Ni damas ni esclavas ni heroínas

Los cuentos de heroínas son como los cuentos de princesas, pero al revés. El diccionario las define como mujeres que realizan una hazaña de extraordinario valor. Ja. Me río tanto que lloro. El esfuerzo de la risa, como versaba Juana de Ibarbourou. Las mujeres nos reímos muchas veces de las etiquetas que la sociedad nos impone. Mujeres de catálogo, para todos los gustos: cuidadoras, amas de casa, mujeres trabajadoras, princesitas. Desde todas las épocas han intentado definirnos. Somos esa ambiguedad que molesta, esa duplicidad que asusta. Lo mismo nos llaman Lolas que Carmencitas. Ahora hemos avanzado un grado. Ja. Me vuelve la risa. La risa del cansancio que expresaba Ibarbourou: ¡Ah, que estoy cansada!/Es por la fatiga de la loca risa. La jocosidad de los letreros la causan. Después de tantas etiquetas históricas descubro que hemos pasado de ser damas (Como en los retratos de viejo abolengo) que citaba Juana, a ser heroínas. ¡Ah, que estoy cansada! Déjame que duerma;/ Pues, como la angustia, la alegría enferma./  Y es que da risa. No hay que ir muy lejos para encontrar a grandes mujeres. Mujeres de toda edad y condición, capaces de realizar auténticas gestas, de mover montañas y levantar mundos. Mujeres de revista. Las he visto labrar campos enteros cargando a la espalda a los hijos. Las he visto coser de noche, a la luz de un candil, dejándose la vista. Las he visto callar, darse la vuelta lentamente, con las manos vacías y ponerse a multiplicar panes, amasando una onza de harina.  Dentro de cada mujer late una guerrera anónima. No es preciso ser María Curi, ni Juana de Arco,  ni Dolores Ibárruri. Todas tienen en común la perseverancia. La virtud de ser ellas mismas.  Pero ¿Cuál de ellas, de las anónimas y de las conocidas, de las de ayer y de las de hoy, querría ser etiquetada como heroína? ¿Lo sabe usted, lector o lectora? Imagine, en este mismo momento, a un gran equipo de periodistas preparados ante una rueda de prensa con una de las más grandes mujeres de la historia. ¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!/ vuelven a mi mente los versos de la gran poeta uruguaya: ¿Cuándo más alegre que ahora me viste?/ mientras visualizo varios micrófonos ante la insigne Agustina de Aragón: ¿Sabe que se la considera a usted una heroína? y, de nuevo, me responde Juana:

 Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,/ Es por el esfuerzo de reírme tanto…

 

Texto elaborado para el concurso de Zenda libros #Heroínas

Alusiones:

Poema «Despecho» de Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou (Biografía)

Agustina de Aragón (biografía)

 

 

 

Cómplices hasta el final

Laia lame mis heridas cuando llego a casa rota y me tumbo en el sofá. Laia nunca hace preguntas. Si la cena no está lista le da igual quedar sin cenar. Laia no me exige nada. Si duermo hasta mediodía vigila la entrada y me despierta, retirando las mantas despacio, si ve que  vas a llamar. Laia es mi cómplice en todo y finge alegrarse siempre cuando te ve en el portal. Laia nunca dice nada, pero se que enseñará sus dientes cuando yo le diga: «¡Ya!»

MVF©

#historiasdeanimales

Para zendalibros.com

 

Como a través de un espejo

Siempre que leía el cuento de Alicia,  Catalina se sentía reflejada. Veía a la reina de corazones en la matriarca de la familia, dispensando órdenes a diestro y siniestro a la hora de servir la mesa; dispuesta a cortar cabezas al menor fallo. Veía al conejo blanco, en la figura de su gato, Blanquito,  aparecer en cualquier momento para recordarle con su reloj que, otra vez, había olvidado jugando los deberes de la escuela. Con todo, era en esa extraña celebración del No Cumpleaños, en la que Catalina, en su yo de Alicia, veía la celebración más absurda de los domingos en su casa, con todo el clan familiar debatiendo qué novio escogerían para ella cuando cumpliera dieciocho años  

Minificción elaborada a partir de la imagen para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Foto: Hajime Sawatari – Alice

El viento de levante

 

http://www.fotoplatforma.pl/foto_galeria

 

Jeremías ―alias el Grajo― otea el cielo nada más levantarse. Aún no ha catado el desayuno y, de hecho, está acabando de abrocharse los botones de la camisa. Lo primero que hace siempre, nada más poner los pies en el suelo, es salir a la terraza para ver de dónde sopla el viento. Hoy viene de levante y eso indica que va ser una dura jornada. En días como estos, el Grajo reúne fuerzas con un buen desayuno: un par de huevos fritos con varias lonchas de panceta ibérica, vino de casa y un par de plátanos, aderezados con una generosa copa de orujo. Después carga su escopeta y sale al monte. Huele la sangre desde pequeño y, como a los grajos, le gusta escarbar en la maleza. Le apodaron así cuando hizo el servicio militar y salía todas las noches de caza con el sargento. Hoy vendrá tarde, cansado y sudoroso, pero cenará carne.

                                                                                MVF©

Texto elaborado para el concurso de Zendalibros bajo la premisa de incluir la palabra viento.

 

 

 

 

 

Ser tú

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Tú que me lees, no sabes, lo que yo daría por traspasar el papel de este libro y convertirme en protagonista de tu vida. Siquiera un momento ser de carne y hueso; aunque la carne pese y los huesos duelan. Salir al balcón de tu casa y respirar el aire de tu jardín, adormecerme en el sofá cómo tú, cuando escuchas música. Enfadarme una y otra vez con tu compañero de piso. Salir a la calle, aunque me caiga y tenga que levantarme una y otra vez, aunque el tiempo me desgaste y un día quede de mí sólo un nombre y un par de fechas. Saber que he vivido. Salir de estas líneas en las que duermo todos los días, siempre dentro de la misma historia. Poder sacudirme el pelo de la cara, sentir el calor del sol, oír el ruido de la lluvia golpeando tus ventanas. Vivir tu vida y, si me cansase, escribir inventando otra.

Micro publicado en la red Falsaria, en la revista digital Valencia Escribe, y presentado al concurso de Zenda Historias de libros.