Todo el tiempo

Pienso en ti y pensarte, al igual que sentirte, es todo el tiempo.

Como si pensamiento y sentimiento fuesen

un coexistir igual que el sol y el aire,

el ruido y el silencio.

Una aprende a morirse en cada parte

que le arranca la vida sin indultos,

igual que aprende a renacer no siendo

ese único fragmento de sí misma

que sellando su grieta forma un cuerpo

surgido de otros seres como surge

del árbol roto y seco un árbol nuevo.

Estoy hecha de ti y de mis orígenes,

por mi sangre elegida y heredada

corre libre el caballo del tiempo

del que cabalgas tú y aquellas almas

que me han hecho llegar a escribir esto.

Una aprende a llevarse, a conducirse,

a completarse en su memoria

alzando su pie sobre el recuerdo.

Los regalos ocultos

Para esta foto propuesta por el colectivo ‘Valencia Escribe’ en un día tan especial como el de hoy, he escrito mi especial propio (no es un relato, ni un poema, ni un micro, ni nada que se llame literario o se pueda etiquetar):

Todas las cosas (pocas) que no te dije
pero leíste en mis ojos, en mis manos,
en mis silencios, son, acaso, las mismas
que tú no me dijiste, las que guardaste entre tus manos, en tu pecho, y quisieras
haberme dicho.
Todas las cosas que no quise decirte y que te dije por no saber retenerlas a tiempo
(y el destiempo es como un asaltante de caminos) son, acaso, las mismas que tú me dijiste sin querer, sin pensar en decírmelas.
Todas las cosas que olvidé en el armario para dártelas, cual tesoros de un cofre protegido, son, acaso, las mismas que guardabas para dármelas en tu secreto cofre, siempre oculto.
Todas las cosas que no hallamos, todas las cosas que perdimos, se conservan ahora en nuestros cofres, esperando el momento de reunirlos.

Todos los lugares

Yo voy a casa,
paso por árboles llenos de otoño,
piso hojas secas al caminar.
No cantan los vencejos, no hay alondras,
el bosque está en silencio pero yo,
yo voy a casa.
Manos de niebla visten abetos,
cierran senderos, humedecen mis pies,
tiran de mi pantalón ramas resecas,
topos horadan los caminos,
ladran sin ganas algunos perros
como si sus gargantas engendrasen aullidos
para amedrentar a los intrusos,
pero yo no soy una intrusa,
aunque mi apariencia sea ambigua
como la de ciertas setas:
ojos con nieve y piel dura de tierra,
manos de aire y pies de raíces viejas,
cualquier animal de bosque puede desconfiar,
de mi aliento emana un lecho verde
y mis brazos son ramas leñosas de vid,
mi vino es agrio y mi garganta espuma
burbujas de cristal,
mi cuerpo es una mezcla de otros cuerpos pero a mí me dan lo mismo los faunos,
los centauros, los animales de dos pies…
Me dan igual, porque ya conozco este bosque, sé que de noche es un desierto de graznidos (cuervos invisibles a los ojos) y de día
todo vuelve a nacer.
Por eso no me importan las mentiras,
las reclamaciones que caen sobre mi cesta, las amanitas, los pájaros carpinteros,
o la ardilla que roe su nuez en un rincón.
Yo voy a casa.
No importa cual sea el camino ni el lugar.
Con mi mochila de miedos avanzo,
en forma de globos de helio por soltar.
Los ruidos de cascadas o las señales de humo a mí me dan igual.
Con la noche y el día entre mis mangas,
trenzo con mis pisadas el camino al andar.
Otros corren detrás de los tranvías,
van a hípica tres veces por semana
hacen sudokus al salir de trabajar.
Yo voy a casa.
No tengo prisa ni hora de llegada,
no tengo que avisar.
Yo camino en el bosque con mis cosas, aunque ninguna de ellas sea yo,
meto mis dedos en el hueco de los árboles
para extraer su savia.
He tirado el reloj.
El sol también va a casa cada día.
Ya somos dos.

Un día de estos

Un día de estos escribiré.
Me sentaré a escribir y soltaré
las letras encogidas,
las que yacen debajo de la cama,
de los tiestos de las plantas del balcón.
Las viejas letras, colgadas de las ristras
de cebollas, esas
que pican en los ojos, puñeteras,
y dejan
su acidez en la piel.
Las vocales redondas y cerradas
que han rodado enredándose
en mis pies,
las tercas consonantes descolgadas
que estorban los armarios,
las esquinas,
y me hacen dar traspiés.
Quizás, algún día de estos,
me atreva con las otras,
con las oscuras letras desterradas,
las dobles,
los porqués,
los solitarios acentos exiliados,
el ese, el este y el aquel.
Me asomarán debajo de la manga,
mientras compro manzanas en el súper,
los verbos descompuestos, las elipsis,
todas aquellas letras
que nunca escribiré
y tirarán de mí pidiéndome salida,
yo las disfrazaré
de siniestras ficciones malheridas
o de comedias negras sin saber
que cuanto más las vista y las camufle
más hablarán de mí.
Un día de estos, sí,
en cualquier momento,
me sentaré a escribir.

