La matrioshka del cuadro

 

Fuente de la imagen: thumbs.dreamstime.com

 

Cuando la vi me recordó  esas muñecas rusas, tan redondas y coloradas, vestidas de alegres colores. Estaba embarazada y ese detalle fue el que me llevó a verla como una auténtica matrioshka, que quise inmortalizar para siempre. Deambulaba por el mercado de la feria medieval, como buscando algo que no acababa de encontrar. Revolvía telas y manoseaba cortinas, edredones, jarrones y cuadros por igual. Se detuvo un instante ante un espejo y acarició su marco con delicadeza. Al ver sus manos, que parecían de porcelana, deseé ser vendedor para poder atenderla, aunque ella seguía su ruta, mirándolo todo, sin detenerse en nada. No quise perderla de vista y, buscando excusas, mientras ella se detenía en un puesto de churros ambulante, entré en una librería que me dio la idea para abordarla.

Cargado con pinceles y blocs de dibujo, a falta de lienzos, le salí al paso para hacerle una propuesta:

―¿Me permite dibujarla, señora?

Me miró con sorpresa, como si mi presencia allí le resultase insólita, y sonrió al tiempo que me corregía:

―Señorita, pintor, señorita.

―¿Me permite entonces? ―insistí

―No tengo dinero para comprar su dibujo.

―¡Oh, no se preocupe por eso! Soy estudiante de bellas artes, necesito practicar. Si tiene un minuto le regalaré el resultado –repuse, improvisando.

Asintió con la cabeza, aunque en sus ojos asomó un gesto de incredulidad.

Pedí a un vendedor ambulante de muebles de madera permiso para dejarla sentar en una de sus banquetas, ofreciéndome a retratar su puesto más tarde. No estaba seguro de mis dotes de dibujante (nunca había sido estudiante de bellas artes) pero bien valía la pena intentarlo a cambio de poder contemplarla. Me gustaba dibujar  aunque nunca había sentido  la necesidad de inmortalizar a alguien con tanta fuerza como sentía en ese momento. Sabía que si la dibujaba una vez, mi memoria guardaría el recuerdo de sus rasgos y podría reproducir el dibujo después, en la soledad de mi casa.

Mi matrioshka se recostó en el respaldo de la banqueta de madera, y me pareció asistir a un momento único, cuando la vi acariciar su vientre con espontaneidad.

―Es una niña, ¿sabe? ―comenzó a decirme― se llamará Alicia.

―¿Cómo la del país de las maravillas? ―se me ocurrió decir.

―Exacto ―respondió―. Siempre ha sido mi cuento favorito.

―¿Es usted de aquí? No recuerdo haberla visto antes ―dije tontamente, como si conociese a todas y cada una de las mujeres de la ciudad, mientras comenzaba a trazar las primeras líneas de su rostro a carboncillo.

―Soy de aquí y de allá ―respondió, esquiva.

Comencé a dibujar la curva de su abdomen intentando reflejar el aura maternal que la envolvía. Hubiera querido detener el tiempo en ese momento, absorto en  el magnetismo que irradiaba la mujer que estaba pintando. Cuando estaba a punto de finalizar el retrato, después de una eternidad en la que el vendedor del puesto ya comenzaba a recoger los muebles, me obsequió una gran sonrisa, exclamando:

―Gracias por este regalo inesperado.

Sonreí, repasando en la lámina la línea de sus labios, y levanté la vista para replicar que el gusto había sido mío cuando, para mi sorpresa, comprobé que había desaparecido. Miré alrededor sin verla por ninguna parte, y pregunté angustiado al vendedor si la había visto marchar.

―¿De quién me habla? ―me preguntó a su vez.

―De la mujer que estaba sentada en esta banqueta hace un momento.

Con gesto de extrañeza, el vendedor negó haberla visto.

―¡No puede ser! Era una mujer rubia, muy bella, estaba embarazada y vestía un vestido de gasa amplio…

El vendedor lanzó una risotada, interrumpiéndome.

―Me suena mucho su descripción. Déjeme pensar dónde he visto yo una mujer semejante… ―dijo, rebuscando entre los cestos de mimbre, que portaban cuadros para escoger uno.

