Barreras alzadas

No recuerdo exactamente en qué momento nos prohibieron pensar. Las vibraciones que emitían  nuestros pensamientos sobre el medio ambiente desorientaban a los pájaros y enrarecían el aire. Disminuían la energía eólica de los molinos y hacían que se agotase antes la carga de los teléfonos implantados. Si queríamos emitir un pensamiento propio no dirigido digitalmente teníamos que rellenar un formulario expresando el objetivo del mensaje y su destinatario. Este control se hacía también en parte para protegernos de posibles homicidas y terroristas que ideasen un atentado. Manifestar una opinión personal equivalía a ser señalado. Enseguida saltaban las bases de datos y se presentaban en tu casa para obligarte a renegar de tu pensamiento y entregar la multa correspondiente.  Supongo que nos acostumbramos.

Pasó el tiempo y, poco a poco, dejamos de comer carne. Nuestros músculos perdieron elasticidad y teníamos que ejercitarlos como las cuerdas de una guitarra. Nos turnábamos para vigilar las alubias que las ciervas del bosque insistían en robarnos. Tampoco podíamos tomar el sol ni bañarnos porque el agua del mar y de los ríos estaba contaminada y la poca agua potable que fluía a través de nuestros grifos estaba racionada. Nos desinfectábamos en grandes máquinas aerodinámicas que eliminaban en segundos cualquier mínima bacteria. Nadie del pueblo llano osaba tener descendientes, porque solo les estaba permitido reproducirse a los gobernantes. En cualquier caso, nuestra edad útil estaba cifrada por ley en un máximo de cuarenta años. Nos debíamos a la ciencia, que con nuestros ojos, piel, células sanas y huesos, recreaba en el laboratorio a las futuras razas. No había cementerios y las pocas cremaciones humanas que se realizaban era para reciclar en tejidos aquellos residuos que no tenían otro uso aprovechable.

Todo esto comenzó a suceder  poco tiempo después de que convocasen un concurso de cuentos con motivo de una gran conferencia mundial para frenar el cambio climático; por aquel entonces ya comenzábamos a presentir lo que pasaría, pero nuestras barreras mentales nos hacían creer que nuestros miedos eran imaginarios.

Relato escrito para Zendalibros.com 

#COP25