Cuerpo sin cuerpo

 

El mejor quitamanchas no te borra.

No despega ese surco que ha quedado

bajando por mis pechos, turbio, frío,

esperando un calor que no ha llegado

a tocar ese borde cristalino donde funde tu voz

y se hace abrazo

toda la espera, el grito,

el mundo,

que recorro vacía palmo a palmo

Ni la herrumbre oxidada de los días

deshace este dolor de ser pedazo

de un cuerpo que fue gozo ante tus ojos

de un labio que fue sangre entre tus labios

Qué valor tiene una ventana muda

donde no entra la luz ni resta espacio

al gélido abandono de la ausencia

al fruto inútil de los sueños ácidos,

Donde el día no alumbra y la derrota

Es la triste certeza de un hallazgo:

Nota sin música,

Canción perdida,

Grito sin voz,

Cuerpo deshabitado.

 

MVF ©

artsontheriver.com/images/Fed.CuerposEntrelazados

 

 

Ser tú

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Tú que me lees, no sabes, lo que yo daría por traspasar el papel de este libro y convertirme en protagonista de tu vida. Siquiera un momento ser de carne y hueso; aunque la carne pese y los huesos duelan. Salir al balcón de tu casa y respirar el aire de tu jardín, adormecerme en el sofá cómo tú, cuando escuchas música. Enfadarme una y otra vez con tu compañero de piso. Salir a la calle, aunque me caiga y tenga que levantarme una y otra vez, aunque el tiempo me desgaste y un día quede de mí sólo un nombre y un par de fechas. Saber que he vivido. Salir de estas líneas en las que duermo todos los días, siempre dentro de la misma historia. Poder sacudirme el pelo de la cara, sentir el calor del sol, oír el ruido de la lluvia golpeando tus ventanas. Vivir tu vida y, si me cansase, escribir inventando otra.

Micro publicado en la red Falsaria, en la revista digital Valencia Escribe, y presentado al concurso de Zenda Historias de libros.

Soñando a salvo

Una vez leí que el caos es una ley natural y el orden un sueño del ser humano, que necesita seguridad hasta en el movimiento y el cambio. Pues qué puede ser más seguro que un sueño,  pensé, que esa diminuta burbuja que crece y crece hasta llenar todo nuestro espacio. Un lugar seguro pueden ser unos brazos abiertos que nos esperan, el regazo de una montaña cuando estás cansado y te sientas en uno de sus huecos, pero también las páginas de un libro, que rompen el muro del silencio y te hablan al oído de mundos que nunca hubieras imaginado. Un lugar seguro es la historia en la que encuentras un reflejo de ti sin esperarlo. Sabes que nunca antes la oscuridad fue tan mansa, la luz iluminó tantos colores. Y olvidas ya quién fuiste, dónde ibas, porque llegas a casa. Todo lo que después ocurra, todo lo que destruya el viento, puede ser soportado, mientras el árbol de los sueños se sostenga para seguir soñando.

 

Microhistoria para el concurso de Zenda Historias de libros

Libro al que hago referencia: En lugar seguro (Wallace Stegner)

Cita: El caos es la ley de la naturaleza, el orden es el sueño del hombre (Henry Brooks Adams)

El cielo abrasador

Perdidos en sus respectivos mundos –-espejos de los nuestros―  girando en la espiral viciosa del ataque y la retirada, Port y Kit hicieron el equipaje que les llevaría de vuelta a sus profundos miedos, más allá del espejismo y la dureza del desierto del Sahara. Allí, donde el que escribe olvida el libro y emprende su propio viaje para irse, por momentos con uno, antes de encontrarse en el otro, fue donde acerté a vernos. Siendo Paul, creé a Port a través de las quejas de Jane, e intenté hacer lo mismo con Kit, pero ella, al igual que mi compañera, viajaba sola, bajo la implacable mirada del cielo, en el que un sol de fuego como ninguno, alumbraba sus pasos de barro.

Microhistoria para el concurso de Zenda Historias de libros

#historiasdelibros

Libro en el que se basa el texto: El cielo protector (Paul Bowles)

 

Humedades

El año en que me enamoré de él llovió tanto que, de ahogarme entre mis lágrimas de noche y cambiar mis pies mojados durante el día, asomaron nenúfares por todas partes: abriéndose entre las baldosas de casa, reventando los desagües del baño, invadiendo el agua sucia de la bañera y la funda de mi almohada. Al final de aquel torrencial año, justo cuando él anunció su boda con una chica que parecía la doble de Melissa Gilbert y comenzó a edificar su casa en la pradera, me di de bruces en la biblioteca con un libro El año del diluvio, de Eduardo Mendoza, y supe que era una señal. Llorosa y desesperada, forré dos ejemplares con los últimos nenúfares recién abiertos, y se los entregué de regalo de bodas, para que la pena que me habían causado regresase con ellos y nunca les faltase el agua.

Para el concurso de Zenda Historias de libros:

#historiasdelibros

Libro citado en el texto: El año del diluvio (Eduardo Mendoza)

Alquimia

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Cuando comenzaba a escribir daba igual lo que vertiese. Penas descarnadas florecían cual hortensias silvestres sobre el teclado, cuchillos hambrientos de sangre se transformaban en metáforas universales y hasta los pedazos de noche, esos que nadie quiere, de triste miseria y desgarro de bilis, que caen por el agujero del tiempo, fructificaban en girasoles de letras, conformando un cuadro de palabras. Solo ella se daba cuenta de que la belleza que vomitaba en sus textos era directamente proporcional a la ponzoña que tragaba, de que su hambrienta pluma se nutría, al igual que Dorian Grey en el libro de  Wilde, de la vida en su forma más primitiva: sangre transmutada en tinta, fuego apagado con lágrimas.

