La bailaora

Rita, la bailaora, en acción era un fenómeno de la naturaleza. La leyenda aseguraba que sus pies eran capaces de paralizar el viento y cesar el crecimiento de la hierba. Cuando salía al escenario temblaban los cristales al ritmo de sus tacones. El pulso, la respiración y hasta el parpadeo de los espectadores se quedaba en suspenso. Ni las moscas se movían cuando los  volantes de Rita se arremolinaban para bailar al compás de la guitarra y las castañuelas.

Solo una vez, un hombre osó romper la magia del suspense saliendo al encuentro de Rita en el escenario. Allí, delante de todo un público hipnotizado, se postró ante la bailaora para pedirle matrimonio.

Dicen los más ancianos del lugar que, muchos años después de la desaparición de ambos, aún sigue escuchándose el repiqueteo de los tacones de Rita sobre el tablao al llegar la medianoche.

 

Minificción  elaborada para los Viernes Creativos de Ana Vidal

Ilustración: Ina Hristova

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CASAS

 

Sentada en el diván le hablaba de mis ruinas. No era fácil. Él se hacía el profesional, pero yo le veía dar ligeros respingos en cada puerta que traspasábamos.

-Todos tenemos cuartos prohibidos, casas abandonadas -me dijo, cuando decidimos abordar la reconstrucción.

-La mía es un laberinto de cuartos secretos, de penumbra y telarañas -respondí-

y él:

-Ya estoy acostumbrado.

Pero no lo estaba. En cada habitación se asustaba más y, a veces, intercambiábamos puestos y era él quien se tumbaba en el diván y yo quién le guiaba.

-Esto no puede ser -me dijo en la última sesión que lo intentamos- No estoy preparado para esto, vamos a tener que cambiar de terapia.

Y así estamos desde entonces. Yo llamándolo a voces y él dentro de quién sabe qué ruinas, a las que llama su casa.

MVF ©

Micro elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Foto: reyes Velayos

El Bic Naranja

El casting

Mire, señor juez, el método de selección era raro, pero lo que se dice raro raro, y sino dígame que haría usted. Permítame la licencia y póngase en mi lugar: yo tenía que improvisar una escena con los elementos que había en la habitación. ¿Y qué había? Pues una tele y una americana colgada en una percha. ¿Qué diantre iba a hacer yo sino el papel que hice? Me puse la chaqueta, agarré la tele y eché a correr. Por este orden. Y en esto que oigo las sirenas de la policía detrás de mí, y me digo: genial chico, te han dado el papel y ya estás dentro de la película, eres el puto caco y toca correr y ahora aparece un juez, que es usted mismo, con su venia, y me pregunta qué por qué robé la tele y mire, yo ya improvisé mi escena, ahora ¡Denme el guión de una vez!

MVF©

Texto basado en la imagen elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

La casa de tía Águeda

De niño, en los días festivos y vacaciones escolares, solía acompañar a mi padre a repartir la prensa por las viviendas del barrio. Ninguna casa exaltaba tanto mi imaginación como la de la señora Águeda. El viejo porche con su cubierta de tejas llenas de musgo, sus sillas carcomidas en las que nadie se sentaba y su suelo de tablas que crujían a cada paso no eran más que el primer indicio de ruina, abandono y misterio que reinaba en aquella morada. Yo aspiraba, siempre que le llevaba el periódico, a meterlo bajo la puerta y salir por piernas pitando sin encontrármela, pero la vieja siempre estaba al acecho para cazar compañía que aliviara su soledad.

Conocedora de mis intenciones, siempre recurría a algún pequeño truco para entretenerme. Que si le alcanzase un bote de la alacena, le comprase grano para las gallinas, o mismo le leyese unas cartas. Yo no podía negarme, pues la anciana me llenaba el bolsillo de monedas y me daba docenas de huevos para la familia mientras me acariciaba la cabeza y me hablaba de Tomasín. Yo le contaba a mi padre todo este acoso, pero él entonces ponía cara de compasión, se refería a la vieja como tía Águeda, y me explicaba la triste historia de Tomasín. Para mí todo aquello no era sino parte del sortilegio en el que quería atraparnos aquella bruja. ¿Quién podía creerse aquella película?

A pesar de mis reticencias y los terrores irracionales que no podía evitar que me asaltaran, un día me aventuré a bajar por la escalera de la cocina de la vieja que bajaba directa al corral. ¡Mira que decir que un niño con síndrome de pájaro anidaba durante años allí! Había que ser muy burro para creerlo, reía mientras descorría el portón de la puerta destartalada con la intención de desmontar el cuento, pero mi risa se cortó en seco al ver la colección de huevos alineados en el ponedero, presididos y vigilados por una especie de niño loro que reinaba entre las gallinas y repetía sin cesar la misma cantinela: “¡No te acerques a Tomasín!”

Historia elaborada para los Viernes Creativos (El Bic Naranja)

Foto: Anne Nobels

El DESHIELO DE MAUREEN

La lechuza cobijó el cuerpo de Maureen bajo sus alas y extendió un lecho de plumas en torno a ella para aislarla del frío; no en vano la muchacha había peleado con todas sus fuerzas por salvar a sus amigos del bosque de los depredadores. Bien sabían todos los animales que detrás de su cuerpo de pantera habitaba una joven, con piel de terciopelo, acostumbrada a luchar. Pero no estaba sola. La nieve, que la malvada bruja de la montaña había hecho aparecer, pronto derretiría ante el fuego incipiente del corazón de la joven guerrera, que al calor de las alas de la lechuza volvería a despertar.

