El cielo abrasador

Perdidos en sus respectivos mundos –-espejos de los nuestros―  girando en la espiral viciosa del ataque y la retirada, Port y Kit hicieron el equipaje que les llevaría de vuelta a sus profundos miedos, más allá del espejismo y la dureza del desierto del Sahara. Allí, donde el que escribe olvida el libro y emprende su propio viaje para irse, por momentos con uno, antes de encontrarse en el otro, fue donde acerté a vernos. Siendo Paul, creé a Port a través de las quejas de Jane, e intenté hacer lo mismo con Kit, pero ella, al igual que mi compañera, viajaba sola, bajo la implacable mirada del cielo, en el que un sol de fuego como ninguno, alumbraba sus pasos de barro.

Microhistoria para el concurso de Zenda Historias de libros

#historiasdelibros

Libro en el que se basa el texto: El cielo protector (Paul Bowles)

 

Humedades

El año en que me enamoré de él llovió tanto que, de ahogarme entre mis lágrimas de noche y cambiar mis pies mojados durante el día, asomaron nenúfares por todas partes: abriéndose entre las baldosas de casa, reventando los desagües del baño, invadiendo el agua sucia de la bañera y la funda de mi almohada. Al final de aquel torrencial año, justo cuando él anunció su boda con una chica que parecía la doble de Melissa Gilbert y comenzó a edificar su casa en la pradera, me di de bruces en la biblioteca con un libro El año del diluvio, de Eduardo Mendoza, y supe que era una señal. Llorosa y desesperada, forré dos ejemplares con los últimos nenúfares recién abiertos, y se los entregué de regalo de bodas, para que la pena que me habían causado regresase con ellos y nunca les faltase el agua.

Para el concurso de Zenda Historias de libros:

#historiasdelibros

Libro citado en el texto: El año del diluvio (Eduardo Mendoza)