La palabra omitida

Cansancio es una palabra que no se pronuncia.
Cuando declina el día y los laureles se tornan en cenizas,
Cuando se seca el agua de la fuente
y las manos excavan en su lucha
de encontrar el vergel en otro cauce
de abrir senderos donde surgen ruinas.
Cansancio es un sonido impronunciable
que el afán de la vida no permite.

Cuando los sempiternos petirrojos
abren sus alas oteando brisa
y chocan con los cables de las torres
de tensión sin que la gran bandada
cambié un milímetro su ruta,
cuando despunta el día en la ventana
sin saber de la noche, lenta, oscura,
cuando las manos se abren a la nada
cansancio es la palabra nunca dicha.

Porque hay un mar esperando veleros
porque hay un norte al que orientar la vida
porque estamos aquí hasta que el viento
nos borre de un plumazo como borra
la duna que se eleva terca, efímera,
porque nacimos para ser heridos
y curar con la sal nuestras heridas,
porque la tierra espera a ser labrada,
y las naranjas brotan encendidas,
porque el vientre del mundo es fértil, joven,
y contiene las almas aún dormidas,
porque el impulso sigue hacia adelante
cansancio es la palabra más inútil.

MVF

Quiero escribirte versos eternos en tu oído

Quiero escribirte versos que suavicen tus noches,

esos versos balsámicos que te abriguen del frío,

que te recuerden siempre que yo estoy a tu lado,

que es imposible irse cuando ambos somos uno.

Quiero escribirte versos que alimenten tu cuerpo,

las estrofas serenas que den vida a tu espíritu,

aliento de alhelíes que se abren al viento,

siseo de alas blancas, elevándose a un ritmo.

Quiero escribir tu nombre en cada planta nueva,

cada arroyo que nace, cada trino de pájaro

que resuena elevando la leve

consciencia de este valle, largo tiempo dormido.

Quiero escribir los versos que eclosionen el vientre

y hagan nacer de nuevo un inocente mundo,

donde tus ojos son mar y faro del barco que navega mis aguas

dando rumbo a la vida.

 

 

 

 

Tontería al por mayor

Mi madre piensa que no sé lo que pasa. Qué manía les entra a todos los mayores con eso de apartarnos de sus asuntos. Que si no nos importa, que si no nos enteramos de nada, que si nos vayamos a jugar. ¡Cuidado, qué están los críos! ¡Venga, vosotros a lo vuestro! ¡Iros a jugar! Cuando les oigo me siento como si fuese una especie de marciano “¡Cuidado, que está el nene!” a veces me da por tirarlo todo para hacer ruido, o ponerme a patalear y llorar a grito tendido. Si soy eso tan peligroso que llaman niño tengo que comportarme como tal ¿no? Es como si de repente te saliese un grano enorme en la cara y al entrar en clase todo el mundo gritase: ¡Cuidado que tiene un grano! y de repente te empieza a escocer ese grano y lo ves al mirar a la punta de tu nariz con los dos ojos juntos como si el grano fuese una duna de arena que no te deja ver nada más. ¡Mamá que tengo un grano! y ella: ¡Anda, no me vengas con tonterías! ¡La de granos que tenía yo a tu edad! pues eso, que los mayores se lían con sus embrollos y nos lían a nosotros como si fuésemos el papel de fumar que usa el abuelo. Se creen que con gritar ¡Qué viene el niño! el mundo se va a detener y que con marcharnos a jugar ya no vamos a saber que no se ponen de acuerdo en nada y que ya no hay quién mande en casa ni en el país ni en el mundo que se va al garete por el agujero ese de la capa de ozono. El otro día pregunté en casa de la vecina que para qué servía un rey y mi padre me atizó una colleja, cuando yo solo quería escuchar una opinión distinta a la de ellos dos, que ni siquiera se ponen de acuerdo en darme una definición. Luego dicen que no me entero de nada y que meto la pata constantemente.

El mundo de los mayores está compuesto de intrigas, mucho peores que las del patio del colegio. Yo, lo que de verdad quiero es que me dejen en paz de una vez, si pudiese me pondría la capa de invisibilidad de Harry Potter, para poder andar a mi bola por casa sin que nadie grite constantemente: “¡Cuidado!” cada vez que entro yo.

(Minificción escrita para los Viernes Creativos del grupo EL BIC NARANJA)