Como en la canción de Lolita

Fotografía de Lorena Cosba

Sí, te olvidé. Te borré de mi casa y de mi vida. Vacié todos los recuerdos. Deshice todos nuestros álbumes en las noches en vela, echando al fuego todas tus fotos menos una. No dejé rastro de tus huellas en los armarios. Regalé tus camisas. Tus lustrados zapatos, tus trajes de domingo y tu colección de chándales de Adidas. Sí, te olvidé. Como en la canción de Lolita. Yo también me quedé con un amigo, sí, después de pedirme mil veces que saliera con él un día. Sí te olvidé, guardando una única foto en la caja de gomas de Milán. Te olvidé, pero sin dejar de amarte, nunca, nunca.

©MVF

 

Texto basado en la imagen elaborado para la sección Viernes Creativo de El Bic Naranja.

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/03/17/viernes-creativo-escribe-una-historia-179/

Foto: Lorena Cosba
Canción: “Sin dejar de amarte” -Lolita

 

 

El asistente

Dreamwalking de Eric Johansson
Soy un asistente de sueños. Me paso la noche de puerta en puerta. Llevo vasos de agua a niños que la piden a gritos cuando se duermen, susurro palabras de tranquilidad a los que caen en el pozo del miedo y se asustan de las imágenes que sus  temores proyectan, acaricio perros perdidos que vagan desorientados, recojo cartas que no encuentran destino y acompaño a los ancianos de vuelta a sus despertares. A veces, de madrugada, entre visita y visita, me preparo una infusión de coraje en la cocina y coincido con mi mujer que, volviendo desde el pasado, me suelta:
–Ya estás otra vez sin dormir… ¿Cuándo vas a tratarte de esto?
 
Texto basado en la imagen

El primer día de clase

Foto del Álbum familiar (Comas, 1922) cedida por Ana Vidal (elbicnaranja.wordpress.com)
Foto del Álbum familiar (Comas, 1922) cedida por Ana Vidal (elbicnaranja.wordpress.com)

El primer día de clase, tras ponernos los consabidos mandilones, nos hacían salir al patio para dar la bienvenida a Don Manuel, director del honorable internado de señoritas “Santa Eulalia”

Cogidas de la mano por parejas, salíamos a recibirle, entonando el himno del colegio:

Las niñas de Santa Eulalia son las mejores

Saludan a Don Manuel, como mandan los mayores

El director repartía bolsas de caramelos para las niñas y bombones para las monjas. Tras recibir nuestra recompensa, caminábamos en fila detrás de ellos, aprovechando el momento para sacarles la lengua y hacerles toda clase de muecas; si Sor Jimena,  alertada por el alboroto de nuestras risas, se volvía a mirarnos,  todas bajábamos la cabeza al momento y pedíamos disculpas. No habría día, en todo lo que quedaba de curso, en que estuviésemos tan unidas como en ese momento.

 

©Manoli VF

 

Texto basado en la imagen, elaborado para la sección Viernes Creativo de El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/03/03/viernes-creativo-escribe-una-historia-178/

El siseo del tiempo bajo la piel

Hay algo que aún no te he dicho…

Por más que aparente ser una mujer seria, afanada en mil y un quehaceres cotidianos; por más que me embarque en infinitas luchas, dejándome la piel en cada nueva causa; Por más que discurra cada día por las mismas calles y avenidas, fingiendo saber adónde voy… No te he dicho que pierdo la noción del tiempo siguiendo el vuelo de una cigüeña, que, al extender la ropa de la colada, el siseo que hace el aire sobre las blusas eriza el vello de mis brazos… No te he dicho que basta el hueco de una escalera, la mirada de un desconocido, el toque de un reloj, o el reverso de una revista, para llevarme lejos, porque, aunque nunca te lo haya dicho, hace tiempo que sé que nada es cierto. Que todo esto es mentira.

Texto elaborado para la sección Viernes Creativo de El Bic Naranja bajo la premisa de continuar la frase: Hay algo que aún no te he dicho…

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/02/24/viernes-creativo-escribe-una-historia-177/comment-page-1/#comment-5825

Solos en la carretera

cochinillos
Imagen: Pedro Luis Raota

Nos fuimos con poco más que lo puesto, en cuanto terminó la ceremonia. Lo habíamos perdido todo en el casino la noche anterior; bueno, todo no. Nos quedaban dos cochinillos de la última apuesta, la que había hecho Dora, la granjera: “Si sois capaces de cargar con vuestras maletas y marcharos a pie hasta el pueblo después de la boda, os regalo un par de lechones”.

No estábamos en Las Vegas, ni éramos Nicolas Cage y Elisabeth Shue. No, nosotros nos queríamos de verdad y teníamos toda la fuerza de nuestro amor para empezar de cero. Habíamos apostado nuestro corazón para irnos juntos, sucediera lo que sucediera.

