Ante el mar

Al salir el sol disgrega la incertidumbre nocturna. En la noche cualquier ruido es gigante, cualquier temor es colosal. La nacarada luz de la luna eleva las mareas del alma, que se baten contra el cristal del tiempo en duelo desigual. Pero amanece. Siempre amanece. Pese al temblor de la tempestad. La victoria es dejar de tener miedo. Entrar de pie en el mar.

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Texto para la IV semana de octubre en la web solidaria cincopalabras.com

(Palabras propuestas: sol, incertidumbre, colosal, luna, victoria)

Manteniendo el fuego

Cuando todo estalló, ellas tomaron de la mano a los niños y los escondieron bajo sus hábitos, a los hombres los refugiaron dentro de los confesionarios. Desde allí, a través de las cortinas, las vieron acercarse a la luz del ventanal de la iglesia, para entonar los salmos. Desde allí, desde la oscuridad del asiento del confesor, las oyeron rezar sin que a ninguna de ellas le fallase la voz, sin que el ruido, cada vez más próximo, de los aviones, turbase su concentración. Desde allí las amaron, las temieron, las admiraron. Desde allí, se sumaron, en secreto, a media voz, a los rezos. Desde allí se sintieron reconfortados, y encontraron, en ese momento único, estremecedor, el pálpito de la llama, de la esperanza, la reconciliación.

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Colaboración, basada en la foto propuesta,  para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Deconstrucción

Cuando llegó el momento de marcharme a otra ciudad decidí desmontar mi casa. Tal como había hecho para construirla comencé por quitar las tejas, para ir descendiendo hasta el armazón. Confieso que las vigas del ático me llevaron algo de tiempo, al igual que el suelo, que hube de ir devastando por capas para hacer rampas y bajar al piso inferior. Para derrumbar las paredes de los tabiques hube de tomar medidas especiales y ayudarme de un arnés. Los muebles los reciclé todos plegándolos por módulos y empaquetándolos con cuidado en un archivador.

Cuando por fin hube terminado, metí la casita en mi maletín portátil y subí al avión.

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El mundo bicolor

Me encontré rodeada de sombras a plena luz del día. Todos los rostros se escondieron de mí. Nadie tenía un gesto hacia mi herida. Me volví invisible, aunque seguía tropezando con cuerpos opacos a mi alrededor. Desistí de hacer señales y caminé, curtiendo mi herida con el viento y secándola al sol. Poco a poco, las sombras comenzaron a tomar forma humana pero para entonces mi herida y yo éramos tan solo una y me abrí paso entre ellas, apartándolas de mi campo de visión.

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Texto sobre la foto propuesta y elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja 

La imagen puede contener: calzado

Foto realizada por el estudio Archstudio recreando una boutique con espejos interiores

 

Las madres

La niña Paula estaba acostumbrada a cuidar de su madre Sara, porque sabía que en su familia las madres no eran como las demás. Jugaban juntas, dormían juntas y, cuando la que debía ejercer, se caía de sueño y cansancio la más joven calentaba leche para cenar. Después de todo, ella y su madre casi tenían la misma edad. El dígito que las separaba era muy flexible y, a veces, se curvaba hacia atrás. La abuela Visi, para no ser menos, cuidaba de la Bisabuela Inés, y la beba, que pronto nacería, con toda probabilidad pronto iba a tener que cuidar de las cuatro también.

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#invirtiendoelorden

Coordenadas sin Google maps

En un mundo paralelo, el yo pasado de una mujer de los años veinte se roza con su yo de colegiala del año dos mil, separados por una débil cortina que el viento convierte en portal. El yo de María va, como la canción, un pasito pa’ alante ochenta años y un pasito pa atrás hacia el yo de Inés. El símbolo entre los dos yos une la brocha y el rodillo que pinta en futuro una A en el pasado de un círculo, y solo los pájaros que sobrevuelan ese paralelo y atraviesan la neblina de sus cabezas logran imprimir en sus trazos una A gigante de Ámerica, como única coordenada de ese portal.

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Minificción elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja, bajo la propuesta: COLLAGE

Despistes

Me busqué por toda la casa sin saber donde había dejado la cabeza, qué había sido de mis piernas ni dar con mis caderas por ningún lugar. Harta de no encontrarme, me dirigí al cuarto de la colada para darme un baño de color. Fue al abrir la puerta de la lavadora cuando mis piernas asomaron y pude ver mi cabeza, al fondo, desorientada y confusa como si el centrifugado fuese su primera vez.

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Minificción para los viernes creativos de El Bic Naranja (WordPress)

 

El legado

Mi abuelo amaba el campo y, cuando mis padres y yo íbamos a visitarlo, me gustaba jugar a buscarlo en sus lugares favoritos: la era que estaba bajo la casa, el jardín lateral en el que crecían hortensias y rosales, o en la cima de la colina desde la que se divisaba toda la aldea en su esplendor. Fue en esa cima donde el abuelo, que tenía en propiedad un pequeño trozo de terreno, selló un pacto conmigo para dejarme un lugar y un cobijo para cuando faltase él. Entre los dos plantamos un árbol que elegimos con cuidado, entre las especies más frondosas de la región. Hace ya muchos años que el abuelo partió en su último viaje y yo, cuando quiero recordarle, me siento a la sombra del gran árbol y diviso la aldea mientras me parece oír los consejos que me dió entonces para hoy.

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Micro basado en la ilustración de  Łukasz Kubiak, elaborado para el espacio Viernes Creativo de El Bic Naranja

 

 

La prueba

El agujero era angosto y la zarigüella hubo de encoger y contorsionar de mil formas diferentes su pequeño cuerpo para poder pasar. Una vez dentro, comprobó que la luz, aunque débil, era suficiente para anidar. No podía sospechar que la luz, lejos de ser amiga, procedía de una cámara, ni que el experimento, cual extraño tranvía de la suerte, estaba a punto de arrancar.

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Minificción elaborada para la web de escritores solidariosCinco Palabras

La fuga

LA FUGA

Cuando llegaron a rescatarles encontraron la isla vacía. Habían tardado tanto en aunar recursos y personal que el esfuerzo resultó en vano. Rastrearon el lugar sin hallar resto alguno de la tripulación. Nada. O las coordenadas estaban equivocadas, o todo el colectivo había sido rescatado ya. Después de horas de infructuosa búsqueda decidieron irse. Nunca supieron que todos los náufragos habían arrojado al mar, muy lejos de allí, sus dispositivos al llamarles ni que, desde otra isla más lejana, conversaban tranquilos bajo la protección de una recóndita cueva que nadie podría localizar.

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Minificción elaborada para la página solidaria Cincopalabras.com

Micro leído en Onda Cero Sierra con la voz de la escritora argentina Gabriela Vázquez