 

Historia elaborada para el concurso de Zenda Historias de libros:  #historiasdelibros

Libro citado en el texto: El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde)

Suave es la noche cuando no regresas

Recuerdo tu mirada la primera vez que nos vimos. Tus ojos verdes invitándome a perderme dentro de ellos. No olvido las tardes, abiertas de par en par para nosotros, como las hojas de un libro aún por escribir. La boda, contigo vestido de príncipe con levita, y yo de blanco inmaculado como la mejor de las novias. Después… los golpes desdibujan mi memoria, van y vienen las noches de pasillos sanitarios, los  puños llenos de sangre. Los ojos rotos, el recuerdo herido, y tú, cada vez más pequeño cuánto más grandes son tus manos. Suave es la noche, era el libro de cabecera de mi cama. Suave, como los rostros de nuestros hijos, como las sábanas de la noche de bodas, como tu voz pidiéndome perdón de rodillas. Suave es la noche, amor, suave, aunque a golpes de yunque te recuerde. Hoy has salido temprano y me he quedado un tiempo mirándote. Tu espalda recortada contra el día que amanece tan blanco. El coche no tiene frenos y no lo sabes. Suave es la noche cuando no regresas. Sé que hoy cerraré los ojos tranquila, aunque me despierte el sonido del teléfono. Conmigo quedará el que un día fuiste, el de los ojos verdes. El otro, el que ahora veo arrancar el coche, dormirá para siempre con los ojos abiertos.

Historia elaborada para el concurso de Zenda #historias de libros: #historiasdelibros

Libro citado: Suave es la noche (Scott Fitzgerald)

Lágrimas enquistadas

La imagen puede contener: una o varias personas

Al llegar a casa, Jimena venía tan impactada que no decía palabra. Por más que intentaron hacerla hablar, ella no hacía más que señalar su garganta y negar con la cabeza. Era como si al presenciar la pasión se le hubiese secado la voz y convertido sus cuerdas vocales en esparto reseco. La madre le preparó zumos de naranja por lo de la vitamina C y también licuados de zanahoria por lo del betacaroteno, pero ni con esas. Acudió al herbolario y compró pastillas de própolis con equinácea que dio a Jimena varias veces al día, amén de las gárgaras con zumo de limón y miel casera. Pero los días pasaban sin que la joven recuperase el habla, hasta que la madre, harta de probar remedios, se le ocurrió ir a la parroquia y mediar un tarro con agua bendita. Al llegar a casa, introdujo la mano en el agua sagrada y roció la garganta de Jimena, explicándole que la lavaba con las lágrimas del cielo y no era justo que ella no le diese las gracias. En el acto, se obró el prodigio en las cuerdas vocales de la muchacha, que rompió a llorar todas las lágrimas que tenía enquistadas, al tiempo que explicaba a su madre que el silencio se le había aferrado a la garganta al ver pasar el Cristo bajo los hombros de Justa y Jonathan, y observar, en sus furtivos besos, que ambos la traicionaban.

 

Manoli VF ©

 

Texto basado en la imagen propuesta en El bic Naranja: Viernes Creativos,  y elaborada en un Viernes Santo (14704/2017)

Ciberboom

La imagen puede contener: rascacielos, cielo y exterior

Cuando presioné la tecla y le di a liberar imagen, nunca sospeché el caos que estaba a punto de provocar. En la era cibernética y a veintiocho de diciembre, supuse que todo el mundo se daría cuenta de que no era más que un holograma que se había escapado de algún terminal, pero no. Toda la ciudad se paralizó y el gobierno cerró fronteras, hizo un llamamiento al ejército y cortó todas las comunicaciones. Imposible traerlo de vuelta. Intenté avisarles pero dieron el toque de queda y nos prohibieron salir al exterior. Muy pronto, centenares de hologramas con el sello de las grandes potencias invadieron todo el firmamento.
Mi inoportuno sentido del humor había provocado una auténtica guerra virtual, justo el día de los inocentes.

                                                                           Manoli VF©

 

Texto basado en la imagen, elaborado para el grupo El bic naranja: Viernes Creativos.

 

La raíz

La imagen puede contener: una o varias personas

Siempre habíamos estado juntos y lo que empezó como un juego de niños terminó llevándonos al terreno de los besos con lengua, las caricias bajo el mantel y los abrazos rodando sobre la hierba. Fue entonces cuando los mayores, envidiosos de nuestro amor, decidieron separarnos, y mamá me dio un tarro para que lo llenase de lágrimas: Cuando lo tengas lleno, te daré una planta para que eche raíz y te ocupes de ella me dijo. Recuerdo que lloré durante meses, hasta que un día apareciste tú y, metiendo la mano en el frasco, absorbiste todo el llanto para regar mi vientre seco del que, nueve lunas más tarde, florecería Abril, para asombro de todos y perplejidad de mi madre.

                                                                            Manoli VF©

 

Texto basado en la imagen, elaborado para el grupo El bic naranja: Viernes Creativos.