La extraña maleta o la curiosidad de Petra, la hostelera

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Foto: Rosa Martínez

En los muchos años que llevaba atendiendo huéspedes en su pensión, doña Petra, no se había topado nunca con uno que le suscitase tanta desconfianza; y mira que había gente rara, señor, como aquel don Juan de poca monta que se pasaba el día recitando coplas y gritando piropos por la terraza a las muchachas que pasaban por la calle; o aquel otro, que se hacía llamar Nicolasón, como el del cuento, y se empeñaba en cenar sardinas en conserva todas las noches porque decía que tenían mucho hierro; y las mujeres también se las traían, también, que aún se acordaba de la tal Loli, que llegaba siempre borracha y llamaba a las puertas de los durmientes para escándalo de todos; pero como este… ninguno oye, pero que ninguno. Porque este señor que acababa de llegar la semana pasada, este señor que decía llamarse cada día de una manera y, cuando le preguntaba al respecto, juntaba todos los nombres: «Juan José Fernando Lucas Santa María, para servirla, doña Petra» se llevaba la palma de las rarezas. Por si fuera poco, le daba la noche a los demás. Debía tener grandes averías, porque se la pasaba  hablando consigo mismo y respondiéndose con distintos tonos de voces: «¡No me mandes callar, Abelardo!» gritaba con voz aflautada, como si fuese una señorita, para responderse en el acto: «¡No me toques las narices, niñata!». Que no. Que su condición de hostelera no la dotaba de santa paciencia ni sus huéspedes se merecían tal falta de respeto. Ese mismo día, en cuánto se fuese, sacaba sus cosas y, al llegar, le ponía de patitas en la calle. Al entrar en su cuarto, le llamó la atención una extraña maleta. Pesaba poco y su contenido, al moverla, sonaba como un montón de huesos. “No sé si llamar a la policía” se decía la Petra, sin muchas ganas. La posó en la mesa de la terraza y, después de darle dos vueltas al asunto, presa de la curiosidad, la abrió en un arranque sin precaución alguna. Lo que vio dentro le aclaró de golpe todas las dudas en cuanto a la condición de su huésped: no era más que un simple titiritero.

Texto basado en la imagen. Elaborado para la sección Viernes Creativo (El bic Naranja)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/02/03/viernes-creativo-escribe-una-historia-174/#comments

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6 comentarios sobre “La extraña maleta o la curiosidad de Petra, la hostelera

  1. La curiosidad de la dueña de la pensión es comprensible y, al final, todos los misterios tienen explicación. Un titiritero, padre de muchos personajes, ha de aprovechar todo momento para practicar sus diálogos.
    Un relato en el que se aprecia soltura a la hora de narrar.
    Un abrazo, Manoli.

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    1. Muchísimas gracias, Ángel. En efecto, el pobre hombre se ganaba la vida con sus títeres y tenía que practicar… Me ha salido un relato un tanto largo para los viernes, pero no pude dejar pasar la ocasión. Es curioso, con este texto me pasó como con el de la máscara que titulé El ventrílocuo… era como si conociese a los personajes de toda la vida… quizás porque hay una mucha iconografía y tradición respecto a los mismos.

      Un abrazo muy grande.

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  2. Muy bueno, Manoli. Me ha encantado. Y es que, para crear un relato a partir de una imagen, hace falta discurrir, pero en este caso, parece que te hubiese salido solo, como si tu relato, con ese desparpajo y soltura, hubiese terminado en la imagen de portada. Genial cómo has desarrollado un párrafo único, sin puntos y aparte, como en una conversación real. Sobre todo en la primera mitad, en la que ni siquiera has puesto puntos. Tiras del hilo con una facilidad pasmosa, desenrollando una alfombra de personajes variopintos para terminar en la simpática sorpresa final, la “caja de huesos” misteriosa.
    Muy buen ejercicio de creatividad literaria, Manoli. Escribes muy bien. Un fuerte abrazo

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    1. Muchísimas gracias, Isidoro, por tan motivador comentario, que es todo un regalo. Lo cierto es realmente que este relato lo escribí de un tirón. Al ver la imagen vino mi mente la figura, ya casi arcaica y legendaria del “titiritero”, al igual que el entorno que intenté retratar. Fue como echar la vista atrás y decirme: “ah, esa figura diferente, ambigua, que despertaba la curiosidad a su paso…” y es este segundo tema, el de la curiosidad, el que acaba siendo, con el desarrollo del relato, el tema principal que me propuse tratar.

      Celebro que te haya gustado y me hayas hecho saber tus impresiones.

      Otro gran, gran abrazo, para ti 😉

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