Sigma blues

Mamá cosía. Desde bien temprano en la mañana, oíamos el ruido de su máquina de coser. Cosía los pantalones de trabajo de nuestro padre, los agujeros de los calcetines, los rotos de los bolsillos de los abrigos, los fondos de los pantalones que nos quedaban largos pero, sobre todo, mamá cosía vestidos y trajes para sus clientas. Telas finísimas y muy caras, que nos dejaba acariciar a Marlen y a mí: “¡Mirad, niñas, qué sedas! lo bien que os sentarán cuando crezcáis y yo os haga vuestros vestidos para lucir el día en el que os graduéis”.
Aún ahora, treinta años después, cuando llega el silencio de la noche, me parece oír cosiendo a mamá, que no llegó a confeccionar nunca nuestros vestidos de graduación, porque Marlen y yo nos fuimos, contratadas como acróbatas de circo para bailar en la cuerda floja, poco tiempo después de que el hilo que sostenía la vida de nuestra madre se quebrase, y papá vendiese su máquina de coser.

Manuela Vicente Fernández ©

Fuente de la imagen: /www.anuncioneon.es

 

Texto elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

 

 

 

 

Anuncios

Secretos de alcoba

Hay olores que se quedan adheridos a tus recuerdos y no puedes volver a olerlos sin sentir que viajas en el tiempo al momento en que ese olor se coló dentro de alguna escena. Yo era un niño muy chico cuando sucedió aquello. Recuerdo que me escondí dentro del armario cuando vi que se abría la puerta de la habitación. No me vieron. Ni el abuelo ni Merce, la chica de servicio que venía a planchar dos veces por semana. Olía a naranjas. La abuela ponía sus mondas en los estantes de la ropa, para espantar a las polillas. Yo miraba por la cerradura del armario y veía cosas prohibidas: pechos de mujer enormes, nalgas blancas y redondas, brazos y piernas entrelazados, y al abuelo en medio del lio. Había entrado en su cuarto para buscar la colección de soldados que guardaba en una vitrina, pero ya no volví a jugar con ellos nunca, ni tampoco a comer naranjas.
 
Manuela Vicente Fernández © 
Micro elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

El siseo de las mariposas

La seda es un tejido delicado y los gusanos que la producen son criados con gran esmero. Una vez que los huevos eclosionan, las larvas son alimentadas con hojas de morera hasta que comienzan a elaborar capullos finísimos, cuyos filamentos darán origen al hilo de la preciada tela. La mayoría de estas laboriosas larvas no llegarán nunca a ser mariposas, ya que apenas terminan  el envoltorio de su crisálida, son desechadas de inmediato. Solamente unas pocas, destinadas a producir más huevos y, por ende, a futuras obreras, sobrevivirán. De entre ellas, quizá una se pose en tu ventana un día, y puedas admirarla un momento, antes de que un soplo de aire la espante de tu lado, al escuchar el siseo de tu vestido de seda.

 

Manuela Vicente Fernández ©

 

Foto realizada por mi sobrina Z.F.V

Texto elaborado para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos  para el ejercicio Escribiendo con los cinco sentidos, sentido tacto: tacto de seda.

 

 

 

En el pueblo

 

La imagen puede contener: interior
Imagen: viviendoelcampo.com

 

Las manos de Eloísa estaban rojas e hinchadas. Había olvidado traer los guantes para lavar la ropa del abuelo. Las vecinas charlaban y reían contando los últimos chismes, mientras enjabonaban y aclaraban su prendas respectivamente, en el lavadero comunal.

Eloísa se sentía como un personaje de época. En la ciudad no pasaban estas cosas. Las vecinas se veían en la escalera o, si acaso, al tender la colada y, como mucho, hablaban del tiempo, pero aquí en la aldea… todo era diferente y demasiado engorroso. Intentó convencer al abuelo, cuando supo que tenía que operarse de la vesícula, de que se fuese con ella. Pero el viejo era terco. “Vente tú, Marisita, reina, yo te envío el dinero” pero no era cuestión de pasta, diantre, sino de ritmo de vida. Así que Eloísa, que aquí sigue llamándose Marisita desde que el abuelo se empeñó en cambiarle el nombre de niña, no ha tenido otro remedio que viajar atrás en el tiempo y llegar al momento de nuestra historia.

–Marisita, se te están quedando moradas las manos ¿quieres que acabe yo de aclarar tu ropa?–Pregunta Mari Pepa.
–No, no, gracias, ya estoy terminando —responde Eloísa, mientras sumerge en el agua helada la camiseta interior de felpa del abuelo.

 

Texto elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos, bajo la premisa: Tacto frío

Bajo la morera

 

Imagen: elhogarnatural.com

El otro día una mujer me recordó a Karen. Tenía los mismos ojos almendrados y se movía ondulando las caderas como ella. A punto estuve de preguntarle su nombre cuando oí que alguien la llamaba. No era Karen. No volví a verla después de aquel verano, en el que nos hicimos amantes bajo la morera que había en la finca de sus abuelos. Recuerdo el sabor de su boca llena de azúcar, sus pechos que sabían a mermelada. Déjame coger las moras, pedía, riéndose bajo mis besos,  mientras yo la besaba más todavía. Sus ojos eran dos brasas que incendiaban mis sentidos, su cintura un dulce veneno que me mataba. Morir. Resucitar. Sufrir. Amar. Tal era la noria en la que girábamos.

