Ante el mar

Al salir el sol disgrega la incertidumbre nocturna. En la noche cualquier ruido es gigante, cualquier temor es colosal. La nacarada luz de la luna eleva las mareas del alma, que se baten contra el cristal del tiempo en duelo desigual. Pero amanece. Siempre amanece. Pese al temblor de la tempestad. La victoria es dejar de tener miedo. Entrar de pie en el mar.

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Texto para la IV semana de octubre en la web solidaria cincopalabras.com

(Palabras propuestas: sol, incertidumbre, colosal, luna, victoria)

Manteniendo el fuego

Cuando todo estalló, ellas tomaron de la mano a los niños y los escondieron bajo sus hábitos, a los hombres los refugiaron dentro de los confesionarios. Desde allí, a través de las cortinas, las vieron acercarse a la luz del ventanal de la iglesia, para entonar los salmos. Desde allí, desde la oscuridad del asiento del confesor, las oyeron rezar sin que a ninguna de ellas le fallase la voz, sin que el ruido, cada vez más próximo, de los aviones, turbase su concentración. Desde allí las amaron, las temieron, las admiraron. Desde allí, se sumaron, en secreto, a media voz, a los rezos. Desde allí se sintieron reconfortados, y encontraron, en ese momento único, estremecedor, el pálpito de la llama, de la esperanza, la reconciliación.

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Colaboración, basada en la foto propuesta,  para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Bosquejos de mujer

Vivo en el bosque, aunque algunos días me fugue a través de mis raíces y asome en la ciudad. Puedo emerger con mi antigua forma, aquella hecha de nube, sueños, dudas, semejante al espectro de una mujer. Los viandantes me confunden mientras camino y me preguntan la hora, la dirección de un museo, el número de una línea de autobús; a veces les respondo: les digo la hora fijándome en la posición del sol, aventuro una calle cualquiera, invento un número y ellos se van, inquietos, tratando de ignorar la alerta que se dispara en su interior y pronto olvidan, porque el ruido de sus mentes secuestra sus sentidos y acapara su atención. Una vez me siguió un viejo olmo. Olía a madera quemada y crujía al pisar sus propias hojas, desprendidas al caminar. Apenas me dio tiempo de adentrarme, localizar la red de mi sustento, emerger por mi tronco de cien años y estirar mis ramas de nogal.

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Texto para la convocatoria de color marrón

62. Bosquejos de mujer (MVF)

Deconstrucción

Cuando llegó el momento de marcharme a otra ciudad decidí desmontar mi casa. Tal como había hecho para construirla comencé por quitar las tejas, para ir descendiendo hasta el armazón. Confieso que las vigas del ático me llevaron algo de tiempo, al igual que el suelo, que hube de ir devastando por capas para hacer rampas y bajar al piso inferior. Para derrumbar las paredes de los tabiques hube de tomar medidas especiales y ayudarme de un arnés. Los muebles los reciclé todos plegándolos por módulos y empaquetándolos con cuidado en un archivador.

Cuando por fin hube terminado, metí la casita en mi maletín portátil y subí al avión.

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El mundo bicolor

Me encontré rodeada de sombras a plena luz del día. Todos los rostros se escondieron de mí. Nadie tenía un gesto hacia mi herida. Me volví invisible, aunque seguía tropezando con cuerpos opacos a mi alrededor. Desistí de hacer señales y caminé, curtiendo mi herida con el viento y secándola al sol. Poco a poco, las sombras comenzaron a tomar forma humana pero para entonces mi herida y yo éramos tan solo una y me abrí paso entre ellas, apartándolas de mi campo de visión.

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Texto sobre la foto propuesta y elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja 

La imagen puede contener: calzado

Foto realizada por el estudio Archstudio recreando una boutique con espejos interiores

 

Cómplices hasta el final

Laia lame mis heridas cuando llego a casa rota y me tumbo en el sofá. Laia nunca hace preguntas. Si la cena no está lista le da igual quedar sin cenar. Laia no me exige nada. Si duermo hasta mediodía vigila la entrada y me despierta, retirando las mantas despacio, si ve que  vas a llamar. Laia es mi cómplice en todo y finge alegrarse siempre cuando te ve en el portal. Laia nunca dice nada, pero se que enseñará sus dientes cuando yo le diga: “¡Ya!”

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#historiasdeanimales

Para zendalibros.com

 

Sin carnet de identidad

Luna actuaba en todo como su madre de adopción. Ladraba de noche cada vez que escuchaba un ruido cercano procedente del exterior. Comía comida para perros y movía el rabo igual. No le gustaba el pescado ni los ratones y olfateaba el ambiente cuando salíamos a pasear. Marcaba los alrededores de la finca con sus micciones y recogía el periódico que el chico del reparto dejaba a medio cuerpo en el buzón. Cuando la sacaba al parque insistía en intentar congeniar con los enemigos que la madre naturaleza había dispuesto contra  su especie, sin atender a mis tirones ni a las regañinas de los demás.  Su noble entendimiento no hacía división alguna entre sus sentimientos y las absurdas reglas que regían la realidad. Cuando regresábamos a casa, para calmar su rabia, Luna daba un buen número de vueltas por el terreno, olisqueando cada rincón antes de proceder a sellarlo con sus orines, asegurándose de que en su ausencia no había entrado nadie más. Después, buscaba a la vieja Tula que, cansada de sus muchos años,  despertaba de su siesta para dejarle un sitio, a la par que lamía su piel retirando cualquier resto de suciedad. Sí, Luna vivía en su burbuja, ignorando que maullaba en vez de ladrar, sin reconocerse a sí misma,   hasta que llegaste tú, con tu gato, y su verdadera naturaleza comenzó a despertar.

#historiasdeanimales

Ficción elaborada para el concurso de zendalibros.com

Resultado de imagen de Cuadros de perros y gatos
Fuente de la imagen: Pinterest

 

 

Las madres

La niña Paula estaba acostumbrada a cuidar de su madre Sara, porque sabía que en su familia las madres no eran como las demás. Jugaban juntas, dormían juntas y, cuando la que debía ejercer, se caía de sueño y cansancio la más joven calentaba leche para cenar. Después de todo, ella y su madre casi tenían la misma edad. El dígito que las separaba era muy flexible y, a veces, se curvaba hacia atrás. La abuela Visi, para no ser menos, cuidaba de la Bisabuela Inés, y la beba, que pronto nacería, con toda probabilidad pronto iba a tener que cuidar de las cuatro también.

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#invirtiendoelorden

Coordenadas sin Google maps

En un mundo paralelo, el yo pasado de una mujer de los años veinte se roza con su yo de colegiala del año dos mil, separados por una débil cortina que el viento convierte en portal. El yo de María va, como la canción, un pasito pa’ alante ochenta años y un pasito pa atrás hacia el yo de Inés. El símbolo entre los dos yos une la brocha y el rodillo que pinta en futuro una A en el pasado de un círculo, y solo los pájaros que sobrevuelan ese paralelo y atraviesan la neblina de sus cabezas logran imprimir en sus trazos una A gigante de Ámerica, como única coordenada de ese portal.

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Minificción elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja, bajo la propuesta: COLLAGE

Despistes

Me busqué por toda la casa sin saber donde había dejado la cabeza, qué había sido de mis piernas ni dar con mis caderas por ningún lugar. Harta de no encontrarme, me dirigí al cuarto de la colada para darme un baño de color. Fue al abrir la puerta de la lavadora cuando mis piernas asomaron y pude ver mi cabeza, al fondo, desorientada y confusa como si el centrifugado fuese su primera vez.

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Minificción para los viernes creativos de El Bic Naranja (WordPress)