Los otros pájaros

Algunos árboles crecen en el cielo.

Arraigan por entre las nubes

y asoman sus largas ramas los días de viento.

En ellos se columpian los pájaros descarriados.

Los que han perdido el norte y el sur,

los que vuelan muy alto en la lluvia

y suben por encima del temporal.

Llegan cansados. A veces sin un ala,

Incluso sin las dos.

Tienen el tiempo justo de asirse a esa rama

que brota desarraigada de la tierra,

anclada únicamente de la intención.

Son los pájaros que no cantan.

Que miran en silencio a otros pájaros descarriados,

viéndolos caminar al revés,

buscarse en todos los espejos,

volando hacia la noche para encontrar el sol.

Son los pájaros que no tienen cobijo

y no siguen a los demás

porque su brújula no conoce límites

 y solo saben anidar en el corazón.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Olor a ti

Rumor de pasos,

en la mañana gotas de agua

sobre el jardín.

Llueve despacio

tu voz ausente llena de ecos

llega hasta mí.

Miro mis manos y veo las tuyas

desde algún sueño que no viví.

Quizá soñemos que somos algo:

pedazos rotos de algún violín

que tañe un orbe que muda en cuerdas

nuestras arterias cuando el serrín

de nuestro cuerpo reseco y triste

derrama en versos nuestro sentir.

Leí algún día que la tristeza

puede ser bella como es un blues

desde la herida surgen las notas

que, desgarrándose, llevan a ti.

Hoy te celebro porque otro día

de hace mil lluvias llegaste aquí:

perdido y niño, tu piel olía

amarga y dulce,

floral y ácida, como el jazmín.

Hoy abro el frasco que guarda risas,

rosas y tierra de tu jardín.

Yo lo abro ahora, como dijimos,

para sentirte volar al fin:

libre, infinito, sobre la matrix

que gira y gira mientras tu risa

tal como era, perfecta y clara,

llega hasta mí.

01/09/2021

Serigrafía

Palpebras pechadas. Aguias facendo círculos.

Vexo un ceo aloumiñado por ollos negros e azuis.

Palpebras abertas. Chora un bebé no camiño

entre as saias da súa nai adormece rapidiño.

Bamboleo. Pasan trenes,

igual que pasan as vidas.

Teño un axouxere sempre na ventá

para que entren contentos os bos espíritos.

Din que este inverno veu seco

máis a miña casa garda no seu ventre

unha lagoa de augas rotas e profundas.

O albor do sono desperta

crece unha planta fermosa

mentres as verbas se ocultan.

Ilustración: Minjae Lee

https://www.oldskull.net/ilustracion/minjae-lee/

Inmersión

Los azules de los cielos bajo el agua se ven turbios:

peces que se tragan peces.

Las escamas de mis dedos se despegan de tu piel,

buceo entre lodo y te pierdo.

Sigo tu rastro en el fondo,

añorando, presintiendo

las ondas que anuncian tus branquias.

Estoy aquí, junto a ti,

Mis pulmones son dos puertas.

Tritón tiene su martillo

y yo tengo mis maneras.

Nunca fui iceberg ni quise tampoco ser

sirena entre la marea

solo soy un alma errante que navega sin timón,

no tengo barca ni velas.

Pero desciendo

contigo

tan solo tienes que abrir los ojos

si quieres verme.

La palabra omitida

Cansancio es una palabra que no se pronuncia.
Cuando declina el día y los laureles se tornan en cenizas,
Cuando se seca el agua de la fuente
y las manos excavan en su lucha
de encontrar el vergel en otro cauce
de abrir senderos donde surgen ruinas.
Cansancio es un sonido impronunciable
que el afán de la vida no permite.

Cuando los sempiternos petirrojos
abren sus alas oteando brisa
y chocan con los cables de las torres
de tensión sin que la gran bandada
cambié un milímetro su ruta,
cuando despunta el día en la ventana
sin saber de la noche, lenta, oscura,
cuando las manos se abren a la nada
cansancio es la palabra nunca dicha.

Porque hay un mar esperando veleros
porque hay un norte al que orientar la vida
porque estamos aquí hasta que el viento
nos borre de un plumazo como borra
la duna que se eleva terca, efímera,
porque nacimos para ser heridos
y curar con la sal nuestras heridas,
porque la tierra espera a ser labrada,
y las naranjas brotan encendidas,
porque el vientre del mundo es fértil, joven,
y contiene las almas aún dormidas,
porque el impulso sigue hacia adelante
cansancio es la palabra más inútil.

MVF