Todavía hoy, cuando llega el tiempo de las moras, se me estremecen las entrañas.

MVF©

Texto elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos, bajo la premisa de: Sabor dulce.

https://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/10/bajo-la-morera.html

Des-encanto

Frase de arranque: Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.

Elogio de la impuntualidad / Fernando León de Aranoa
(Aquí yacen dragones)

Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. El día en que iba a casarse se retrasó tanto, que su novio se cansó de esperarla. No conseguía continuidad en ningún trabajo, porque llegaba casi a la hora de echar el cierre. A pesar de contar con varios despertadores, no lograba desprenderse del gafe de la tardanza. Siempre había atascos cuando iba en coche, imprevistos cuando iba andando. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que había llegado  tarde a su juventud, al amor, a la dieta, a las vacaciones,  incluso a la jubilación, y, desesperada, decidió adelantarse para no llegar también con retraso a la muerte, ya que el tren de la vida había agotado sus pasajes. Cuando ya lo tenía todo preparado, sintió un súbito dolor ascendiendo desde el centro del pecho y comprendió que, una vez más, su destino le había tomado la delantera.

 

Texto elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

https://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/10/des-encanto.html

Topografía de los faros

 

La imagen puede contener: cielo, nube, exterior y agua
Fuente de la imagen: Pinterest

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo. Mañana será otro día, pero hoy el faro les pertenece. Y el mar con sus rumores, con sus historias silenciadas. Y la noche. Y el amor. Ella ha completado la historia del lugar. Ha despertado navíos hundidos mientras se dejaba naufragar allí, en el fin del mundo. Ahora él despierta en su cuerpo dormidas tempestades que habían estado esperándolo. No hay mañana en el faro. Ni en el mar. Ni en sus vidas.

Manoli Vicente Fernández ©

Micro elaborado para el blog grupal de Escritura Creativa Nosotras, que escribimos, a partir de las siguientes frases: Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo (frases correspondientes al comienzo del microrrelato La Extranjera  de Nuria Amat)

https://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/09/topografia-de-los-faros.html

 

 

El secreto

Anoche tuve un sueño. Soñé que tus manos emergían desde el fondo del agua y lo llevaban todo. Se llevaban los sueños de los niños del piso de abajo. Las plantas trepadoras de la vecina. Las escaleras y el ascensor. El apartamento en el que vive la joven pareja que acaba de mudarse a nuestro edificio. Los balcones, con las floridas hortensias y los geranios. Los gatos asomados a las ventanas. Y mi propio miedo. Yo bajaba, entre los escombros y el hundimiento, hasta el fondo del canal para encontrarte. Entonces te abrazaba, más fuerte que nunca, más libre que nunca, y te decía lo que nunca te dije: que te quiero. Que siempre te he querido y te seguiré queriendo, aunque tú, desde el fondo del agua ya no pudieses responderme.

MVF

Texto elaborado para el blog de Escritura Creativa Nosotras, que escribimos

La imagen puede contener: exterior
Escultura de la foto: Support de Lorenzo Quinn (Venecia)

Aires de cambio

La imagen puede contener: 1 persona, de pie, cielo y exterior
La turista por Vadim Borovykh

Cuando avistó el puente suspiró, liberada, por primera vez en mucho tiempo. El verano ruso era lo más parecido a la fresca primavera o los primeros albores del otoño de su región. Después del año maratoniano que acababa de pasar, había decidido tomarse un largo descanso. No soportaba seguir viviendo en el mismo sitio, recorrer los mismos caminos de regreso a la soledad de su casa, como si nada hubiese pasado. Como si los árboles no siguiesen siendo los mismos que acogieron las promesas de amor que habían hecho bajo sus ramas. Como si las farolas, los cafés, las paradas del metro y hasta el empedrado de las calles, no fuesen mudos testigos de sus noches, sus horas compartidas, el eco acompasado de sus pisadas. Ahora, descalza y apoyada en el muro, de espaldas al río Volkhov, saboreaba en toda su intensidad la experiencia de sentirse turista en una tierra nueva. Había venido por unas semanas pero, contemplando las formas cambiantes de las nubes, se le ocurría que quizás estaría bien dejar que decidiesen las circunstancias.

                                                                           Manoli VF

 

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog de Escritura Creativa Nosotras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/05/la-turista.html

Opuestos

No hay texto alternativo automático disponible.

La imagen puede contener: calzado, nube, cielo y exterior
Love (Alexander Milov) Burning Man, Festival 2015

“La vida siempre acabará devorando el recuerdo”
-Jorge Luis Borges-

Hoy te he visto. Por un momento olvidaste revestirte con tus siete corazas. Estabas solo, mirando el atardecer en silencio. Tus ojos te delataron, la lejanía de tu mirada hizo que me volviese nube de repente, condensación de agua que aleja el viento y siempre regresa para desbordarse. A tu lado, sin que me vieses, espalda contra espalda, he contemplado el otro horizonte, el que se quedó atrás, cuando aún eras aquel que conocí, que caminaba contra el viento sin ninguna coraza. Algo de ti ha sobrevivido en tus ojos, y ha hecho que me reconocieras al volverte. Sí, yo soy aquella a la que prometiste amor eterno, y fingiste olvidar para irte a pelear contra el viento. Nuestros niños más íntimos se han reconocido y se abrazaron por una eternidad: lo que dura un momento.

                                                                                 MVF

 

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog de escritura creativa Nosostras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/05/opuestos.html