Carne

 

 

Si el labio pudiese besar en la grieta

curar

donde duele la carne

donde brota el vacío

Pudiese

como sol de verano

alumbrar, calentar

los ateridos sueños

Poblar

el profundo silencio

donde duerme la vida

donde anida el dolor

como alma dividida

devorándose

Si el labio…

 

©MVF

Fuente de la imagen: data.whicdn.com/images/107102339/original.jpg

Sin frontera

En mi trozo de cielo las nubes van ligeras
tienen forma de trenes, de pájaros, de nubes
Son azules y blancas, grises nubes de humo,
de olvido, de esperanza, o de sedienta niebla.
En mi trozo de cielo las estrellas son luces
en mitad de la noche encendidas con velas
con recuerdos y nombres que pronuncian los árboles
cuando el tiempo se para y sus voces comienzan.
En mi trozo de cielo no hay barreras ni muros
ni banderas ni drones ni riqueza o miseria
Hay un azul y un blanco y un gris que va pasando
sin prisa, sin medida, sin tiempo, sin frontera.

 

La jaula

Unha vez tiven un cravo cravado no corazón,

i eu non me acordo xa si era, aquel cravo,

de ouro, de ferro, ou de amor…

        (Rosalía de Castro)

 

Es una espada que penetra en el alma, dulcemente, con palabras de amor.

Dulce espada que ya no es dulce.

Me he llevado las manos al pecho, y he encontrado un río de sangre.

Espada que me persigue, clamorosa, con ojos de suplica incesante.

Mírame: estoy aquí, con el corazón sangrando en las manos.

No más versos.

El silencio me enseña a ver mi jaula: pajarillo roto que han curado

y tiene que pagar los cuidados con su libertad.

 

 

Exilios

 

Demasiado pronto comenzamos

a pintar mariposas azules

sobre el muro liso y blanco

de la costumbre, la malsana costumbre

de exiliar a los pájaros.

Y al volver a nuestras casas rehuíamos el agua

no fuera a borrarnos el polvo

de las alas que llevábamos pegado en las manos.

Solo éramos niños que corríamos detrás del tiempo

esperando el momento de asirnos

a las horas colgantes

como si no tuviésemos más que piernas y sueños

y el deseo latiendo al compás de la lluvia

donde plantas carnívoras entreabrían sus bocas.

Demasiado pronto aprendimos a escondernos del ruido

que hacían nuestros pasos sobre el silencio,

sobre el frío pavimento de nuestras noches;

y al volver atrás los ojos temíamos al viento

que esparce las promesas y siembra

sobre las horas semillas de olvido.

Como si fuésemos siquiera algo más

que borradores de nosotros mismos

y no tuviésemos la piel llena de agujeros

contraídos por el frío;

avanzábamos a tientas armados

con la brillante coraza de la juventud

que nos hacía parecer eternos ante un mundo

que se hundía a cada paso que dábamos,

sin saber que volvíamos sobre nuestros recuerdos

aquellos que proyectábamos al futuro

y llenaban las retinas de nuestros sueños

meciéndonos en las horas furtivas,

las mismas que habrían de sostenernos

cuando nos flaqueasen las piernas y descubriéramos

que aún seguíamos en el mismo sitio.

 

 

 

 

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Teoría (y práctica) del caos

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Mundo Caos ( Joan Miró)

 

Cuando el dios caos estalla las señales no bastan.
Una advierte la calma que precede al estallido.
Las nubes que se avecinan, perezosas, ocultas
el sonido del reloj hasta que se para
y salen despedidos los verbos como llamaradas
el corazón palpita su loca carrera
y hasta podrías contar las manchas de los azulejos
advertir esa arruga, ese mohín de los labios
antes de ser mordida, de morder, de morderse
mientras el dios caos apunta
en su cuaderno rojo la lección del día:
“No seáis como ellos, hijos míos,
nacidos de la guerra
para ser vencidos venciendo”
Las hojas del cuaderno se llenan y,
en algún loco momento, alzas los ojos y le ves así,
le ves, apuntando con su pluma invisible
dibujando tu rostro
transcribiendo tus gritos
ignorando ese s.o.s  que lanzas al vacío,
porque hasta el caos tiene un dios que ordena
cada fragmento que te recubre.

Strange

Levantarse, un día como cualquier otro.
Abrir una ventana y ver un mundo extraño.
Un mundo que parece el mismo de siempre:
con sus rejas, sus casas sobre el asfalto,
sus bosques de árboles quemados,
el incesante tráfico de las carreteras.
Y sentir que es extraño;
que la gente es extraña,
las ciudades, los campos…
o que quizá eres tú,
la única extraña en un mundo que te pregunta:
qué diablos te ha pasado.

 

 

SER

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Abrázame despacio
para que no me duela
ese hueco profundo
siempre lleno de ausencia

Muerde mi soledad para que,
masticándola,
descubras el sabor
agriado de mis noches
que lo dulce no llega
cuando la tierra encoge
su puño y solo suelta
bofetadas violentas

Abrázame despacio
para que no se peguen
en tu abrazo las alas
que a la espalda me crecen

Alarga el horizonte
más lejos de mis ojos
dónde el mar se hace cielo
y el cielo se deshace
cuando miras adentro

Sé la tierra y el agua:
Por una vez, la vida.
Por una vez, la muerte.
Sé el fuego y la ceniza:
Aprende a verte, viéndome.

Y ahora…

huellas
Y ahora que sostengo una piedra en mi mano
la aprieto para sentir que está ahí,
saber que sigue siendo una piedra,
y no es un rumor entre un millar de rumores
como cuando te pierdes en ese hormiguero
sabiendo que marcan en rojo cada una de tus rutas
que en algún plano cuentan las casas que visitas
las páginas que lees, las noticias que buscas
y te ofrecen un poco más de esa ensalada
que no has pedido, de esa música que ayer
escuchabas, como si tu memoria solo fuese
la memoria de ese submundo en el que cada paso
que das ya no te pertenece.
Y por eso mientras escribo me pregunto qué poeta más loco
habrá pensado antes que yo lo mismo
mientras ante sus ojos se abrían
páginas que intentaban reorientar su poesía
canalizar su peligroso instinto
ese instinto que amenaza a todo el hormiguero
cuando una de las hormigas cambia su ruta
y comienza a intentar adaptarse al invierno
en vez de refugiarse bajo siete capas de tierra
con millones de hormigas que hacen lo mismo
mientras afuera nieva…

Vigilia

Del umbral a la luz, por el camino

angosto de la sombra y de la duda,

donde nace el dolor

e inunda y vence

esta rutina tibia de los días,

del umbral a la luz, repito, digo,

amanece despacio, cual si fuese

la mañana ese parto dolorido

que abre en dos el mundo

y soy, al alba,

rumor de alas, pétalos caídos

de este sueño profundo en el que velo

confusa, a media voz,

ojos cerrados

que en el umbral se abren

hacia dentro.