No digas que fue abril

No digas que fue abril.

Tú ya tenías abonada la espera

tu memoria aguardaba como el campo

aguarda el agua de la primavera.

Y aún negabas, aún, lo inevitable

envuelta en la tibieza, en esa antigua

armadura del miedo.

Pero ¿quién? puede detener ese tren

que llega y no repara

en esquivar los cuerpos.

Y no fue abril, que tú ya lo sabías,

en esa estación amplia del deseo

en la que te movías cada día

esperando, insistiendo.

 

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