Sigma blues

Mamá cosía. Desde bien temprano en la mañana, oíamos el ruido de su máquina de coser. Cosía los pantalones de trabajo de nuestro padre, los agujeros de los calcetines, los rotos de los bolsillos de los abrigos, los fondos de los pantalones que nos quedaban largos pero, sobre todo, mamá cosía vestidos y trajes para sus clientas. Telas finísimas y muy caras, que nos dejaba acariciar a Marlen y a mí: “¡Mirad, niñas, qué sedas! lo bien que os sentarán cuando crezcáis y yo os haga vuestros vestidos para lucir el día en el que os graduéis”.
Aún ahora, treinta años después, cuando llega el silencio de la noche, me parece oír cosiendo a mamá, que no llegó a confeccionar nunca nuestros vestidos de graduación, porque Marlen y yo nos fuimos, contratadas como acróbatas de circo para bailar en la cuerda floja, poco tiempo después de que el hilo que sostenía la vida de nuestra madre se quebrase, y papá vendiese su máquina de coser.

Manuela Vicente Fernández ©

Fuente de la imagen: /www.anuncioneon.es

 

Texto elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

 

 

 

 

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Un comentario sobre “Sigma blues

  1. Me ha gustado ese juego final, la cuerda floja, el hilo de la vida… Si es que, en el fondo, la vida misma pende de un hilo, y las parcas tienen la tijera.
    Triste, pero hermoso. También como la vida misma. Y que mejor título para el melodrama de la costurera, que “Sigma blues”
    Un placer. Y muchos besos

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