El duelo

Fuente de la imagen: exottica.com

A Gabriela se le murió la mascota nada más arribar a México. La pobre, llevaba días sin ingerir alimento y su color había mutado a un tono de lo más fangoso. Pero la niña Gabriela culpó por siempre del óbito a la tierra de los chilangos, como se empeñó en llamarlos desde que oyó el término. De poco sirvieron los intentos de toda la familia por conseguir que disfrutase de su estancia en la república mexicana. La niña estaba de luto por Minerva, que así se llamaba la difunta mascota, y persistía, erre que erre, en llorarla y llorarla. Cuando la festividad del día de los muertos, tan reconocida y celebrada en la zona, se acercaba, todos miramos con recelo a Gabriela, la cual, por primera vez en muchos meses, pareció reanimarse y se apuntó con gran entusiasmo a los talleres para celebrar la festividad. Catrinas, centros llenos de cempasúchil, velas y calaveritas, comenzaron a salir de sus manos para adornar un altar en el que la deidad era su muerta favorita: una putrefacta tortuga, que la niña jamás había enterrado, y lucía ahora adornada con brillantes collares y una abundante melena rubia.

 

Relato presentado al Concurso de Historias del Día de Muertos de Zenda libros y que resultó seleccionado como finalista.

#DiadelosMuertos

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Des-encanto

Frase de arranque: Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.

Elogio de la impuntualidad / Fernando León de Aranoa
(Aquí yacen dragones)

Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. El día en que iba a casarse se retrasó tanto, que su novio se cansó de esperarla. No conseguía continuidad en ningún trabajo, porque llegaba casi a la hora de echar el cierre. A pesar de contar con varios despertadores, no lograba desprenderse del gafe de la tardanza. Siempre había atascos cuando iba en coche, imprevistos cuando iba andando. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que había llegado  tarde a su juventud, al amor, a la dieta, a las vacaciones,  incluso a la jubilación, y, desesperada, decidió adelantarse para no llegar también con retraso a la muerte, ya que el tren de la vida había agotado sus pasajes. Cuando ya lo tenía todo preparado, sintió un súbito dolor ascendiendo desde el centro del pecho y comprendió que, una vez más, su destino le había tomado la delantera.

 

Texto elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

https://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/10/des-encanto.html

Pasatiempos

No hay texto alternativo automático disponible.

Cuando trabaja en la ferretería, me comunIco coN ella a través de los CrUcigramas. Es fácil eNviárselos por cualquiera; solo Tengo que mArcar las letras que me intereSa resaltar, repasándOlas una y otra vez: Mañana a las cinco en el bar de aBajo. Ella me Responde en los autodefinidos: en cAsa que estoy Sola. En la sopa De letras le pido quE se ponga el liGuero negRo y las mEdias de encaje Y ella me pide en los cruza palabras que recuerde traer el nuevo látigo que encargué.

                                                                                 ©Manoli VF

 

Microrrelato elaborado para el espacio Viernes Creativos (El Bic Naranja) basado en la propuesta de la hormigonera del libro de Manu Espada: Las herramientas del microrrelato, consistente en tomar elementos de un determinado campo semántico (cemento) y enlazarlos a través de un hilo conductor (arena) mezclándolos (agua) para construir el texto (masa)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/10/06/viernes-creativo-escribe-una-historia-207/comment-page-1/#comment-6469

 

 

Algunas chicas malas

 

Fuente de la imagen: http://4.bp.blogspot.com

 

Algunas chicas malas no soñamos con príncipes.

Besamos ranas cada día en el café con leche,

tragamos algunos sapos de camino al trabajo,

escupimos en los pasillos palabras malsonantes.

Algunas chicas malas no bordamos manteles

desgarramos cortinas para que el sol penetre

de lleno en nuestras casas.

Algunas chicas malas apagamos teléfonos

cuando nos llaman en las tardes de viernes

mientras borramos la sonrisa impostada,

y arrojamos al wáter nuestros buenos modales.

Algunas chicas malas no cumplimos las normas,

rompemos todos los cánones,

estiramos las curvas, hablamos con voz ronca,

traicionamos  la simetría de nuestra imagen

poniéndose suéteres manchados de grasa.

Algunas chicas malas escribimos malos poemas

enmarcando en el Arial letras que nos retratan

y gritan en silencio desde un tamaño doce

saltándose renglones:

 

doblemente espaciadas.

 

 

Poema elaborado para el concurso de Zenda libros 

#elclubdelospoetasvivos

A un clic de París

 

Imagen sacada de la red: flavorwire.com

 

Nostalgia de no haber estado en París

hojeando volúmenes de poesía en Shakespeare and Company

Paseando por la Rue l’Odéon viendo las luces encenderse

cuando todo era una fiesta y se brindaba con Hemingway en el Hotel Ritz,

cuando esquinas azules llamaban a Picasso a gritos

desde Montmartre a Montparnasse.

Nostalgia de acostarme al amanecer

saltando la noche y perpetrando sábados con Gertrude Stein,

bajo el humo y los conciertos de jazz  al lado de  Fitzgerald

caminando sobre los adoquines con los pies descalzos de Zelda.

