Ese amargo aleteo

 

La sangre de tu beso deja un rastro

de luz sobre mi cuerpo cuando pasas.

Anclada de raíz sobre tu pecho

me descubro a mí misma, fragmentada,

siendo una y otra a un tiempo.

Otra en tu boca cuando muerdes, besas,

una en la soledad de tu abandono.

Porque duele el amor que tanto ama,

caratula de sombra al ser de noche.

Y es ahora,

cuando arrecia la fría escarcha del silencio

que tus besos me vuelven de amapola

eólico puñal que no me encuentra.

Sabes que tienes el poder de transformarme

en múltiples luciérnagas que alumbran

el campo fértil de mi larga ausencia.

Es de carne este amor, de sangre y luna

que repite hasta el límite el misterio

de llenar el vacío y agotarse

estirando en tu vuelo mi aleteo.

Oceánico gemido que atraviesa

la ausencia de tu mano en mi costado

de árbol que se retuerce

fecundando

de dolor mis sentidos al caerme.

Es terrible este amor, terco, silente,

que divide mi cuerpo en dos mitades:

Sombra que te descubre, dolorida,

luz que se vuelve fin, cuando amanece.

 

 

Poema publicado en el número 41 de abril de la revista Valencia Escribe

Revista Valencia Escribe

 

 

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