 

                                                                                            © Manoli VF

Texto basado en la imagen, elaborado para la sección Viernes Creativo (El Bic Naranja)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/02/17/viernes-creativo-escribe-una-historia-176/comment-page-1/#comment-5795

 

 

 

                                                                                                                                                                                                       

 

 

La extraña maleta o la curiosidad de Petra, la hostelera

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Foto: Rosa Martínez

En los muchos años que llevaba atendiendo huéspedes en su pensión, doña Petra, no se había topado nunca con uno que le suscitase tanta desconfianza; y mira que había gente rara, señor, como aquel don Juan de poca monta que se pasaba el día recitando coplas y gritando piropos por la terraza a las muchachas que pasaban por la calle; o aquel otro, que se hacía llamar Nicolasón, como el del cuento, y se empeñaba en cenar sardinas en conserva todas las noches porque decía que tenían mucho hierro; y las mujeres también se las traían, también, que aún se acordaba de la tal Loli, que llegaba siempre borracha y llamaba a las puertas de los durmientes para escándalo de todos; pero como este… ninguno oye, pero que ninguno. Porque este señor que acababa de llegar la semana pasada, este señor que decía llamarse cada día de una manera y, cuando le preguntaba al respecto, juntaba todos los nombres: «Juan José Fernando Lucas Santa María, para servirla, doña Petra» se llevaba la palma de las rarezas. Por si fuera poco, le daba la noche a los demás. Debía tener grandes averías, porque se la pasaba  hablando consigo mismo y respondiéndose con distintos tonos de voces: «¡No me mandes callar, Abelardo!» gritaba con voz aflautada, como si fuese una señorita, para responderse en el acto: «¡No me toques las narices, niñata!». Que no. Que su condición de hostelera no la dotaba de santa paciencia ni sus huéspedes se merecían tal falta de respeto. Ese mismo día, en cuánto se fuese, sacaba sus cosas y, al llegar, le ponía de patitas en la calle. Al entrar en su cuarto, le llamó la atención una extraña maleta. Pesaba poco y su contenido, al moverla, sonaba como un montón de huesos. “No sé si llamar a la policía” se decía la Petra, sin muchas ganas. La posó en la mesa de la terraza y, después de darle dos vueltas al asunto, presa de la curiosidad, la abrió en un arranque sin precaución alguna. Lo que vio dentro le aclaró de golpe todas las dudas en cuanto a la condición de su huésped: no era más que un simple titiritero.

Texto basado en la imagen. Elaborado para la sección Viernes Creativo (El bic Naranja)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/02/03/viernes-creativo-escribe-una-historia-174/#comments

La cita

alessandra_sanguinetti_cultura_inquieta3Foto: Alessandra Sanguinetti

El amigo de su madre sabía que ella deseaba una entrada para acudir al festival de baile y fue él quien le pidió que estuviese a las cinco de la tarde en la parte de atrás de la granja. Tenía que estar allí, a las cinco en punto y no olvidarse de llevar alguna ofrenda, podía ser un dibujo, o un ramo de flores, lo que ella quisiera. Tampoco debía olvidar cubrirse los ojos con una venda. Nadie puede ver al Rey de los deseos. Si no lo hacía así, este podría enfadarse y tomar represalias contra los animales o, incluso, contra ella misma.

Siguiendo sus instrucciones salió, a la hora indicada y se pegó a la pared; después se cubrió los ojos con un pañuelo y, sosteniendo el ramo de flores, esperó a que se presentara. Antes le había preguntado cuánto tiempo habría de estar esperando y cómo sabría de la llegada del rey, y la respuesta había sido que habría de permanecer allí, sin moverse, hasta que el reloj de la torre diese las seis.

Así lo hizo, con la venda en los ojos y un ramo de flores en las manos permaneció pegada a la pared. Le dolían los brazos y, de vez en cuando, los bajaba. Para aguantar el aburrimiento recurrió al truco que su madre le había enseñado: imaginar que no estaba allí, sino dónde prefiriese estar en ese momento. Así que se visualizó ya en pleno festival, oyó las canciones y se vio bailando. Tan metida estaba en el baile que casi no oyó las campanadas de las seis desde el reloj de la torre. Gracias a Dindo, el perro, que ladró alborotando a las gallinas, volvió a la realidad y se quitó la venda, con el tiempo justo de ver, además de la invitación a sus pies, como el coche del amigo de su madre arrancaba mientras esta le despedía.