Nostalgia de no haber conocido otro París

virgen de artistas para apropiármelo,

para cabalgar a lomos de un caballo cualquiera

una noche cualquiera de cualquier siglo,

venciendo el impulso de estampar mi firma en un libro

haciendo mías sus calles antes de haberlas leído.

Nostalgia de no transcender París,

en las noches de luna llena reflejadas sobre el agua del Sena

abriendo canales obscenos de confesiones

vertidas en  barras de bares desprovistas de visitantes insignes,

desnudándome interpretada sobre teclas anodinas

a través de unos dedos anónimos sobre el piano.

Nostalgia de sentir las manos heladas

resucitar al calor de una vieja estufa de leña

que ya nunca -ni un solo día más- se encenderá.

 

Poema presentado al concurso de Zenda libros #elclubdelospoetasvivos

La sombra de Edelvina

La imagen puede contener: una o varias personas, planta y exterior
Del libro: La España oculta (de Cristina García Rodero)

 

La sombra de Edelvina alejó a todas las mujeres de Manuel. Ni siquiera su gran amor, Gerarda, fue capaz de ir más allá del umbral de la puerta de su casa. Algo se instalaba entre el cuerpo de Manuel y la vivienda, que ninguna de sus novias logró traspasar. Salían, apenas ponían el pie para entrar en ella,  con el rostro demudado y un ahogo difícil de calmar. Otra que le ha dado un aire, decían los vecinos al verlas desfallecer una a una, sin que nadie atinase a comprender la causa. Manuel, que se había criado a la vera de su madre y había gozado siempre, en vida de ésta, de su beneplácito para salir y entrar, sospechaba, aún sin quererlo, que la promesa hecha a Edelvina en su lecho de muerte le retendría para siempre soltero: Prométeme que nunca te irás de esta casa, le había suplicado a su hijo.

                                                                                  ©Manoli VF

 

Texto elaborado para la sección Viernes Creativos, de El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/09/22/viernes-creativo-escribe-una-historia-205/comment-page-1/#comment-6439

https://www.facebook.com/groups/101042810429852/permalink/137886303412169/

 

La matrioshka del cuadro

 

Fuente de la imagen: thumbs.dreamstime.com

 

Cuando la vi me recordó  esas muñecas rusas, tan redondas y coloradas, vestidas de alegres colores. Estaba embarazada y ese detalle fue el que me llevó a verla como una auténtica matrioshka, que quise inmortalizar para siempre. Deambulaba por el mercado de la feria medieval, como buscando algo que no acababa de encontrar. Revolvía telas y manoseaba cortinas, edredones, jarrones y cuadros por igual. Se detuvo un instante ante un espejo y acarició su marco con delicadeza. Al ver sus manos, que parecían de porcelana, deseé ser vendedor para poder atenderla, aunque ella seguía su ruta, mirándolo todo, sin detenerse en nada. No quise perderla de vista y, buscando excusas, mientras ella se detenía en un puesto de churros ambulante, entré en una librería que me dio la idea para abordarla.

Cargado con pinceles y blocs de dibujo, a falta de lienzos, le salí al paso para hacerle una propuesta:

―¿Me permite dibujarla, señora?

Me miró con sorpresa, como si mi presencia allí le resultase insólita, y sonrió al tiempo que me corregía:

―Señorita, pintor, señorita.

―¿Me permite entonces? ―insistí

―No tengo dinero para comprar su dibujo.

―¡Oh, no se preocupe por eso! Soy estudiante de bellas artes, necesito practicar. Si tiene un minuto le regalaré el resultado –repuse, improvisando.

Asintió con la cabeza, aunque en sus ojos asomó un gesto de incredulidad.

Pedí a un vendedor ambulante de muebles de madera permiso para dejarla sentar en una de sus banquetas, ofreciéndome a retratar su puesto más tarde. No estaba seguro de mis dotes de dibujante (nunca había sido estudiante de bellas artes) pero bien valía la pena intentarlo a cambio de poder contemplarla. Me gustaba dibujar  aunque nunca había sentido  la necesidad de inmortalizar a alguien con tanta fuerza como sentía en ese momento. Sabía que si la dibujaba una vez, mi memoria guardaría el recuerdo de sus rasgos y podría reproducir el dibujo después, en la soledad de mi casa.

Mi matrioshka se recostó en el respaldo de la banqueta de madera, y me pareció asistir a un momento único, cuando la vi acariciar su vientre con espontaneidad.

―Es una niña, ¿sabe? ―comenzó a decirme― se llamará Alicia.

―¿Cómo la del país de las maravillas? ―se me ocurrió decir.

―Exacto ―respondió―. Siempre ha sido mi cuento favorito.

―¿Es usted de aquí? No recuerdo haberla visto antes ―dije tontamente, como si conociese a todas y cada una de las mujeres de la ciudad, mientras comenzaba a trazar las primeras líneas de su rostro a carboncillo.

―Soy de aquí y de allá ―respondió, esquiva.

