Suave es la noche cuando no regresas

Recuerdo tu mirada la primera vez que nos vimos. Tus ojos verdes invitándome a perderme dentro de ellos. No olvido las tardes, abiertas de par en par para nosotros, como las hojas de un libro aún por escribir. La boda, contigo vestido de príncipe con levita, y yo de blanco inmaculado como la mejor de las novias. Después… los golpes desdibujan mi memoria, van y vienen las noches de pasillos sanitarios, los  puños llenos de sangre. Los ojos rotos, el recuerdo herido, y tú, cada vez más pequeño cuánto más grandes son tus manos. Suave es la noche, era el libro de cabecera de mi cama. Suave, como los rostros de nuestros hijos, como las sábanas de la noche de bodas, como tu voz pidiéndome perdón de rodillas. Suave es la noche, amor, suave, aunque a golpes de yunque te recuerde. Hoy has salido temprano y me he quedado un tiempo mirándote. Tu espalda recortada contra el día que amanece tan blanco. El coche no tiene frenos y no lo sabes. Suave es la noche cuando no regresas. Sé que hoy cerraré los ojos tranquila, aunque me despierte el sonido del teléfono. Conmigo quedará el que un día fuiste, el de los ojos verdes. El otro, el que ahora veo arrancar el coche, dormirá para siempre con los ojos abiertos.

Historia elaborada para el concurso de Zenda #historias de libros: #historiasdelibros

Libro citado: Suave es la noche (Scott Fitzgerald)

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2 comentarios sobre “Suave es la noche cuando no regresas

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