La prueba

El agujero era angosto y la zarigüella hubo de encoger y contorsionar de mil formas diferentes su pequeño cuerpo para poder pasar. Una vez dentro, comprobó que la luz, aunque débil, era suficiente para anidar. No podía sospechar que la luz, lejos de ser amiga, procedía de una cámara, ni que el experimento, cual extraño tranvía de la suerte, estaba a punto de arrancar.

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Minificción elaborada para la web de escritores solidarios cincopalabras.com

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La fuga

LA FUGA

Cuando llegaron a rescatarles encontraron la isla vacía. Habían tardado tanto en aunar recursos y personal que el esfuerzo resultó en vano. Rastrearon el lugar sin hallar resto alguno de la tripulación. Nada. O las coordenadas estaban equivocadas, o todo el colectivo había sido rescatado ya. Después de horas de infructuosa búsqueda decidieron irse. Nunca supieron que todos los náufragos habían arrojado al mar, muy lejos de allí, sus dispositivos al llamarles ni que, desde otra isla más lejana, conversaban tranquilos bajo la protección de una recóndita cueva que nadie podría localizar.

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Minificción elaborada para la página solidaria Cincopalabras.com

Micro leído en Onda Cero Sierra con la voz de la escritora argentina Gabriela Vázquez

Rosa rosae rosam

El olor de la rosa turba el sentido de Aurora. Al acercarse a la flor una espina se introduce, cual una fina aguja, en su dedo índice. Los pétalos rosa son ahora de un carmesí intenso, de un rojo sangre que demuestra la metáfora de la sangre azul. Aurora cae desplomada en un sueño de mil años mientras su padre, el rey Bartolo III, sentado frente a un suculento desayuno en la terraza, deja caer la taza sobre el suelo de adobe, sin llegar siquiera a oír el impacto de la fragmentación. Solo Maléfica ríe, sin ver, complacida como está en el éxito de su sortilegio, como su hijo cabalga, desde el ocaso de los tiempos, hacia el bosque impenetrable en el que la durmiente le espera para casarse con él.

 

Propuesta elaborada para ENTC bajo la premisa del color “rosa”

 

Resultado de imaxes para dibujos de rosa

Primera piel

El lago de los desvestidos era parada obligada antes de llegar al convite. Uno sabía, o debía saber, que una vez escogida esa ruta no habría retroceso posible. No se podía entrar en la fiesta sin haberse bañado en el río. Los invitados entraban con desgana, algunos con vendas en los ojos, que  sólo eran capaces de desatar minutos antes de alcanzar la orilla. Los más valientes se enfrentaban, con las entrañas encogidas, al temible espectáculo de ver a sus semejantes desnudos, con su primera piel, lastimada, surcada por las mentiras, las trampas, los caminos que habían recorrido antes de llegar allí. Era habitual ver mujeres a las que les salían brazos a mitad de la espalda o de la cintura, mujeres que habían llevado tantas cargas que parecían pulpos, otras estaban sin rostro, como si el suyo hubiese podido ser cualquiera, perdido en el ninguneo que habían sufrido, pero, con todo, lo que más impresionaba era ver hombres corpulentos quedarse a medio torso al desvestirse, hombres puzles, recortados entre las aguas, como trozos de atlas perdidos. Y los jóvenes. Que aparecían siempre con los brazos entrecruzados, ocultando su identidad a modo de escudo. Solo al llegar a la orilla se hermanaban todos, y caminaban hacía el convite vestidos de ellos mismos.

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Sueños de cine

Karman Verdi

 

El padre de Amalia era acomodador de cine. Portaba la linterna para buscar sitios a los que llegaban cuando ya se había encendido el proyector y apagado las luces. Su madre, Luisa, se ocupaba de la limpieza, de recoger los vasos de Coca Cola y los restos de palomitas. Para ambos, el cine era su lugar de trabajo y, en sus días libres, lo último que les apetecía hacer era  ver una película. Pero Amalia estaba hecha de otra pasta. Ella, que había crecido alrededor del cine, se quedaba a ver todos los estrenos que su edad y sus padres le permitían. Sentada en la butaca, soñaba para sus adentros con ser actriz y protagonizar, algún día, su propio film. Cuando la proyección terminaba,  Luisa, papelera en mano y escoba, recorría las filas para encontrarse, más de una vez, con su hija con los cerrados y echa un arco, volcada sobre una de las sillas; fue así, como los sueños de Amalia dieron paso a la que sería su otra pasión: la gimnasia rítmica.

