La isla y sus vistas

 

Aunque el mar era de todos en la isla, la arena de la playa estaba dividida en dos bandos:

En uno estaban los individualistas, que tenían su espacio acotado con cintas y banderines, letreros de prohibido el paso y miniviviendas sombrilleras, en las que no faltaba el registro del número de granos de arena ni el punto de referencia establecido. En el otro lado estaban los comunitarios, todos vestidos de igual color y con la misma camiseta solidaria; se reían a la vez y comían a la misma hora, hacían la siesta cumpliendo el rito de la digestión y, aunque eran una piña, todas las tardes se partían los dientes entre ellos jugando al fútbol.

En cuánto llegué, unos y otros me pidieron que eligiese un bando.

—¿No puedo elegir un sitio neutro? —pregunté, incapaz de decidir.

Desde entonces, parece que lleve puesta la capa de Harry Potter. Nadie me ve cuando llego a la playa, aunque los de un lado sujeten bien su sombrilla cuando paso y  los del otro abran un ojo durante la siesta.

 

Texto elaborado para el concurso de Zenda libros, con la consigna de emplear la palabra “Mar” (que pasó a la final y quedó entre los veinte seleccionados)

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