Almas gemelas

Desde niños sus vidas habían estado ligadas. Acostumbrados a soñar despiertos tumbados sobre la hierba seca del campo, disfrutando de largos paseos subidos a lomos de los caballos de la granja y durmiendo bajo el mismo techo. Martín entre  sábanas de seda bordadas con sus iniciales y Clara envuelta en sábanas de algodón cosidas a la luz de la lumbre por su madre. Con el paso del tiempo él tuvo que marchar a la ciudad para continuar sus estudios y ella esperaba ansiosa a que llegase el verano. Entonces, volvían a abrazarse sobre la hierba,  a bañarse en la orilla del río y tejer sueños bajo el inmenso techo de las estrellas. Hasta que, al final de un septiembre, justo cuando Martín se había ido, ella descubrió que esa vez le había dejado un misterioso regalo. Un regalo que crecía en su vientre para dar fruto en primavera y no sabía cómo ocultar. El tiempo, una vez más, puso las cartas boca arriba y cuando Martín llegó no pudo encontrarla. Ni su madre ni ella trabajaban ya para la casa.

Desesperado, removió cielo y tierra hasta dar con su paradero. Sor María ―como ahora se llamaba―, había hecho voto de silencio y clausura y no podía recibir visitas de nadie. Muchos años después, aún retenía su imagen en la memoria,  mirándole  desde la ventana de su celda,  con inmensa tristeza mientras marchaba.

Martín continuó su camino y, con el discurrir de los años,  se casó con una joven de igualdad de estudios y casta. Tuvieron hijos y vivieron una vida sin hierba, sin baños en la orilla del río ni estrellas alumbrando sus sueños. Cuando, al final de esa vida, ya viudo y viejo, le preguntaron en qué asilo prefería que le ingresaran se acordó del antiguo monasterio y sus ojos se iluminaron.

 

©  Manoli VF

 

Relato elaborado para el concurso Historias por la igualdad de Zenda.

Imagen de origen:

anawalls.com/images/animals/horses-couple-grass-distance-stand

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4 comentarios sobre “Almas gemelas

  1. Que imagen más bonita la de los caballos. Te veo en racha para el concurso sobre la igualdad , je. Personalmente, éste me gusta incluso más, quizás por ese ambiente cálido, bucólico, que has creado, muy visual. Un relato que, además de dejar clara su dimensión social, es hermoso en su final y nos deja una pregunta en el aire: ¿qué fue del fruto de aquel amor?
    Más besos y otra vez suerte

    Le gusta a 1 persona

    1. Fíjate, Isidoro, que me enteré del concurso a última hora y, con este relato ya no llegué a tiempo (con el anterior sí), ando en cien mil proyectos a la vez, tanto que ni siquiera me di cuenta de que mandé el otro casi en el límite (una hora más tarde ya acababa el plazo) y, por tanto cuando envié este -que también es mi favorito- ya entró tarde.

      Para mí escribir últimamente es una pulsión que me hace despistarme a menudo de horarios, tareas y rutinas varias.

      ¿Lo de los concursos? He ganado varios sí, pero con frecuencia aquellos en los que envié algo espontáneo sin demasiadas expectativas, basta que intenté “trabajarlo” para restarle chispa a lo que cuento, en fin…

      Muchos besazos 😉

      Me gusta

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