Punto de partida


Durante años giró como una peonza, dando círculos alrededor de sí mismo: París, Alemania, Holanda, Grecia, Australia, África, India. En todas partes hilvanaba pequeños fragmentos del guión que componía la película de su vida; pero no alcanzaba a verse en el papel principal. Era como un actor secundario, siempre pendiente de escenas de relleno, en la que su relevancia parecía limitarse a dar un paso más hacia la nómada ruta que perseguía.

Cansado de buscar sin encontrar quiso tomarse un respiro y volver sobre sus pasos; atrás, más atrás, hasta el lugar de origen, hasta el punto original de su partida. A medida que iba desandando, poco a poco, su camino, se iba volviendo más y más sutil. Sus ojos grises, cada vez más cristalinos, recordaban el agua del mar, espejos de un cielo limpio. De sus manos se iban borrando las marcas cinceladas con cicatrices, y sus dedos se estiraban, emergentes, señalando al infinito. Hasta su voz perdía timbre, tinteneaba, ondulante, perdiéndose entre la brisa.

Cuando llegó a casa sus brazos parecían alas, sus pies puntos suspensivos.

Se elevó, como el punto de la i, sobre su propia película.

Texto elaborado para la convocatoria de Zenda libros


4 comentarios sobre “Punto de partida

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