La niña de las trenzas en rama

Robin (Truls Espedal)

Roberta recogía pájaros solitarios lo mismo que mucha gente recoge gatos callejeros o cachorros de perro que nadie quiere. Desde niña se entendía mejor con los gorriones y con las palomas que con los niños de su edad o incluso con las personas mayores. La única que parecía comprender su amor por los seres alados era Aurora, su abuela. Solo ante ella, Roberta se sentía libre de actuar sin vergüenza ni culpa, sin esa extraña sensación de que la dieran por loca cada vez que atraía a estas pequeñas criaturas.

El mejor momento era siempre el paseo por el bosque cuando iban las dos juntas. Aurora contaba que entonces, Roberta estiraba sus largas trenzas y siempre aparecía algún gorrión dispuesto a posarse en ellas. Durante mucho tiempo me negué a creer estas cosas, convencida de que solo eran cuentos de una abuela que adoraba a su única nieta. Cuando entré en su casa como asistenta, me pareció que Roberta era una joven como cualquier otra, que sentía pasión por los animales y cursaba el último curso de veterinaria en la ciudad vecina.

No volví a pensar en el tema hasta después de la muerte de Aurora, cuando su hija me mandó recoger su habitación y hallé, en uno de los cajones del armario, una extraña fotografía. En la imagen podía verse a una niña de espaldas, con las dos trenzas elevadas en horizontal y, sobre una de ellas, posando con la misma naturalidad que si estuviera en la rama de un árbol, un pequeño petirrojo.

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/03/la-nina-de-las-trenzas-en-rama.html

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2 comentarios sobre “La niña de las trenzas en rama

  1. Hola Manoli
    Me gustan mucho estos pequeños relatos que haces al interpretar una imagen. En este caso, has utilizado incluso la misma imagen en tu relato, como la fotografía que encuentra la narradora en el cajón del armario y que corrobora la fantástica historia. Pero además, aquí hablas de más cosas: de la incomprensión hacia el que es diferente, de la soledad, de la asunción de la propia identidad (Roberta decide estudiar veterinaria) y de esa complicidad abuela-nieta. Esto último es un aspecto que te he visto remarcar en algún otro relato. Creo que los abuelos son alguien muy importante en la infancia de todos (quién haya tenido la suerte de contar con alguno de ellos, claro está) y como la infancia es precisamente esa etapa que siempre se recuerda, incluso cuando ya has vivido la adolescencia, la juventud y la madurez (los mejores recuerdos son esos aromas, imágenes, flashes o sonidos que te vienen a la mente, así, de repente, de aquel momento de la vida), pues los abuelos forman parte de ella.
    Como siempre, un placer Manoli
    Un beso muy grande

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    1. Lo cierto es que disfruto mucho con este tipo de ejercicios, Isidoro. Me gusta imaginar las posibles historias que esconde una imagen. Me ha pasado, incluso, el imaginar escenarios o vivencias y después encontrarme con personas que se sienten identificadas o me cuentan que han vivido algo similar. Es un proceso de descubrimiento continuo, me gusta adentrarme en la psicología de los personajes a través de sus emociones, no se, lo mío es largo de contar, jajaja

      Me encantan tus opiniones porque siempre van un poco más allá.

      Besazos.

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