Los ojos llenos de hojas

Los ojos se llenan de hojas

en cuánto el agua se seca.

Las lágrimas enquistadas

nunca quisieron ser perlas.

Es otoño, dice el río,

que baja lleno  de piedras,

es otoño, y yo pregunto:

¿En qué cauce va el agua

que no se drena?

Una raíz es mi cuerpo

que ha perforado la tierra

en una estación de ocres,

de hojas y de plantas secas.

Es otoño, dice el bosque,

y alarga sus brazos huecos

llenos de viento y de niebla.

Es otoño en los caminos,

en mis manos y en mis piernas,

es otoño y voy andando

tan entera como puedo

mientras mis pies van pisando

una alfombra de hojas secas.

 

Poema compuesto para el concurso de Zendalibros.com

Foto de autoría propia.

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A veces…

 

Escha van den Bogerd
Pintura de Escha van den Bogerd

A veces sueño.

Abro los ojos hacia dentro

y estás ahí,

al final de una realidad

que abarco con mis manos

en la que ya no eres

un muñeco que otros manejan,

que se deja manejar a sabiendas

de que cuelga de unos hilos tan débiles.

Sueño que no eres de cartón piedra

tan cobarde que ni siquiera existes.

Sueño que hablas y no enhebras palabras

de otra historia que no es la tuya.

Sueño.

Que no he estado inventándote,

creándote

a imagen y semejanza de mi ausencia:

ese agujero no cubierto,

ese grito

que amenaza con desbordarme.

Sueño.

Qué estás delante de mí y te pregunto:

¿Cómo diablos has podido

ser tan imbécil?

 

 

 

Tocar a una pregunta

Resultado de imagen de dibujos de interrogantes

Alguna vez he hallado una pregunta en el camino.

Una pregunta que me asalta y se abre delante de mí,

como un paraguas o una cometa  invitándome a seguirla.

En tales casos me gusta mirar a la pregunta cara a cara,

acercarme a sus bordes y repasar el lomo de su curvatura

tocar el punto suspendido en el aire, agitándolo,

como un timbre que sonase en medio de la llanura.

Pocas cosas alcanzan la intensidad de un interrogante

abierto en medio de nuestra ruta

pero la mayoría de las preguntas huyen cuando las toco así,

cuando mi mano alcanza ese punto

tan semejante al gemido,

y entonces comprendo que esa pregunta no era para mí,

que otra vez he tocado algo que no era mío,

algo que se preguntaba a sí mismo sin esperar mi respuesta.

Y sigo caminando, tropezándome con los adoquines,

mirando debajo de las piedras, levantando mi vista a los tejados,

buscando detrás de las esquinas,

para ver si doy con otra pregunta descarriada

que sin embargo tenga

el valor de mirarme a los ojos y no huir,

amedrentada,

al sentir mi mano sobre su espalda

y la yema de mis dedos acariciando el punto

que la cierra…  para volver a   abrirla.

 

MVF©

 

Ese amargo aleteo

 

La sangre de tu beso deja un rastro

de luz sobre mi cuerpo cuando pasas.

Anclada de raíz sobre tu pecho

me descubro a mí misma, fragmentada,

siendo una y otra a un tiempo.

Otra en tu boca cuando muerdes, besas,

una en la soledad de tu abandono.

Porque duele el amor que tanto ama,

caratula de sombra al ser de noche.

Y es ahora,

cuando arrecia la fría escarcha del silencio

que tus besos me vuelven de amapola

eólico puñal que no me encuentra.

Sabes que tienes el poder de transformarme

en múltiples luciérnagas que alumbran

el campo fértil de mi larga ausencia.

Es de carne este amor, de sangre y luna

que repite hasta el límite el misterio

de llenar el vacío y agotarse

estirando en tu vuelo mi aleteo.

Oceánico gemido que atraviesa

la ausencia de tu mano en mi costado

de árbol que se retuerce

fecundando

de dolor mis sentidos al caerme.

Es terrible este amor, terco, silente,

que divide mi cuerpo en dos mitades:

Sombra que te descubre, dolorida,

luz que se vuelve fin, cuando amanece.

 

 

Poema publicado en el número 41 de abril de la revista Valencia Escribe

Revista Valencia Escribe

 

 

Algunas chicas malas

 

Fuente de la imagen: http://4.bp.blogspot.com

 

Algunas chicas malas no soñamos con príncipes.

Besamos ranas cada día en el café con leche,

tragamos algunos sapos de camino al trabajo,

escupimos en los pasillos palabras malsonantes.

Algunas chicas malas no bordamos manteles

desgarramos cortinas para que el sol penetre

de lleno en nuestras casas.

Algunas chicas malas apagamos teléfonos

cuando nos llaman en las tardes de viernes

mientras borramos la sonrisa impostada,

y arrojamos al wáter nuestros buenos modales.