 

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Ficción basada en la foto, elaborada para el espacio Viernes Creativos de El Bic Naranja

Fotografía: Karman Verdi/

 

 

 

 

 

Tres microficciones (Cinco Palabras)

ESTACIONES (Julio II)

La vida es un TREN en el que vamos compartiendo tramos de destino. Los trenes son muchos y, algunos pasan varias veces, pero el ORGULLO juega malas pasadas, y los hay que no quieren subirse a un tren de cercanías, por esperar un tren de destino directo. Su LIGEREZA les hace creerse dueños de su viaje, y así van, dando tumbos, en un CAMINAR que les lleva hasta el final de la noche, hasta el final del mundo, donde la aurora BOREAL abre sus ojos.

 

(Palabras propuestas por: Fundación Talgo)

 

SINFONÍA EN DO VITAL (Julio I)

Una vez leí que no hay mejor NOVELA que una vida bien contada. El CONCIERTO, marcado por el ritmo de los pasos a través de los años. La vida concentrada en ese beso, AMIGOS, un PASEO, un tazón de CHOLOCATE. Aquello que queremos y que queda de pie cuando nos vamos.

 

(Palabras propuestas por la pianista: Rosa Torres-Pardo)

 

FUGAZ ESCAPADA (Junio IV)

El GARBANZO negro huyó despavorido de la fuente al ver el inminente ataque de los PAPANATAS que, después de su CÓMICA actuación parecían tener hambre. La VENTOLERA que se desató al abrirse la puerta, hizo que el garbanzo desertor quedase justo a tres centímetros del plato de MELOSA, la gata, que, viéndolo rodar por el suelo y pararse junto a sus dominios, se lanzó, juguetona, a empujarlo con sus patitas hasta hacerle salir afuera. “Hoy es mi día de suerte”, pensó nuestro protagonista, justo un momento antes de que una de las gallinas camperas se lo tragase.

 

(Palabras propuestas por la actriz: Lucía Álvarez)

 

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Microficciones en menos de cien palabras, elaboradas para la Asociación de Escritores Solidarios Cinco Palabras (palabras propuestas en mayúsculas)

http://www.cincocincopalabras.com

El Regalo

 

Foto propuesta por Elisa de Armas

 

Asunción nunca había tenido hijos, o eso decían, todos los vecinos del barrio. Pero en el balcón de su casa siempre estaba tendida ropa muy pequeña, tan diminuta que parecía hecha para muñecas. Que sabía coser y lo mismo te hacía un dobladillo que una falda de faralaes, también lo sabían todos. Un día, con la excusa de acortarme un abrigo me mandaron a su casa. Fue entonces cuando descubrí una colección de muñecas de porcelana –con la cara como la de doña Mercedes, la portera, solo que más blanca—Las muñecas estaban por todas partes: en un rincón del recibidor principal, en el armario de la sala, en una silla de la cocina, y hasta en un cesto. Nunca en mi vida había visto tantas.

―¿Te gustan? –me preguntó al verme boquiabierta mirándolas.

―Algún día te haré una –prometió―  ¿Cuándo es tu cumpleaños?

―El 17 de mayo― respondí, casi sin darme cuenta.

Pasaron un par de años y un día, viendo la tele a la hora de la comida en casa, todos vimos las muñecas de doña Asunción. Supimos que las elaboraba desde hacía años porque en el reportaje también salía ella. Y supimos que había comenzado a hacerlas justo después de perder a su única hija, siendo apenas un bebé. La gente no sabe nada de nadie, pensé al momento y, antes de acabar de ver el reportaje, ya estaba llamando al timbre de su casa.

―Sabía que ibas a venir  ―dijo, al abrirme la puerta.