MVF©

Texto  elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Foto: Katerina Plotnikova

El juego

Lo intentamos, pero no aceptaban cualquier prenda. Ese era el riesgo: Concurso perdido y prenda quitada. Mi hermano, fiel a su estilo deportivo, acudió en chándal, llevando, como único complemento, la guitarra de papá. Era su forma de tenerlo presente entre nosotros. Yo, fiel a mi estilo casual, aposté por camisa azul y jersey clásico de cuello en pico y, como complemento, elegí de entre las pertenencias de mi progenitor su porta-documentos negro.

Claro que, a la postre, el resultado final fue el mismo porque los dos perdimos los pantalones.

 

Texto basado en la imagen de Jaime29D  títulada: Gemelos tristes

y elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

La imagen puede contener: 8 personas

Obsolescencia programada

El programa no respondía y el programador local no detectó el fallo. El piloto automático activó el modo de interconexión neuronal pero las instrucciones eran confusas. Menos mal que, poco después, Terry, el androide de compañía que me habían asignado por las tardes, llegó a casa y me colocó el arnés para sacarme a pasear.

 

Micro basado en la imagen, elaborado para el espacio El Bic Naranja- Viernes Creativos

 

La imagen puede contener: texto

Carcelopatía

La imagen puede contener: 1 persona
Foto: Michal Chelbin

 

El día del excarcelamiento marcó un hito histórico. Asumir que la privación de libertad era intercambiable por proyectos humanitarios, servicios públicos a la comunidad, seminarios de meditación en aislamientos de montaña o prácticas operarias de reciclaje de residuos, no fue fácil para algunos presidiarios. Siempre quedaba quien que le había cogido gusto a la cárcel, como aquella presa conocida como “Matamaris” por su adicción a pervertir y traficar con jovencitas, o bien aquel otro, conocido como el “abuelastre” cuyo fantasma seguiría pernoctando por los siglos de los siglos haciendo guardia en las prisiones estatales.

MVF

 

Propuesta creativa basada en la fotografía y elaborada para Los Viernes Creativos de  El Bic Naranja

La máquina de hacer historias

No hay texto alternativo automático disponible.

Al despertar me había convertido en otra. Literalmente. No reconocí el lugar, un extraño almacén en el que dormitaban otras muchas mujeres más. En la pared pude ver el año que marcaba el calendario: 1976. Mes: septiembre. Lugar: Perpiñán. Poco a poco, pude ver como iban despertando las otras durmientes y preparándose para la tarea del día: la recogida de la uva ¡estábamos en plena vendimia! No podía creérmelo: había dejado mi tierra gallega para irme a trabajar al campo francés y me encontraba en uno de los almacenes junto a las temporeras… no podía ser. Cerré los ojos deseando viajar en el tiempo: ¡Y lo conseguí! Para mi extrañeza, al poco rato me encontré en una biblioteca. Año: 1998. Ante mi mesa pude ver, cuidadosamente extendidos, varios recortes de periódico. Uno de ellos atrajo al momento mi atención. El titular rezaba: “Para el año 2000 los sabios habrán limitado el sueño” ¡Vaya por dios, qué titular más trolero! ¿Es qué no había lugares más interesantes y épocas más fructíferas a las que viajar? Aún lo estaba pensando cuando sonó una alarma. Un estridente sonido que insistió e insistió hasta que logré localizarlo y apagarlo de un manotazo. ¡Estaba en mi habitación! El reloj digital marcaba una fecha 22/06/2018. No estaba en Francia. No había ninguna biblioteca. Ningún periódico encima de la mesa. Todo había sido una ensoñación. Eso me pasa por dormir tan poco, pensé. Ya sabía yo que lo de limitar el sueño no era una buena opción, sobre todo después de haber bebido tanto vino a la comida. Estaba en el Bic Naranja, en uno de sus Viernes Creativos, dónde sino.

 

Ficción basada en la foto, elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Criptografía

Amir no quiere ser vendedor de alfombras. Lo dice en casa y la única respuesta de su padre es un sonoro bofetón. “Él tampoco quería serlo a tu edad y esa fue la respuesta que tuvo de tu abuelo” explica mamá, aplicándole una toalla empapada en agua fría sobre la cara hinchada. “En esta familia no hay otra opción, hijo. Está escrito en las estrellas“.

A la tarde, Amir va con su padre al almacén. Ambos se quitan el calzado para no estropear las alfombras. Entre los dos enrollan y cargan la mercancía en el enorme tráiler del transportista. En el último minuto, aprovechando que padre está distraído, Amir logra subir al camión cuando el chófer arranca. Dos gruesos lagrimones resbalan por su rostro mientras se aleja. El chico siente escozor en la mejilla dolorida. Se ha ido sin despedirse. La posición de las estrellas deberá cambiar esta noche.

 

Micro elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

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Foto: Dirce Hernández