A veces…

 

Escha van den Bogerd
Pintura de Escha van den Bogerd

A veces sueño.

Abro los ojos hacia dentro

y estás ahí,

al final de una realidad

que abarco con mis manos

en la que ya no eres

un muñeco que otros manejan,

que se deja manejar a sabiendas

de que cuelga de unos hilos tan débiles.

Sueño que no eres de cartón piedra

tan cobarde que ni siquiera existes.

Sueño que hablas y no enhebras palabras

de otra historia que no es la tuya.

Sueño.

Que no he estado inventándote,

creándote

a imagen y semejanza de mi ausencia:

ese agujero no cubierto,

ese grito

que amenaza con desbordarme.

Sueño.

Qué estás delante de mí y te pregunto:

¿Cómo diablos has podido

ser tan imbécil?

 

 

 

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Tocar a una pregunta

Resultado de imagen de dibujos de interrogantes

Alguna vez he hallado una pregunta en el camino.

Una pregunta que me asalta y se abre delante de mí,

como un paraguas o una cometa  invitándome a seguirla.

En tales casos me gusta mirar a la pregunta cara a cara,

acercarme a sus bordes y repasar el lomo de su curvatura

tocar el punto suspendido en el aire, agitándolo,

como un timbre que sonase en medio de la llanura.

Pocas cosas alcanzan la intensidad de un interrogante

abierto en medio de nuestra ruta

pero la mayoría de las preguntas huyen cuando las toco así,

cuando mi mano alcanza ese punto

tan semejante al gemido,

y entonces comprendo que esa pregunta no era para mí,

que otra vez he tocado algo que no era mío,

algo que se preguntaba a sí mismo sin esperar mi respuesta.

Y sigo caminando, tropezándome con los adoquines,

mirando debajo de las piedras, levantando mi vista a los tejados,

buscando detrás de las esquinas,

para ver si doy con otra pregunta descarriada

que sin embargo tenga

el valor de mirarme a los ojos y no huir,

amedrentada,

al sentir mi mano sobre su espalda

y la yema de mis dedos acariciando el punto

que la cierra…  para volver a   abrirla.

 

MVF©

 

Ese amargo aleteo

 

La sangre de tu beso deja un rastro

de luz sobre mi cuerpo cuando pasas.

Anclada de raíz sobre tu pecho

me descubro a mí misma, fragmentada,

siendo una y otra a un tiempo.

Otra en tu boca cuando muerdes, besas,

una en la soledad de tu abandono.

Porque duele el amor que tanto ama,

caratula de sombra al ser de noche.

Y es ahora,

cuando arrecia la fría escarcha del silencio

que tus besos me vuelven de amapola

eólico puñal que no me encuentra.

Sabes que tienes el poder de transformarme

en múltiples luciérnagas que alumbran

el campo fértil de mi larga ausencia.

Es de carne este amor, de sangre y luna

que repite hasta el límite el misterio

de llenar el vacío y agotarse

estirando en tu vuelo mi aleteo.

Oceánico gemido que atraviesa

la ausencia de tu mano en mi costado

de árbol que se retuerce

fecundando

de dolor mis sentidos al caerme.

Es terrible este amor, terco, silente,

que divide mi cuerpo en dos mitades:

Sombra que te descubre, dolorida,

luz que se vuelve fin, cuando amanece.

 

 

Poema publicado en el número 41 de abril de la revista Valencia Escribe

Revista Valencia Escribe

 

 

Cuerpo sin cuerpo

 

El mejor quitamanchas no te borra.

No despega ese surco que ha quedado

bajando por mis pechos, turbio, frío,

esperando un calor que no ha llegado

a tocar ese borde cristalino donde funde tu voz

y se hace abrazo

toda la espera, el grito,

el mundo,

que recorro vacía palmo a palmo

Ni la herrumbre oxidada de los días

deshace este dolor de ser pedazo

de un cuerpo que fue gozo ante tus ojos

de un labio que fue sangre entre tus labios

Qué valor tiene una ventana muda

donde no entra la luz ni resta espacio

al gélido abandono de la ausencia

al fruto inútil de los sueños ácidos,

Donde el día no alumbra y la derrota

Es la triste certeza de un hallazgo:

Nota sin música,

Canción perdida,

Grito sin voz,

Cuerpo deshabitado.

