El árbol de la vida

Microrrelato basado en la imagen /Ilustración: Mario Sánchez Nevado, Aegis-Strife.net

 

Cuenta la historia sagrada que, en el principio de los tiempos, cuando dios creó al primer hombre y a la primera mujer, dispuso para ellos un fabuloso Edén, con toda suerte de manjares y árboles frutales entre los cuales creó dios al árbol prohibido. El árbol de la sabiduría, por cuyas hojas circulaba la savia del bien y del mal, la misma que daba origen al conocimiento. Tras crearlo, dios tuvo a bien probar la fidelidad de sus criaturas y, para ello, colocó a este árbol en medio de todos los otros, señalándolo oportunamente con los símbolos que lo delataban, ordenando a la primera pareja de humanos que jamás comiesen del fruto que de él brotase so pena de perder su condición inmortal y ser desterrados por siempre del paraíso. De todos es conocido que, puesto que dios había creado a los dos seres a su imagen y semejanza, ambas creaciones respondieron a la duda que había nacido en el pensamiento del creador. Comieron del fruto del árbol prohibido y, al comerlo, tuvieron conocimiento de su efímera condición,  sucumbiendo a su vez a su propio pensamiento.  Si estas primeras criaturas hubiesen fijado su atención, en lugar de en su propia desnudez y vulnerabilidad, en los símbolos que dios había dispuesto en torno al árbol, la savia del conocimiento les habría hecho entender el prodigio verdadero del árbol de la creación.

La estrella de cinco puntas que aparece en la base del árbol, nos habla del perfecto equilibrio del ser con los elementos, en los que femenino y masculino se integran como un solo principio, lo mismo que el bien o el mal, lo material y lo inmaterial.

La armonía de los cuatro elementos se muestra también en las dos ranas situadas junto al mismo árbol, que en su transición de agua a tierra nos enseñan la mutación elemental, al igual que las setas, las cuales nacen en otoño, tras el fuego purificador del verano,  llevándonos a la recogida del fruto y  la cosecha sembrada.

Y es que el árbol de la vida es un árbol joven del que brotan todas las posibilidades: distintos cuerpos, masculinos y femeninos, jóvenes y ancianos, en permanente cambio, giran alrededor de él, enseñándonos el único y verdadero origen del universo:

 El pensamiento y la imaginación.

 

https://elbicnaranja.wordpress.com/2016/12/16/viernes-creativos-escribe-una-historia-2/comment-page-1/#comment-5640

Texto elaborado para el espacio Viernes Creativo (El Bic Naranja)

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3 comentarios sobre “El árbol de la vida

  1. Si les dijeran a los científicos que el origen no está en el Big Bang, sino en el pensamiento y la imaginación… A veces nos empeñamos en buscar fuera las respuestas y, muchas veces, están en nosotros mismos. Al menos las respuestas que necesitamos. Me ha gustado mucho cómo has desarrollado el texto, enlazando lo simbólico con el relato de la creación. También creo que si el ser humano (no voy a decir hombre para no caer en el tópico machista, je, je) después de sus pocos miles de años de existencia, se hubiese quedado un poco más con la mirada hacia su entorno, en lugar de involucionar hacia sí mismo, quizás hubiese sido distinto… No sé, se me ocurre.

    Me ha gustado eso de que “tuvieron conocimiento de su efímera condición, sucumbiendo a su vez a su propio pensamiento”… Dicen los entendidos que, cuando el humano prehistórico fue consciente de su propia muerte y comenzó a enterrar a sus difuntos buscando la trascendencia, empezó todo. Ese fue el cambio, y no el pecado en el goce sexual que muchos quisieron ver durante los “años oscuros”

    Encantado de leerte Manoli, un buen ejercicio el de aunar imagen y texto partiendo de la primera

    Un beso enorme

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  2. La Biblia es una mina en cuanto a ideas para escribir nuestros relatos. Más allá del componente religioso, reflejo como ninguna otra obra la esencia del ser humano, sus anhelos, sus contradicciones, sus miedos. En concreto, el episodio de la manzana tiene unas implicaciones muy profundas, más allá de la imagen estereotipada. Al leerlo siempre se me ponen los pelos como escarpias al pensar que alguien, en una época perdida en el tiempo, pudiera simbolizar de esa manera la esencia humana. En el episodio bíblico existían dos árboles: El árbol de la ciencia y el árbol de la vida. De este último podían comer lo que quisieran y continuarían siendo felices, plenos y gozosos en el Paraíso. Pero la esencia del ser humano, la curiosidad, le hizo probar el fruto del árbol de la ciencia y renunciar a una vida plena e ignorante, por otra de carencias, pero sabia. El ser humano decidió competir con los dioses para comprender los mecanismos de la Creación, renunció a la verdad, en minúsculas, por la Duda, en mayúsculas. En definitiva, abandonamos el plácido zoo por la incertidumbre de la jungla. Con todas sus consecuencias… Bueno, que se me van las letras, mis mejores deseos para esta Navidad y el próximo año, Manoli. Un placer compartir este camino contigo. Un abrazo!

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  3. Muchas gracias, querido David. Tienes razón, aunque ese árbol del conocimiento tenía unas ramas que conectaban directamente con la esencia, como bien dices, del ser humano y esa duda estaba ya dentro del mismo en el momento de la creación. La duda también ha hecho posible que seamos los que somos.

    Felices fiestas y un montón de besos. 🙂

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