Destierro

Me desmoronan tantas casas deshabitadas,
esas cárceles grises de par en par abiertas
de las que no huye nadie; lo mismo que esas plantas que quedan descubiertas,
aferrándose a un trozo de tierra suspendido enseñando sus raíces al aire.
Me desmorona el cielo, tan plomizo,
cegando el horizonte, deformando
esas nubes con forma de promesa,
llenando el firmamento de fantasmas.
Me desmorona el triste silencio malherido
de la estación vacía,
esa copa del árbol que no alcanza la mano,
el gorrión que busca en el balcón las migas,
este día de junio, roto, descabalgado.
Me desmoronan esas cosas tan pequeñitas
que sostienen con pinzas el deambular diario.
El sonido de un vaso de cristal que se rompe,
la alarma de algún coche que suena en lontananza, una pequeña arista que surge
de repente, un olvido en el súper,
una fuga de agua.
Cuando todo es ambiguo y la tierra se mueve
las cosas más pequeñas son nuestra salvaguardia.
Me desmoronan esas piedras que nunca nombro, tantas cuerdas que intento atar y se desatan.
Cualquier día de junio puede romperse el cielo,
cualquier noche de julio puede desarraigarme,
volverme como esas algas que el mar arrastra:
una mujer con crines que nunca fue nenúfar,
una mujer sin tierra con sus raíces al aire.

2 comentarios sobre “Destierro

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