Algunas chicas malas no cumplimos las normas,

rompemos todos los cánones,

estiramos las curvas, hablamos con voz ronca,

traicionamos  la simetría de nuestra imagen

poniéndose suéteres manchados de grasa.

Algunas chicas malas escribimos malos poemas

enmarcando en el Arial letras que nos retratan

y gritan en silencio desde un tamaño doce

saltándose renglones:

 

doblemente espaciadas.

 

 

Poema elaborado para el concurso de Zenda libros 

#elclubdelospoetasvivos

A un clic de París

 

Imagen sacada de la red: flavorwire.com

 

Nostalgia de no haber estado en París

hojeando volúmenes de poesía en Shakespeare and Company

Paseando por la Rue l’Odéon viendo las luces encenderse

cuando todo era una fiesta y se brindaba con Hemingway en el Hotel Ritz,

cuando esquinas azules llamaban a Picasso a gritos

desde Montmartre a Montparnasse.

Nostalgia de acostarme al amanecer

saltando la noche y perpetrando sábados con Gertrude Stein,

bajo el humo y los conciertos de jazz  al lado de  Fitzgerald

caminando sobre los adoquines con los pies descalzos de Zelda.

Nostalgia de no haber conocido otro París

virgen de artistas para apropiármelo,

para cabalgar a lomos de un caballo cualquiera

una noche cualquiera de cualquier siglo,

venciendo el impulso de estampar mi firma en un libro

haciendo mías sus calles antes de haberlas leído.

Nostalgia de no transcender París,

en las noches de luna llena reflejadas sobre el agua del Sena

abriendo canales obscenos de confesiones

vertidas en  barras de bares desprovistas de visitantes insignes,

desnudándome interpretada sobre teclas anodinas

a través de unos dedos anónimos sobre el piano.

Nostalgia de sentir las manos heladas

resucitar al calor de una vieja estufa de leña

que ya nunca -ni un solo día más- se encenderá.

 

Poema presentado al concurso de Zenda libros #elclubdelospoetasvivos

Cuerpo sin cuerpo

 

El mejor quitamanchas no te borra.

No despega ese surco que ha quedado

bajando por mis pechos, turbio, frío,

esperando un calor que no ha llegado

a tocar ese borde cristalino donde funde tu voz

y se hace abrazo

toda la espera, el grito,

el mundo,

que recorro vacía palmo a palmo

Ni la herrumbre oxidada de los días

deshace este dolor de ser pedazo

de un cuerpo que fue gozo ante tus ojos

de un labio que fue sangre entre tus labios

Qué valor tiene una ventana muda

donde no entra la luz ni resta espacio

al gélido abandono de la ausencia

al fruto inútil de los sueños ácidos,

Donde el día no alumbra y la derrota

Es la triste certeza de un hallazgo:

Nota sin música,

Canción perdida,

Grito sin voz,

Cuerpo deshabitado.

 

MVF ©

artsontheriver.com/images/Fed.CuerposEntrelazados

 

 

Carne

 

 

Si el labio pudiese besar en la grieta

curar

donde duele la carne

donde brota el vacío

Pudiese

como sol de verano

alumbrar, calentar

los ateridos sueños

Poblar

el profundo silencio

donde duerme la vida

donde anida el dolor

como alma dividida

devorándose

Si el labio…

 

©MVF

Fuente de la imagen: data.whicdn.com/images/107102339/original.jpg

Sin frontera

En mi trozo de cielo las nubes van ligeras
tienen forma de trenes, de pájaros, de nubes
Son azules y blancas, grises nubes de humo,
de olvido, de esperanza, o de sedienta niebla.
En mi trozo de cielo las estrellas son luces
en mitad de la noche encendidas con velas
con recuerdos y nombres que pronuncian los árboles
cuando el tiempo se para y sus voces comienzan.
En mi trozo de cielo no hay barreras ni muros
ni banderas ni drones ni riqueza o miseria
Hay un azul y un blanco y un gris que va pasando
sin prisa, sin medida, sin tiempo, sin frontera.

 

La jaula

Unha vez tiven un cravo cravado no corazón,

i eu non me acordo xa si era, aquel cravo,

de ouro, de ferro, ou de amor…

        (Rosalía de Castro)

 

Es una espada que penetra en el alma, dulcemente, con palabras de amor.

Dulce espada que ya no es dulce.

Me he llevado las manos al pecho, y he encontrado un río de sangre.

Espada que me persigue, clamorosa, con ojos de suplica incesante.

Mírame: estoy aquí, con el corazón sangrando en las manos.

No más versos.

El silencio me enseña a ver mi jaula: pajarillo roto que han curado

y tiene que pagar los cuidados con su libertad.