Tocar a una pregunta

Resultado de imagen de dibujos de interrogantes

Alguna vez he hallado una pregunta en el camino.

Una pregunta que me asalta y se abre delante de mí,

como un paraguas o una cometa  invitándome a seguirla.

En tales casos me gusta mirar a la pregunta cara a cara,

acercarme a sus bordes y repasar el lomo de su curvatura

tocar el punto suspendido en el aire, agitándolo,

como un timbre que sonase en medio de la llanura.

Pocas cosas alcanzan la intensidad de un interrogante

abierto en medio de nuestra ruta

pero la mayoría de las preguntas huyen cuando las toco así,

cuando mi mano alcanza ese punto

tan semejante al gemido,

y entonces comprendo que esa pregunta no era para mí,

que otra vez he tocado algo que no era mío,

algo que se preguntaba a sí mismo sin esperar mi respuesta.

Y sigo caminando, tropezándome con los adoquines,

mirando debajo de las piedras, levantando mi vista a los tejados,

buscando detrás de las esquinas,

para ver si doy con otra pregunta descarriada

que sin embargo tenga

el valor de mirarme a los ojos y no huir,

amedrentada,

al sentir mi mano sobre su espalda

y la yema de mis dedos acariciando el punto

que la cierra…  para volver a   abrirla.

 

MVF©

 

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