Enfriando el champán

Cristina agarra el punzón y lo clava con fuerza en el hielo. Pica hielo pensando en los invitados que están a punto de llegar para la cena de fin de año. Pica hielo pensando en su exmarido que este año vuelve, como los malditos turrones por Navidad, a cenar en su casa. Y ella consiente por sus hijas, siempre las hijas, que se han puesto de acuerdo, como buenas gemelas, para insistir en cenar con los dos. Ni con la una ni con el otro: con los dos, como si no supiesen lo que se cuece, que hace tiempo que no son niñas y no ignoran que él se acaba de dejar con la última Barbie, la de las tetas de goma y culo con relleno con la que iba al gimnasio todos los días; vaya por Dios, con lo monísima que era… Y sigue picando hielo mientras piensa en su padre, que ha pedido el alta voluntaria en el hospital, tras prometerle por centésima vez que está limpio, pero que aparecerá por la puerta con varias botellas de vino blanco, cava y quien sabe más, y al que pillará bebiendo en la cocina, mientras sostiene el abridor con la otra mano y pone cara de res camino del matadero: ¡Estaba probándolo, Cristina, hay que ver cómo eres! Y esta Cristina sigue picando hielo y más hielo, porque sabe que le va a hacer falta. Le va a hacer falta para enfriar un poco la calentura interior que amenaza con convertirse en volcán y estallar escupiendo lava. Lava y más lava. Ardiente lava, que arrasará con la cara de bobo de su ex, con la sonrisa bailona de su padre y con los novios de las gemelas, cubriendo los dientes largos de bruno y el pelo engominado de Toni, el yernísimo. Sí. Cristina sigue picando hielo para la cubitera. Hielo y más hielo, sin darse cuenta de que hace tiempo que está sonando el timbre de la puerta y los teléfonos de la casa también comienzan a sonar.

Texto elaborado para el concurso de Zenda libros, bajo el lema: Cuentos de Navidad.

CuentosdeNavidad

 

Anuncios

6 comentarios sobre “Enfriando el champán

  1. Ja, ja, ja… Perdona, la verdad es que la historia no es de risa, pero no he podido evitarlo. Lo cierto es que, si hago un repaso a los relatos que has escrito estos días… Tienes razón, no es que seas muy de Navidad, no. Pero también es verdad que apuntas con acierto mucho de lo que, realmente, se esconde detrás del espumillón y las bolas de colores. Pobre Cristina, más la valía comprar un billete individual para Las Bahamas y pasar la noche de Fin de Año tostándose al sol del trópico. Pero un billete solo de ida, ja ja
    Un beso grande, escritora. Un placer leerte 😉

    Le gusta a 1 persona

  2. Verás que tengo una explicación sencilla, Isidoro: Zenda (zendalibros.com) tiene abierto un concurso de cuentos bajo el lema “Cuentos de Navidad” y esos cuentos llenos de espíritu Navideño están ya muy vistos, jaja… luego está la cosa comercial que se pone un poco pesada y bueno, puede que tengas también un poquito de razón porque, pensándolo bien, dónde esté un billete a Las Bahamas ya pueden esperar ciertos renos voladores (y yo creo que más de una Cristina estaría de acuerdo con ese billete 😛 )

    Placer que me leas y comentes, amigo 😉

    Besos.

    Me gusta

  3. Cuando las cosas se tuercen, la Navidad, la vida, todo, se convierte en un infierno y somos capaces de sacar lo peor de nosotros. Un micro duro Manoli, capaz de hacer pedazos el corazón más frío. Suerte!! Besosss!!!

    Le gusta a 1 persona

    1. Cuando la felicidad es postiza, no es felicidad. A veces, simplemente, no es posible hacer más; entonces, quizá, es el momento de dar la vuelta a la moneda y practicar el no hacer, quizá, digo…

      Muchas gracias, Juancho.

      Besazos.

      Me gusta

  4. Por lo visto la acción de picar hielo puede ser muy absorbente si se junta con pensamientos obsesivos jaja, creo que el subconsciente de Cristina seguirá por un buen rato desconectando de la realidad para liberarla de esa maravillosa cena de Fin de Año, con un poco de suerte los invitados tomarán las uvas en la calle. Y es que la Navidad puede llegar a ser muy cargante, es cierto Manoli. Muy buen micro. Un saludo y Feliz Año!

    Le gusta a 1 persona

  5. Has dado en el quid del relato, Jorge. La mente hace sus propias analogías y esa acción de “picar hielo” es muy liberadora jajaja Puede que los invitados se animen a traer un buen vino que caliente un poco los ánimos mientras llega la hora del champán 😀 o tal vez se remanguen las mangas y se pongan a ayudar a Cristina, quien sabe, estas fechas despiertan las emociones más dispares 😉

    Muchas gracias por tu visita. Feliz año también para ti, con champán o sin él. Un beso.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s