 

MVF ©

artsontheriver.com/images/Fed.CuerposEntrelazados

 

 

Carne

 

 

Si el labio pudiese besar en la grieta

curar

donde duele la carne

donde brota el vacío

Pudiese

como sol de verano

alumbrar, calentar

los ateridos sueños

Poblar

el profundo silencio

donde duerme la vida

donde anida el dolor

como alma dividida

devorándose

Si el labio…

 

©MVF

Fuente de la imagen: data.whicdn.com/images/107102339/original.jpg

Sin frontera

En mi trozo de cielo las nubes van ligeras
tienen forma de trenes, de pájaros, de nubes
Son azules y blancas, grises nubes de humo,
de olvido, de esperanza, o de sedienta niebla.
En mi trozo de cielo las estrellas son luces
en mitad de la noche encendidas con velas
con recuerdos y nombres que pronuncian los árboles
cuando el tiempo se para y sus voces comienzan.
En mi trozo de cielo no hay barreras ni muros
ni banderas ni drones ni riqueza o miseria
Hay un azul y un blanco y un gris que va pasando
sin prisa, sin medida, sin tiempo, sin frontera.

 

La jaula

Unha vez tiven un cravo cravado no corazón,

i eu non me acordo xa si era, aquel cravo,

de ouro, de ferro, ou de amor…

        (Rosalía de Castro)

 

Es una espada que penetra en el alma, dulcemente, con palabras de amor.

Dulce espada que ya no es dulce.

Me he llevado las manos al pecho, y he encontrado un río de sangre.

Espada que me persigue, clamorosa, con ojos de suplica incesante.

Mírame: estoy aquí, con el corazón sangrando en las manos.

No más versos.

El silencio me enseña a ver mi jaula: pajarillo roto que han curado

y tiene que pagar los cuidados con su libertad.

 

 

Exilios

 

Demasiado pronto comenzamos

a pintar mariposas azules

sobre el muro liso y blanco

de la costumbre, la malsana costumbre

de exiliar a los pájaros.

Y al volver a nuestras casas rehuíamos el agua

no fuera a borrarnos el polvo

de las alas que llevábamos pegado en las manos.

Solo éramos niños que corríamos detrás del tiempo

esperando el momento de asirnos

a las horas colgantes

como si no tuviésemos más que piernas y sueños

y el deseo latiendo al compás de la lluvia

donde plantas carnívoras entreabrían sus bocas.

Demasiado pronto aprendimos a escondernos del ruido

que hacían nuestros pasos sobre el silencio,

sobre el frío pavimento de nuestras noches;

y al volver atrás los ojos temíamos al viento

que esparce las promesas y siembra

sobre las horas semillas de olvido.

Como si fuésemos siquiera algo más

que borradores de nosotros mismos

y no tuviésemos la piel llena de agujeros

contraídos por el frío;

avanzábamos a tientas armados

con la brillante coraza de la juventud

que nos hacía parecer eternos ante un mundo

que se hundía a cada paso que dábamos,

sin saber que volvíamos sobre nuestros recuerdos

aquellos que proyectábamos al futuro

y llenaban las retinas de nuestros sueños

meciéndonos en las horas furtivas,

las mismas que habrían de sostenernos

cuando nos flaqueasen las piernas y descubriéramos

que aún seguíamos en el mismo sitio.

 

 

 

 

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Teoría (y práctica) del caos

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Mundo Caos ( Joan Miró)

 

Cuando el dios caos estalla las señales no bastan.
Una advierte la calma que precede al estallido.
Las nubes que se avecinan, perezosas, ocultas
el sonido del reloj hasta que se para
y salen despedidos los verbos como llamaradas
el corazón palpita su loca carrera
y hasta podrías contar las manchas de los azulejos
advertir esa arruga, ese mohín de los labios
antes de ser mordida, de morder, de morderse
mientras el dios caos apunta
en su cuaderno rojo la lección del día:
“No seáis como ellos, hijos míos,
nacidos de la guerra
para ser vencidos venciendo”
Las hojas del cuaderno se llenan y,
en algún loco momento, alzas los ojos y le ves así,
le ves, apuntando con su pluma invisible
dibujando tu rostro
transcribiendo tus gritos
ignorando ese s.o.s  que lanzas al vacío,
porque hasta el caos tiene un dios que ordena
cada fragmento que te recubre.

Strange

Levantarse, un día como cualquier otro.
Abrir una ventana y ver un mundo extraño.
Un mundo que parece el mismo de siempre:
con sus rejas, sus casas sobre el asfalto,
sus bosques de árboles quemados,
el incesante tráfico de las carreteras.
Y sentir que es extraño;
que la gente es extraña,
las ciudades, los campos…
o que quizá eres tú,
la única extraña en un mundo que te pregunta:
qué diablos te ha pasado.