Juro por dios que creí enloquecer al contemplarlo. Ante mis ojos estaba la misma mujer que yo había pintado hacía un momento, mirándome enmarcada tras un cristal y pintada con acuarelas de las que yo no disponía.

―¿Quién es esta mujer? ―pregunté al borde del delirio.

―¡Quién puede saberlo amigo! ―exclamó el vendedor encogiéndose de hombros―tal vez una ninfa, o el sueño de algún pintor tan loco como tú, anda, recoge tus bártulos y vete.

Miré a mis pies y recogí el bloc de dibujo del suelo con estupefacción. Ante mí aparecía, retratado a carboncillo el puesto del vendedor ambulante, con la banqueta vacía y el cesto de cuadros al lado.

 

Relato elaborado para el concurso  El Tintero de Oro del blog Relatos en su tinta (de David Rubio) y que obtuvo el Primer Premio Tintero de Oro en su primera edición 

http://relatosensutinta.blogspot.com.es/2017/10/gala-de-premios-i-edicion-tintero-de-oro.html

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44 comentarios sobre “La matrioshka del cuadro

    1. Me has hecho disfrutar con tu magnífico relato, amiga Manoli. Es sensible e impactante a la vez, y muy imaginativo; y el final, para mí, cinematográfico. Sólo me queda darte mi más sincera enhorabuena; desearte suerte en el concurso, no, estoy convencido de que no la vas a necesitar. Un fuerte abrazo. Nos leemos, nos vemos…

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      1. Muchas gracias, Patxi. No había visto tu comentario hasta ahora, me alegra mucho que te haya gustado. Respecto a lo que dices de cinematográfico, no se si tiene algo que ver el hecho de que esta vez surgiera clara en mi imaginación una escena, o sea, la imagen de la mujer deambulando por el mercado; y, por eso, he intentado que el lector “la viera”, conseguir que fuese un relato visual. En cualquier caso, muchas gracias por tus generosas palabras.

        Abrazo grande, grande.

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  1. Hola Manoli! Yo también he visitado tu blog gracias a la iniciativa del Tintero de oro. Me ha encantado tu relato, tiene un halo mágico que te atrapa hasta el final. ¿La vida es sueño? Quizá en ciertos momentos, algunas mentes creativas traspasan esa barrera. Que tengas mucha suerte en el concurso, un abrazo! ; )

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  2. Lo amé por completo!!! de verdad, un gran texto lleno de elementos que disfruto mucho, lo femenino, la espera por el embarazo, el encanto de la mirada, la pintura, la frontera entre realidad e irrealidad fundiéndose, claridad y gran ritmo!! Los disfruté muchísimo, gracias por estas letras, me daré tiempo de pasear por tu blog.
    Suerte en el concurso!!

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    1. Muchas gracias, Diana, por tu generoso comentario. Me alegra que hayas disfrutado leyéndolo. Es una historia que fluyó sola, me limité a seguir -en mi imaginación- a una mujer entre el mercado…

      Muchas gracias por tu visita y palabras, me siento feliz de tenerte como lectora.

      Un abrazo.

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  3. Hola Manoli, como otros compañeros mi primera vez en tu espacio a partir de la iniciativa de David.
    Un relato en el que los sueños se confunden con la realidad o la realidad con los sueños, no lo sé pero te quedó bonito. Espero que esa matrioska siga contemplando su relato y que el pintor vuelva a encontarla.
    Saludos

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    1. Hola Conxita. Lo cierto es que no me prodigo mucho por los blogs (solo tengo tiempo de publicar en el mío) pero habré de corregir eso ya si quiero llegar a tiempo para las votaciones en el blog de David. Conozco a David desde hace tiempo y no podía dejar de enviarle un cuento para su concurso. Publico en muchos sitios y cada vez me cuesta más llegar a todos 😀 A ver si en este finde os leo como dios manda.

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  4. Hola Manoli, te visito a partir del concurso “Tintero de oro” de David. Me ha gustado tu relato, además de bien escrito, me ha mantenido pegado a la pantalla tratando de averiguar por donde nos iba a llevar. Has sido capaz de dotarlo de intriga y nos dejas un final cargado de misterio. Muy buenos los diálogos, no es fácil construirlos con naturalidad pero lo has conseguido con creces. Mucha suerte.

