El cielo abrasador

Perdidos en sus respectivos mundos –-espejos de los nuestros―  girando en la espiral viciosa del ataque y la retirada, Port y Kit hicieron el equipaje que les llevaría de vuelta a sus profundos miedos, más allá del espejismo y la dureza del desierto del Sahara. Allí, donde el que escribe olvida el libro y emprende su propio viaje para irse, por momentos con uno, antes de encontrarse en el otro, fue donde acerté a vernos. Siendo Paul, creé a Port a través de las quejas de Jane, e intenté hacer lo mismo con Kit, pero ella, al igual que mi compañera, viajaba sola, bajo la implacable mirada del cielo, en el que un sol de fuego como ninguno, alumbraba sus pasos de barro.

Microhistoria para el concurso de Zenda Historias de libros

#historiasdelibros

Libro en el que se basa el texto: El cielo protector (Paul Bowles)

 

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3 comentarios sobre “El cielo abrasador

  1. Hoy me paso la tarde contigo, ja, ja. Y bueno, de las humedades del diluvio al desierto abrasador. ¡Menudo viaje!
    Ya entiendo eso de que “me pongo a escribir y a veces me salen varios cuentos del tirón”, ja, ja. Me dejas admirado, de verdad que sí. Tienes una facilidad pasmosa para dar rienda suelta a tu creatividad. Y es que, muchas veces, lo más difícil, más que expresar, es hacer fluir las ideas (eso que llaman inspiración los que saben de esto)
    aunque mucho me temo que, en este caso, para descifrar el misterio de tu relato, tiene que estar uno al tanto de lo leído en “El cielo protector” y conocer un pelín a su autor. Algo de lo que yo carezco, por lo que tengo que quedarme en la belleza de tus palabras, sin poder tocar

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  2. … No sé que pasó, se cortó… Creo que sí que toqué, pero fue al botón de publicar. En fin, decía que sin poder tocar el fondo de su significado (aunque, algo deduzco, ja, ja, no te creas).
    Solo una cosa: ¿pasos de barro en el desierto? Buenísimo
    ¿Volveré hoy, o tal vez no?

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    1. Hay gente que para escribir necesita concentrarse un montón, cumplir una suerte de ritual, como si fuese un ejercicio dosificado. Yo he pasado por diversas etapas, en las que he escrito más o menos según las circunstancias que me envolvían, pero ahora he retomado esta aficción en el punto, casi en el origen, en el que comenzó, y ha sido como una reconciliación esperada. Te sorprendería saber cuánto escribo, aquí y allá, porque se ha convertido en algo espontáneo que cuanto más practico más fluye.

      El Cielo Protector, de Paul Bowles (que yo he transformado aquí en Cielo Abrasador) es también uno de mis clásicos, aunque no lo hayas leído he intentado que trasluzca la soledad de sus protagonistas: una pareja que emprende un viaje para solucionar sus conflictos y acaba encontrándose con sus propios miedos y sus propias soledades.

      Tienes razón con lo de “Pasos de barro” no fui objetiva con esta expresión, algo tendré que hacer al respecto.

      Muchos besos, Isidoro.

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