La jaula

Unha vez tiven un cravo cravado no corazón,

i eu non me acordo xa si era, aquel cravo,

de ouro, de ferro, ou de amor…

        (Rosalía de Castro)

 

Es una espada que penetra en el alma, dulcemente, con palabras de amor.

Dulce espada que ya no es dulce.

Me he llevado las manos al pecho, y he encontrado un río de sangre.

Espada que me persigue, clamorosa, con ojos de suplica incesante.

Mírame: estoy aquí, con el corazón sangrando en las manos.

No más versos.

El silencio me enseña a ver mi jaula: pajarillo roto que han curado

y tiene que pagar los cuidados con su libertad.

 

 

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2 comentarios sobre “La jaula

    1. Buscamos en el otro, con harta frecuencia, nuestro propio reflejo y amamos aquello que nos procura satisfacción. A cambio de nada no hay nada, ya que, de alguna forma encontramos un eco que se nos devuelve, sea amor o cualquier otra compensación.

      Como siempre, un placer intercambiar opiniones, Isidoro 😉

      Besos.

      Me gusta

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