―¡Has salido en la tele!—solté, como si fuese una hazaña.

―La tele es una caja tonta que solo sirve para engañar a la gente –me respondió― Todo parece importante en ella, pero no hay nada extraordinario en hacer muñecas.

―Tú si lo eres –respondí en un arranque.

―Toma, te voy a regalar mi preferida,  la muñeca que más quiero –dijo, mientras me tendía una muñeca monísima, que no tenía la cara blanca, sino muy morena.

―Hoy no es mi cumpleaños, falta mucho para el mes de mayo –repuse como una boba, acordándome de su promesa.

―Quizá no. Pero es el día en el que estás preparada para llevarla. No todo el mundo es capaz de apreciar la diferencia.

 

Cuento basado en la imagen, elaborado para los Viernes Creativos de Ana Vidal

El Bic Naranja

 

La piel atópica

En un mundo atópico, donde el mínimo roce de verdad araña la piel, Piedad se despierta. Hoy, el jefe le ha mandado un extraño trabajo: la comprensión. Para hacerlo bien, viaja a los barrios más pobres y escucha con atención el dolor del ser aislado, ese que no teme a la tristeza sino a las tres amenazas: la enfermedad, la carencia y la soledad impuesta, en un mundo que solo sabe respirar robando el aire del otro.

Minificción “en menos de cien palabras” con las palabras propuestas: Piedad, comprensión, atención, soledad y respirar.

Elaborada para la web solidaria:

Cinco Palabras

 

Resultado de imagen de fotos de barrios marginales

Como a través de un espejo

Siempre que leía el cuento de Alicia,  Catalina se sentía reflejada. Veía a la reina de corazones en la matriarca de la familia, dispensando órdenes a diestro y siniestro a la hora de servir la mesa; dispuesta a cortar cabezas al menor fallo. Veía al conejo blanco, en la figura de su gato, Blanquito,  aparecer en cualquier momento para recordarle con su reloj que, otra vez, había olvidado jugando los deberes de la escuela. Con todo, era en esa extraña celebración del No Cumpleaños, en la que Catalina, en su yo de Alicia, veía la celebración más absurda de los domingos en su casa, con todo el clan familiar debatiendo qué novio escogerían para ella cuando cumpliera dieciocho años  

Minificción elaborada a partir de la imagen para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Foto: Hajime Sawatari – Alice

Historias de barrio

Marcelo era hombre de pocas palabras, taciturno y con andar cansino por sus muchas dolencias y gastados años, aunque no por eso dejaba pasar ni un día sin cumplir con su cita diaria. Porque si algo no podía negarse de su persona era el ser, por encima de todo, un hombre de ley, de los que ya no quedan, vamos. Puntual y fiel, aunque las rodillas se le arqueasen y tuviese que cambiar de mano el bastón para cargar la compra, Marcelo no le fallaba nunca a Aurora. Amigos desde niños, vecinos, y huérfanos de cariño ambos, ninguno tenía el cuerpo para practicar el amor en los tiempos del cólera, pero sí para ayudarse el uno al otro. En la casa, siempre encendida, color violeta de Aurora, no faltaba a media mañana ni a media tarde el tazón de leche con una nube de café de Marcelo. Comían, sin grandes dispendios, a veces un pollo asado que él compraba en el puesto del barrio, acompañado de unos sabrosos pimientos que cultivaba ella. A fin de mes, arrejuntaban sus pensiones y podían comer con igual disfrute un bocadillo de sobreasada o una tortilla a la francesa hecha con todo el mimo del mundo y, eso sí, con los huevos de las gallinas que campaban felices y libres por el huerto. Comían, sí, y además de comer, hablaban. De los viajes que nunca hicieron, de los libros que habían llegado a la sección de novedades de la bibilioteca, de lo mucho que iba cambiando el barrio con los años. De todo lo que se le venía a las mientes. Después, se despedían hasta la mañana siguiente y, por las noches, se soñaban el uno al otro, en sus respectivas casas y camas, habitando, muy juntos y felices, dentro de la misma historia.

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Minificción elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Foto por: Elena Mújier Gutiérrez