El legado

Mi abuelo amaba el campo y, cuando mis padres y yo íbamos a visitarlo, me gustaba jugar a buscarlo en sus lugares favoritos: la era que estaba bajo la casa, el jardín lateral en el que crecían hortensias y rosales, o en la cima de la colina desde la que se divisaba toda la aldea en su esplendor. Fue en esa cima donde el abuelo, que tenía en propiedad un pequeño trozo de terreno, selló un pacto conmigo para dejarme un lugar y un cobijo para cuando faltase él. Entre los dos plantamos un árbol que elegimos con cuidado, entre las especies más frondosas de la región. Hace ya muchos años que el abuelo partió en su último viaje y yo, cuando quiero recordarle, me siento a la sombra del gran árbol y diviso la aldea mientras me parece oír los consejos que me dió entonces para hoy.

MVF©

Micro basado en la ilustración de  Łukasz Kubiak, elaborado para el espacio Viernes Creativo de El Bic Naranja

 

 

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2 comentarios sobre “El legado

  1. Cuando se dice que plantar un árbol es una de las tres cosas que debemos hacer en esta vida, es por algo como lo que tan bien narras en este precioso relato. ¡Un abrazo, Manoli!

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  2. Los árboles nos anclan a tierra cuando nos apoyamos en ellos y sus ramas se elevan como los sueños. Hay algo de magia en su abrigo, en su sombra en verano, en su quietud.

    Gracias por tus siempre bienvenidas palabras, David. Otro abrazo para ti.

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