A otra parte con este cuento

Apagó la tele.  Estaba cansada del cuento de todos los años. La cantinela de felicitaciones estaba por todas partes. No era solo la caja tonta, aunque de esta había sido la culpa desde el principio. Se dirigió al escritorio, encendió el ordenador, abrió el Word y tecleó al dictado de su mente:

«¡Hollywoodienses del carajo! ¡Toda la culpa la tiene el cine! En mis tiempos no pasaba esta mierda. No había centros comerciales y el turrón estaba tan duro como las piedras. ¡Por todos los santos! ¡Si hasta había que partirlo con un martillo! Ahora todos se han vuelto majaras en Happylandia. Aquí todos somos evangelizadores, como en la conquista de América, colonizando las calles con las mentiras navideñas. Solo hay que verles. ¡Pobres infelices!, condenados a repetir todos los años la misma fiesta con las guirnaldas, los blandengues muñecos de nieve y hasta el gordo ese del traje rojo. ¡¡Papá Noel!! ¿A quién se le ocurre? Ni en sus peores pesadillas hubieran previsto nunca nuestros ancestros que en todo Occidente iba a reinar en estas fechas el gordo ese de la campanilla y el saco de caramelos. Solo hay que salir a la calle en cualquier lugar, así sea el pueblo más pequeño y perdido en el culo del mundo, para ver las ventanas engalanadas con pegatinas y postales llenas de renos. Lo que hace el puto sistema de los cojones, que ya desde la escuela les mete a los niños el tonto cuento consumista en la cabeza.

»Hay niños a los que se les muere el padre en Navidad, por Dios bendito, estas cosas pasan. Se muere la gente, se despide a la gente, da igual que sean o no fiestas, nadie para, ni por un momento, la rueda de picar carne. Hay madres que tienen mil agujeros por cubrir y arriesgan el sueldo para comprarle una consola al niño para que no piense que ha sido malo y no se la merece. El puto desastre de siempre. Porque a ver cómo le dices al hijo que su amigo se ha portado como Dios manda y por eso ha tenido mejores reyes ¡y tan mejores, que le han traído la última consola y hasta tres juegos nuevos!  ahí no hay competencia leal posible y esta mierda es la que nos venden para después extrañarnos de que la juventud pierda cada vez más valores. Y venga, foto fantástica de la consola para las redes sociales. Porque ahí si que ya llega la mierda hasta los bordes. Navidad primorosa, Navidad de la buena, de champán y uvas para comerlas aunque sea de aquella manera, bajando y subiendo la mascarilla a la vez que agitas el pasaporte con el certificado de la vacunación covid. Sí, sí, que aquí estamos todos vacunaos, jefe, pónganos otra ronda, y los villancicos siguen cantándole a la mula y al buey entre pandemia y pandemia.

»Da igual lo que digamos en la intimidad. Que cada una o uno agarre el teléfono y le cuente a su mejor amigo o amiga lo que detesta estas fechas, fechas en las que tienes que sonreírle a la suegra aunque te lleves con ella a muerte, o regalarle al jodido de tu sobrino pequeño lo que menos merece. Da lo mismo y ahí estamos todos, masticando uvas pasas y comiendo a mansalva polvorones como borregos, aunque al llegar a una edad nos pase factura subiéndonos el azúcar, mira tú esta, si a nadie le amarga un dulce aunque sea obligándolo. Pues vaya, que todos los años decimos lo mismo los cuatro gatos de siempre: que a ver si aparece alguien y se lleva la Navidad con toda su tontería a otra parte. Que hasta en plena pandemia se abrió la veda, yo no sé si por los niños o por los comercios. Me da igual. Lo que es yo, si me tocara la primitiva, que no la lotería, porque no juego a un premio en el que tengo que gastar más que en veinte quinielas para que me toque menos, yo pagaba con gusto lo que fuese a quien se llevase la Navidad para siempre.

»Qué gustazo, despertarse un año en estas fechas y ver que sí, que todo quisque está esperando vacaciones para celebrar la llegada del invierno, para calentarse junto a la estufa y comer caliente. Sí. Sí. La llegada del invierno, que es bien duro y que mantengan la paga extra pero sin la obligación de regalar consolas a los peques,  chales de cachemira y guantes a  suegras y suegros, entradas para el concierto de año nuevo o el centro de estética. Que está muy bien el espíritu cooperativo y la solidaridad en las empresas si es para rebajar el precio las eléctricas y las gasolineras, que ese sí es el espíritu bueno. Luego ya, que cada quien vea si se junta o no con la family, con los padres o con los suegros, los que los tengan; pero que quiten al gordo ese de los cuernos y los trineos, que ya bastante cornamenta llevamos puesta. Que quiten los putos árboles metálicos de las plazas y dejen de cantar en todos los bares a coro que los peces beben».

Cerró el entrecomillado y acabó de rematar el texto. Sintiéndose más liviana, encendió la calefacción, subió a su blog el escrito y envió el enlace, sin ninguna expectativa, al concurso de Zenda. No aspiraba a ganar nada, solo a poner por escrito lo que sabía que pensaba mucha gente.

#unaNavidaddiferente

2 comentarios sobre “A otra parte con este cuento

  1. Manoli, estoy contigo. Todo es una pura competencia por ver quién vende más, a costa incluso de las ilusiones de los más inocentes, porque si no puedes como bien dices, como le explicas que no le han traído esa consola. Algún día reventará todo esto!!
    Besicos muchos.

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  2. Gracias, Nani. Lo cierto es que el capitalismo no tiene techo, solo clientes. Como bien dice el dicho: «Hay gente tan pobre que solo tiene dinero», qué esclavitud vivir así y qué tristeza.
    Como siempre, un placer contar con tu visita. Un abrazo grande.

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