Comencé a dibujar la curva de su abdomen intentando reflejar el aura maternal que la envolvía. Hubiera querido detener el tiempo en ese momento, absorto en  el magnetismo que irradiaba la mujer que estaba pintando. Cuando estaba a punto de finalizar el retrato, después de una eternidad en la que el vendedor del puesto ya comenzaba a recoger los muebles, me obsequió una gran sonrisa, exclamando:

―Gracias por este regalo inesperado.

Sonreí, repasando en la lámina la línea de sus labios, y levanté la vista para replicar que el gusto había sido mío cuando, para mi sorpresa, comprobé que había desaparecido. Miré alrededor sin verla por ninguna parte, y pregunté angustiado al vendedor si la había visto marchar.

―¿De quién me habla? ―me preguntó a su vez.

―De la mujer que estaba sentada en esta banqueta hace un momento.

Con gesto de extrañeza, el vendedor negó haberla visto.

―¡No puede ser! Era una mujer rubia, muy bella, estaba embarazada y vestía un vestido de gasa amplio…

El vendedor lanzó una risotada, interrumpiéndome.

―Me suena mucho su descripción. Déjeme pensar dónde he visto yo una mujer semejante… ―dijo, rebuscando entre los cestos de mimbre, que portaban cuadros para escoger uno.

Juro por dios que creí enloquecer al contemplarlo. Ante mis ojos estaba la misma mujer que yo había pintado hacía un momento, mirándome enmarcada tras un cristal y pintada con acuarelas de las que yo no disponía.

―¿Quién es esta mujer? ―pregunté al borde del delirio.

―¡Quién puede saberlo amigo! ―exclamó el vendedor encogiéndose de hombros―tal vez una ninfa, o el sueño de algún pintor tan loco como tú, anda, recoge tus bártulos y vete.

Miré a mis pies y recogí el bloc de dibujo del suelo con estupefacción. Ante mí aparecía, retratado a carboncillo el puesto del vendedor ambulante, con la banqueta vacía y el cesto de cuadros al lado.

 

Relato elaborado para el concurso  El Tintero de Oro del blog Relatos en su tinta (de David Rubio) y que obtuvo el Primer Premio Tintero de Oro en su primera edición 

http://relatosensutinta.blogspot.com.es/2017/10/gala-de-premios-i-edicion-tintero-de-oro.html

Incandescencias

 

Resultado de imagen de chimeneas rurales echando humo
Fuente de la imagen: bogajo-en-salamanca.blogspot.com

En mi casa el arte respiraba fuego. Fuego que incendiaba las casas de los vecinos desde lejos. Nunca entendí el humo que extendían mis poemas, la rabia abrasadora que destilaban las acuarelas de mi hermana, o el volcán que emergía de las esculturas de bronce de mamá, despertando lenguas de lava que no cesaban de escupir sobre nosotros. “Familia de locos” era el nombre que daban, de forma unánime cada vez que en alguna reunión común salía a relucir alguna de nuestras aficiones. Papá callaba, agachando la cabeza delante de la gente como si pidiese perdón, y al llegar a casa, desataba un huracán que le salía del pecho y arrasaba con todo lo que encontraba. Durante días fingíamos vivir como seres civilizados y manteníamos apagada la chimenea pero, en cuánto el aliento del frío se acercaba a cualquiera de nosotras, todas las letras, colores y figuras, que habitaban en silencio en nuestros corazones, volvían a provocar incendios.

 

Micro elaborado para la web ENTC (Esta noche te cuento) bajo el tema: artistas.

http://estanochetecuento.com/incandescencias-manoli-vf/

Topografía de los faros

 

La imagen puede contener: cielo, nube, exterior y agua
Fuente de la imagen: Pinterest

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo. Mañana será otro día, pero hoy el faro les pertenece. Y el mar con sus rumores, con sus historias silenciadas. Y la noche. Y el amor. Ella ha completado la historia del lugar. Ha despertado navíos hundidos mientras se dejaba naufragar allí, en el fin del mundo. Ahora él despierta en su cuerpo dormidas tempestades que habían estado esperándolo. No hay mañana en el faro. Ni en el mar. Ni en sus vidas.

Manoli Vicente Fernández ©

Micro elaborado para el blog grupal de Escritura Creativa Nosotras, que escribimos, a partir de las siguientes frases: Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo (frases correspondientes al comienzo del microrrelato La Extranjera  de Nuria Amat)

https://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/09/topografia-de-los-faros.html

 

 

Retorno

 

La imagen puede contener: 1 persona, agua
Fotografía: Juan Felipe López Arbide

 

Miraba el paisaje maravillado, como si nunca antes hubiese visto la nieve en las montañas que lo vieron crecer, y volvía a oír, como si viajase junto a él, la voz de su padre diciéndole: “Algún día volverás y lo verás todo con otros ojos”.

Micro basado en la imagen, elaborado para el espacio Viernes Creativo (El Bic Naranja)

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/09/08/viernes-creativo-escribe-una-historia-203/?c=6392#comment-6392

https://www.facebook.com/groups/101042810429852/permalink/135167373684062/