Sueños de cine

Karman Verdi

 

El padre de Amalia era acomodador de cine. Portaba la linterna para buscar sitios a los que llegaban cuando ya se había encendido el proyector y apagado las luces. Su madre, Luisa, se ocupaba de la limpieza, de recoger los vasos de Coca Cola y los restos de palomitas. Para ambos, el cine era su lugar de trabajo y, en sus días libres, lo último que les apetecía hacer era  ver una película. Pero Amalia estaba hecha de otra pasta. Ella, que había crecido alrededor del cine, se quedaba a ver todos los estrenos que su edad y sus padres le permitían. Sentada en la butaca, soñaba para sus adentros con ser actriz y protagonizar, algún día, su propio film. Cuando la proyección terminaba,  Luisa, papelera en mano y escoba, recorría las filas para encontrarse, más de una vez, con su hija con los cerrados y echa un arco, volcada sobre una de las sillas; fue así, como los sueños de Amalia dieron paso a la que sería su otra pasión: la gimnasia rítmica.

 

MVF©

Ficción basada en la foto, elaborada para el espacio Viernes Creativos de El Bic Naranja

Fotografía: Karman Verdi/

 

 

 

 

 

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