Si te digo la verdad,  ya  me da igual lo que pase; digamos que lo he aceptado. Forma parte de mi elección. He tenido acceso a un mundo que, de otra forma, nunca atisbaría. Los mejores hoteles. Los mejores coches. Las mejores tías. Aunque eso nunca me bastase. Creo que es precisamente esta insatisfacción constante la que me trajo aquí. Adrenalina, Julia. Intensidad. ¿Qué es una vida, al fin y al cabo? Todos morimos. La sentencia estaba dictada sobre todos esos sujetos a la vez que, seguramente, está ya dictada sobre mí. Compensación. Ajuste vital. Qué se yo. Dicen que quien a hierro mata a hierro muere. Pues qué más da, total, lo mismo me está matando esta vida de perro que llevo.

¿Qué pasó? Pasó que el pez era muy gordo esta vez. El más gordo de todos. Y, sin embargo, no lo entendí hasta que fueron a por mí. ¡Joder, que me cargué a un jefe! ¡A uno de los putos jefes, Julia! ¡Y yo sin darme cuenta de que era él! Nunca le había visto el rostro al capullo. ¿Por qué mierda iba a saberlo? Pero ellos no dan puntada sin hilo. Cuando quieren deshacerse de uno que lleva demasiados años en la organización y sabe demasiadas cosas le hacen un último encargo. El más gordo, claro. Aprovechan para mandarle hacer lo que más pringa y después…se acabó, baby. Sayonara. Y yo, que me las doy de metódico, hice el gilipollas como el más borrego. Alguna cosa sí que me mosqueó, no te diré que no, pero uno nunca está preparado para el final. El cerebro no lo acepta. Niega lo que no quiere ver como si flotase en una especie de anestesia. Demasiados cabos sueltos: emisario inusual,  información mínima, nombres en clave…Sí, ya sé que ahora parecen muchas cosas, pero entonces no supe establecer las conexiones. Hasta que fue tarde.

Acudí a la hora y al lugar indicado a recoger el sobre y, al abrirlo, todas las piezas encajaron, derrumbándose sobre mí.
El sobre estaba vacío. Completamente vacío. No había ningún nombre. Simplemente, no hacía falta: el siguiente en la lista era yo. Al menos, tuvieron la decencia de avisarme. Al minuto uno ya estaba corriendo.

Correr. Correr. Correr. Correr. Correr. Correr. Correr. Correr.

Hasta que oigas la detonación. Si has encontrado esto es posible que ya haya sonado, hermana, y si no ha sonado, tampoco creas que el resultado cambia. El que tú conociste hace ya tiempo que murió.

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2 comentarios sobre “Carta a Julia (por Manoli VF)

  1. Relato con la intriga justa pero con toda la clase que te caracteriza. Relato modélico. Relato para releer y disfrutar de una muy buena historia. Relato para aprender. Muchas gracias por compartirlo con nosotros y enhorabuena, amiga Manoli.

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