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  5. Hola, Jorge. Justo acabo de llegar de comentar tu texto cuando he visto que tú también me estabas comentando (sincronicidad, 😀 ). Aunque no me creas yo también estaba siguiendo a mi personaje. La mayoría de las veces, al escribir comienzo por una imagen, o una canción, que no sé adónde me llevará.

    Me alegro mucho que te haya gustado.

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  6. Manoli yo también como los que participamos en el concursos de David estoy conociendo a nuevos participante y blogs. Es un placer leer este cuento muy bien escrito para el deleite de quien te leer. Un abrazo

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      1. Pues sí, Carmen, tienes razón. No encuentro nunca el tiempo para leer como debería las entradas de los blogs amigos. Lo cierto es que publico en varios sitios, y tengo varios frentes abiertos. Me queda un resquicio pequeño para la lectura de libros y artículos, y para los blogs ya no me da alcanzado, pero tendré que hacer un hueco ya mismo. Mil disculpas. Besos.

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  7. Hola Manoli, por aquí ando comentando los trabajos presentados al concurso iniciativa del compañero David.
    Probablemente, para escribir un relato como este tuyo, hay que tener dotes de observación, como el pintor de tu narración, y te imagino “mirando” a las personas y pensando “este o esta sería un buen personaje para un cuento”. La “matrioshka” perfectamente retratada en su conformación física y sus idas y venidas.
    Los diálogos son naturales y efectivos.
    Da un giro de tuerca con el añadido de la desaparición de la mujer embarazada y un final inesperado.
    Te felicito Manoli, muy buen trabajo.

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  8. Hola, Tirma. Muchas gracias por acercarte a mi texto. Escribir para mí es una pulsión, que surge de forma inesperada, como en este texto, más producto de la imaginación que de la observación (aunque también pueda ser observadora). En este caso surgió la imagen de un mercado y del mercado surgió el personaje de la mujer, asociado con la matrioska por su condición, lo demás fue saliendo al tirar del hilo…

    Lo de los diálogos -que me han dicho otras veces más- fluyen a demanda de los personajes, son ellos los que los piden.

    Supongo que me explico peor que mal, pero explicar una pulsión es tarea perdida.

    Me alegra que te haya gustado.

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Rosa. Quise desdibujar esa frontera entre la realidad y la irrealidad, la ensoñación y el misterio, en definitiva: lo inexplicable, abierto a otras interpretaciones, de ahí que eso que dices de “presencia fantasmal” me guste especialmente.

      Un abrazo.

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  9. Un relato cargado de misterio y delicadeza, Manoli. Quién no ha sentido alguna vez el magnetismo de un rostro o un cuerpo al que no podemos dejar de admirar… aunque tu protagonista ha tenido una experiencia que va más allá 🙂
    Muy bueno, me ha gustado mucho. ¡Suerte en el concurso!

    Un saludo.

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    1. Hay preguntas cuya respuesta está en la mente de cada lector, o en el viento, parafraseando a Bob Dylan. Me alegra que te haya gustado mi fantasía, Arecibo.

      Muchas gracias por tu lectura y palabras. Un abrazo.

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  10. Hola, Manoli, te devuelvo la visita. Has realizado un relato estupendo aderezando el final con esa pizca de magia que siempre engancha. Suerte en el concurso. Abrazos.

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    1. Muchas gracias, Lola. Quise rescatar, en efecto, ese aire de leyenda a lo Bécquer; la ilusión, el ensueño, que pone su chispa de magia en este mundo tan material y efímero.

      Gracias por tu tiempo y buenos deseos. Un abrazo.

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  11. ¡¡Muchas gracias, Tirma!! No me esperaba ese primer premio… ¡Desde luego es un halago y una gran motivación tener el primer Tintero de Oro! ¡Ahora toca colocar el bonito diploma que me ha dado David, y promocionar su estupenda iniciativa para que más relatistas se animen a participar!!

    Muchos besos.

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