Texto basado en la imagen, elaborado para la sección Viernes Creativo de El Bic Naranja (WordPress) bajo la premisa de “Escribir sin adjetivos”

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/01/27/viernes-creativo-escribe-una-historia-173/

Señales de humo

Ilustración: Jim Kanzanjian

Ádam era oscuro y luminoso a la vez.  De temperamento reservado y huidizo, era capaz de tejer las más extraordinarias fantasías y lograr arrastrarte con él al epicentro de su mundo. Realidad e irrealidad se daban la mano a su lado y en mí siempre quedaba la duda de si todo lo que vivíamos no era sino un espejismo en el inmenso desierto en el que los dos habitábamos. Demasiado tiempo tardé en ver la naturaleza del castillo que me había regalado.

Sí, Ádam edificó para mí un castillo en medio de la nada. Un castillo lleno de agua en el que yo nadaba sin salvavidas, confiada en la benevolencia de sus corrientes. Nunca quise ver la contradicción en su ardiente mirada. Quizás por eso, cuando quise salir abriendo las compuertas,  no tuve más remedio que arrojar al fuego todo el arsenal de sueños que lo sustentaban.

                                                                                                                                 ©   MVF

Microrrelato basado en la imagen. Elaborado para la sección Viernes Creativo (elbicnaranja)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/01/20/viernes-creativo-escribe-una-historia-172/comment-page-1/#comment-5704

 

La promesa

Le había prometido llevarla a escuchar el concierto de año nuevo.  Mi joven vecina acababa de llegar, desde la ciudad del amor, a este pueblo perdido en el fin del mundo.  De ella sabía que había dejado atrás su trabajo, sus costumbres, su familia. Pero el día de año nuevo amaneció vestido de blanco. Una imprevisible nevada enterró nuestros planes. Fue entonces cuando me acordé de la vieja gramola que tanto le  había llamado la atención el primer día que entró en mi casa. Rescaté la bicicleta de los domingos y, con la música a cuestas, acudí a buscarla. Bailamos, sobre la alfombra blanca de la nieve, mientras sonaba en nuestros corazones el mejor concierto de año nuevo que habíamos escuchado nunca…

Microcuento basado en la imagen. Elaborado para Viernes Creativo (El bic naranja)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/01/13/viernes-creativo-escribe-una-historia-171/#comments

El árbol de la vida

Microrrelato basado en la imagen /Ilustración: Mario Sánchez Nevado, Aegis-Strife.net

 

Cuenta la historia sagrada que, en el principio de los tiempos, cuando dios creó al primer hombre y a la primera mujer, dispuso para ellos un fabuloso Edén, con toda suerte de manjares y árboles frutales entre los cuales creó dios al árbol prohibido. El árbol de la sabiduría, por cuyas hojas circulaba la savia del bien y del mal, la misma que daba origen al conocimiento. Tras crearlo, dios tuvo a bien probar la fidelidad de sus criaturas y, para ello, colocó a este árbol en medio de todos los otros, señalándolo oportunamente con los símbolos que lo delataban, ordenando a la primera pareja de humanos que jamás comiesen del fruto que de él brotase so pena de perder su condición inmortal y ser desterrados por siempre del paraíso. De todos es conocido que, puesto que dios había creado a los dos seres a su imagen y semejanza, ambas creaciones respondieron a la duda que había nacido en el pensamiento del creador. Comieron del fruto del árbol prohibido y, al comerlo, tuvieron conocimiento de su efímera condición,  sucumbiendo a su vez a su propio pensamiento.  Si estas primeras criaturas hubiesen fijado su atención, en lugar de en su propia desnudez y vulnerabilidad, en los símbolos que dios había dispuesto en torno al árbol, la savia del conocimiento les habría hecho entender el prodigio verdadero del árbol de la creación.

La estrella de cinco puntas que aparece en la base del árbol, nos habla del perfecto equilibrio del ser con los elementos, en los que femenino y masculino se integran como un solo principio, lo mismo que el bien o el mal, lo material y lo inmaterial.

La armonía de los cuatro elementos se muestra también en las dos ranas situadas junto al mismo árbol, que en su transición de agua a tierra nos enseñan la mutación elemental, al igual que las setas, las cuales nacen en otoño, tras el fuego purificador del verano,  llevándonos a la recogida del fruto y  la cosecha sembrada.

Y es que el árbol de la vida es un árbol joven del que brotan todas las posibilidades: distintos cuerpos, masculinos y femeninos, jóvenes y ancianos, en permanente cambio, giran alrededor de él, enseñándonos el único y verdadero origen del universo:

 El pensamiento y la imaginación.

 

https://elbicnaranja.wordpress.com/2016/12/16/viernes-creativos-escribe-una-historia-2/comment-page-1/#comment-5640

Texto elaborado para el espacio Viernes Creativo (El Bic Naranja)