Los otros pájaros

Algunos árboles crecen en el cielo.

Arraigan por entre las nubes

y asoman sus largas ramas los días de viento.

En ellos se columpian los pájaros descarriados.

Los que han perdido el norte y el sur,

los que vuelan muy alto en la lluvia

y suben por encima del temporal.

Llegan cansados. A veces sin un ala,

Incluso sin las dos.

Tienen el tiempo justo de asirse a esa rama

que brota desarraigada de la tierra,

anclada únicamente de la intención.

Son los pájaros que no cantan.

Que miran en silencio a otros pájaros descarriados,

viéndolos caminar al revés,

buscarse en todos los espejos,

volando hacia la noche para encontrar el sol.

Son los pájaros que no tienen cobijo

y no siguen a los demás

porque su brújula no conoce límites

 y solo saben anidar en el corazón.

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Olor a ti

Rumor de pasos,

en la mañana gotas de agua

sobre el jardín.

Llueve despacio

tu voz ausente llena de ecos

llega hasta mí.

Miro mis manos y veo las tuyas

desde algún sueño que no viví.

Quizá soñemos que somos algo:

pedazos rotos de algún violín

que tañe un orbe que muda en cuerdas

nuestras arterias cuando el serrín

de nuestro cuerpo reseco y triste

derrama en versos nuestro sentir.

Leí algún día que la tristeza

puede ser bella como es un blues

desde la herida surgen las notas

que, desgarrándose, llevan a ti.

Hoy te celebro porque otro día

de hace mil lluvias llegaste aquí:

perdido y niño, tu piel olía

amarga y dulce,

floral y ácida, como el jazmín.

Hoy abro el frasco que guarda risas,

rosas y tierra de tu jardín.

Yo lo abro ahora, como dijimos,

para sentirte volar al fin:

libre, infinito, sobre la matrix

que gira y gira mientras tu risa

tal como era, perfecta y clara,

llega hasta mí.

01/09/2021