El homenaje

Su excelencia y arzobispo, monseñor Valverde, se preparaba para asistir al homenaje con el que las hermanas del convento de Santa Clara querían obsequiarle en el día de su  patrona,  como principal benefactor que era de su santa orden. En toda la comarca y parte de los alrededores, eran conocidos los dulces de la congregación. Los buñuelos y el tocino de cielo de las monjas podían conquistar al más austero de los ascetas. El arzobispo, como buen amante de  ancestrales tradiciones,  consentía en dejarse agasajar si eso convenía al espíritu de las religiosas, cuya comunidad no solo había crecido en los últimos tiempos, sino que despuntaba como una de las mejores en cuanto a organización y recaudación de fondos se refiere.

Cuando llegó, a las doce en punto del mediodía, para celebrar la homilía, las hermanas lo recibieron afectuosamente y él puso todo su empeño a la hora del sermón en resaltar las virtudes de la orden y el recuerdo de la Santa que había otorgado el nombre a la fundación; a resultas de su buen hacer, los fondos recaudados superaron todas las expectativas y monseñor, una vez acabada la ceremonia religiosa, se dispuso a dar buena cuenta de los entrantes que las monjas habían dispuesto a modo de compensación.

Después de los aperitivos y los entremeses, las hermanas sirvieron un  primer plato compuesto de  pato a la naranja con guarnición  de verduras de la huerta caramelizadas, cuya fina tersura se derretía en el paladar, todo ello regado por uno de los mejores vinos, también cosecha del propio convento, que basaba en la tradición vinícola buena parte de sus ingresos. Acompañaban al arzobispo sendos cardenales, habituales confesores de las hermanas, que no quedaban a la zaga en cuanto a la cata de vinos y degustación de carnes se refiere.

Como segundo plato sirvieron bacalao a la cazuela con gambas y pimientos rellenos, que el buen arzobispo degustó también con abundante vino, a la par que ambos cardenales, cuyas mejillas encendidas delataban los vasos que entre pecho y espalda iban endosando en el cuerpo.

Entre plato y plato, monseñor Valverde iba aflojando más y más el cinturón de su pantalón,  que terminó por aflojarse del todo al llegar los postres.

Cuando sus dedos, blancos y refinados, se alargaron para alcanzar un buñuelo, monseñor  apenas era capaz de respirar de la congestión que sentía.

ꟷNo puede dejar de probar la joya de nuestra cocina, monseñor –apelaba sor Ángela, aportando más  bandejas de  pasteles.

No uno ni dos, sino hasta cuatro o cinco buñuelos, amén de otros tantos tocino de cielo,  acabó degustando el homenajeado, antes de hacer el brindis y otorgar la bendición anual.

Aquel día permanecería por siempre grabado en la memoria de las hermanas de santa Clara, las cuales, no escatimaron gastos al encargar una placa con el nombre del arzobispo y ofrecer visitas guiadas hasta la tumba de su excelencia, que encontró la muerte al poco de acabar el refectorio, justo después del brindis en el que hizo mención, como todos los años, de la generosa cantidad que,  en caso de fallecimiento, legaba a la congregación de las religiosas.

 

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Jan Brueghel: La visita a la granja

 

Relato elaborado para la página Relatos Compulsivos (Google +) en la que obtuvo el segundo puesto en el Concurso de Navidad  bajo el tema La Gula, organizado por dicha página.

 

Antagonistas

Los gatos de Asunción eran los gatos callejeros, los abandonados, los sin dueño. Ellos solos se dirigían hacia el improvisado hogar adoptivo que la buena de Asun les procuraba: la antigua casa paterna, con sus musgosas escaleras y su jardín cubierto de setos y arbustos descuidados, tenía siempre las puertas abiertas para uno más. Cuando llegó aquel gato malherido, al que le faltaba un ojo y varios platos de comida, los otros gatos lo rechazaron. Asunción se extrañó; nunca en toda la historia de su asilo gatuno había visto una actitud igual. Sorprendida,  se acercó al gatito marginado para prodigarle atenciones. Fue entonces cuando entendió el motivo del rechazo. El gatito no venía solo, lo seguía, intentando esconderse entre las matas sin conseguirlo, un perrito igual de escuálido que, con el único ojo que le quedaba, los espiaba como un radar moviendo la cabeza desconfiado.

Microrrelato elaborado para el espacio ENTC bajo el tema: Perros y/o gatos

http://estanochetecuento.com/antagonistas-manoli-vf/

La mujer invisible

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  imagen publicada en la red ENTC bajo el lema: La mujer rural

 

Cuando Juan llegó a casa le extrañó el profundo silencio. Buscó a Dolores por todas partes, llamándola a gritos. «¿Dónde se habrá metido, la loca esa?» bramó en voz alta.  «¡Sabe que quiero comer a las dos!». Se dirigió a la cocina y le sorprendió no ver sobre los fogones nada dispuesto. «¿Y qué como yo ahora? ¡Se habrá dormido entre las lechugas y los pimientos!».

Bajó las escaleras y se dirigió a la huerta «¡No sea que le haya pasado algo y ya tenemos el día arreglado!» farfullaba. Pero en la huerta no había ni rastro de Lola. Furibundo, regresó a la hacienda dispuesto a comer lo que encontrara, chorizos o queso, que siempre había. Cuando entró de nuevo en la cocina le llamó la atención un sobre que estaba sobre el mesado y en el que no había reparado antes.

«Querido Juan:

He decidido marcharme, ahora que ya no me necesitas. He cumplido como madre criando a nuestros hijos, y como hija cuidando de tus padres y de los míos, como esposa estoy harta, puesto que siempre he sido invisible salvo para atender tus necesidades. Por una vez voy a darte la razón desapareciendo».

Relato publicado en  Octubre 2016 en la web literaria ENTC Bajo el lema: La mujer rural.

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