La voluntad de Carol

 

La imagen puede contener: una o varias personas, calzado, árbol y exterior
La niña sin miedo de Kristen Visbal, frente al Toro de Wall Street de Arturo Di Modica (Fotografía: Federica Valabrega)

Algo había en la mirada de Carol que hacía amilanar hasta al más fiero animal. Cuando la niña se plantaba no había fuerza en el mundo capaz de moverla. Ni sus padres ni ningún miembro de la familia entendía de dónde había sacado semejante coraje. Que era una niña que sabía lo que quería y de un espíritu indomable era vox populi en el vecindario, pero que además era más valiente que el miedo, solo alcanzaron a saberlo aquel primer domingo de junio, cuando uno de los toros se escapó de la plaza de Ronda y sembró el pánico en las calles de la ciudad. En cuanto la policía ordenó desalojar la zona, Carol se escurrió de la mano de su padre y se plantó delante del toro, erguida y desafiante, con toda la fuerza del universo concentrada en sus ojos retando al animal. Entonces, todos los que allí estaban pudieron asistir al prodigio de ver al astado retroceder ante la niña y, contra todo pronóstico, arrodillarse ante la magnitud de su voluntad.

 

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog grupal de Escritura Creativa Nosotras, que escribimos:

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/04/la-voluntad-de-carol_13.html

 

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2 comentarios sobre “La voluntad de Carol

  1. He visto multitud de esculturas callejeras diseminadas por el mismo número de ciudades. Algunas realmente imaginativas y originales. Hay veces que incluso te sientas en un banco o te apoyas en una farola, creyendo que tienes a una persona al lado y ¡zás! Es una escultura. Seguro que a ti también te ha pasado. En Oviedo te puedes hacer una foto caminando con Woody Allen o sentando en el banco de un parque junto a Mafalda (a todo color) y así… Pero la verdad, esta de la niña y el toro, es tremenda. tiene una fuerza y a la vez, una ternura impactante. Realmente podría decirse que es un monumento a la historia que tú has contado, ja, ja. Si hasta se siente el frenazo del toro en los adoquines.
    Muchos besos Manoli

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    1. Me encantan tus comentarios, Isidoro, porque siempre tienes alguna anécdota que contar. Casi es como charlar contigo o pasear por las calles de Oviedo admirando sus esculturas. No te diré que de noche o en brumosas mañanas de invierno pueden confundirse con personas y este mismo planteamiento daría para un relato que quizás escriba cualquier día de estos…

      Un gran beso.

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