La piel atópica

En un mundo atópico, donde el mínimo roce de verdad araña la piel, Piedad se despierta. Hoy, el jefe le ha mandado un extraño trabajo: la comprensión. Para hacerlo bien, viaja a los barrios más pobres y escucha con atención el dolor del ser aislado, ese que no teme a la tristeza sino a las tres amenazas: la enfermedad, la carencia y la soledad impuesta, en un mundo que solo sabe respirar robando el aire del otro.

Minificción “en menos de cien palabras” con las palabras propuestas: Piedad, comprensión, atención, soledad y respirar.

Elaborada para la web solidaria:

Cinco Palabras

 

Resultado de imagen de fotos de barrios marginales

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Como a través de un espejo

Siempre que leía el cuento de Alicia,  Catalina se sentía reflejada. Veía a la reina de corazones en la matriarca de la familia, dispensando órdenes a diestro y siniestro a la hora de servir la mesa; dispuesta a cortar cabezas al menor fallo. Veía al conejo blanco, en la figura de su gato, Blanquito,  aparecer en cualquier momento para recordarle con su reloj que, otra vez, había olvidado jugando los deberes de la escuela. Con todo, era en esa extraña celebración del No Cumpleaños, en la que Catalina, en su yo de Alicia, veía la celebración más absurda de los domingos en su casa, con todo el clan familiar debatiendo qué novio escogerían para ella cuando cumpliera dieciocho años  

Minificción elaborada a partir de la imagen para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Foto: Hajime Sawatari – Alice

Historias de barrio

Marcelo era hombre de pocas palabras, taciturno y con andar cansino por sus muchas dolencias y gastados años, aunque no por eso dejaba pasar ni un día sin cumplir con su cita diaria. Porque si algo no podía negarse de su persona era el ser, por encima de todo, un hombre de ley, de los que ya no quedan, vamos. Puntual y fiel, aunque las rodillas se le arqueasen y tuviese que cambiar de mano el bastón para cargar la compra, Marcelo no le fallaba nunca a Aurora. Amigos desde niños, vecinos, y huérfanos de cariño ambos, ninguno tenía el cuerpo para practicar el amor en los tiempos del cólera, pero sí para ayudarse el uno al otro. En la casa, siempre encendida, color violeta de Aurora, no faltaba a media mañana ni a media tarde el tazón de leche con una nube de café de Marcelo. Comían, sin grandes dispendios, a veces un pollo asado que él compraba en el puesto del barrio, acompañado de unos sabrosos pimientos que cultivaba ella. A fin de mes, arrejuntaban sus pensiones y podían comer con igual disfrute un bocadillo de sobreasada o una tortilla a la francesa hecha con todo el mimo del mundo y, eso sí, con los huevos de las gallinas que campaban felices y libres por el huerto. Comían, sí, y además de comer, hablaban. De los viajes que nunca hicieron, de los libros que habían llegado a la sección de novedades de la bibilioteca, de lo mucho que iba cambiando el barrio con los años. De todo lo que se le venía a las mientes. Después, se despedían hasta la mañana siguiente y, por las noches, se soñaban el uno al otro, en sus respectivas casas y camas, habitando, muy juntos y felices, dentro de la misma historia.

MVF©

 

Minificción elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Foto por: Elena Mújier Gutiérrez

Regando el mañana

Mientras cortaba el césped perdí varias pestañas. Nunca me había ocupado de segar la hierba. Al principio, las pérdidas y el dolor ciego me hicieron trabajar deprisa y el sudor comenzó a humedecerme el cuello a la vez que las lágrimas. Pensé en prender una cerilla y acabar con todo. La libertad puede ser no tener que ocuparse de nada. A mediodía, ya había acabado con la tarea y entonces caí en la cuenta de que el color verde tenía un brillo inesperado.

 

 

Colaboración escrita para la página de escritores solidarios Cinco Palabras 

Palabras propuestas: Cesped-pestañas-cerilla-libertad-brillo

Extensión máxima permitida: cien palabras

 

A carga inversa

Hai mulleres que semellan bonecas rotas que se refán e reconstrúen a si mesmas todo o tempo. De tal xeito que podes atopalas un luns, despois de amencer sen pés, arrastrándose sobre os miñóns para facela compra, sen decatarse do arrepío que a súa presenza produce na veciñanza. Calquera día, volves a velas de novo cargando bolsas nos seus brazos medio descolgados, alleas por completo ao medo enfermizo que provocan nos que as atopan e comezan a silbar distraidamente, mentres palpan os seus propios membros asegurándose de seguir sans e enteiros fronte a catástrofe que contemplan. Pero, con todo, o peor acontece cando estas mulleres se atreven a saír á rúa co pescozo medio caído, loitando por traer de volta á faciana os seus ollos, para seguir cargando coa equipaxe dos seus días, mentres todos os demais se preguntan se non deberían construír unha rúa aparte, un mundo aparte para estas mulleres reconstruíndose de cotío e que alteran tanto a seguridade allea, obrigando ao resto da xente a desviala vista e botar man de tódolos trucos que coñecen para empequenecelas.

-Micro elaborado e publicado tamén en castelán  no espazo Creativo de  El Bic Naranja  
e no grupo do mesmo.

 

La imagen puede contener: una o varias personas
-Creación da boneca e foto por: Raquel Rodriguez Suarez 
creadora de persoaxes de teatro (apitipitinna.com)
Traducción en castellano:
LA CARGA INVERSA

Hay mujeres con apariencia de muñecas rotas que se rehacen y reconstruyen a si mismas todo el tiempo. Y así puedes verlas un lunes, después de amanecer sin pies, arrastrándose sobre sus muñones para hacer la compra sin prever el horror ajeno que su visión provoca en el ánimo de sus vecinos. Otro día, las ves cargando bolsas sobre sus brazos medio desmembrados, inmunes al miedo enfermizo que provocan en quienes las encuentran, que comienzan a silbar disimuladamente, mientras se tocan sus propios miembros buscando la certeza de continuar enteros frente al espectáculo. Pero lo peor llega cuando salen con el cuello semi caído, luchando por traer sus ojos de vuelta y seguir cargando, pese a todo, con la mochila de sus días, mientras las gentes comienzan a preguntarse si no deberían construir una calle aparte, un mundo aparte para estas mujeres que turban tanto la seguridad ajena, que obligan a los demás a torcer la vista y a echar mano de todos sus recursos para fingir no verlas.

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La bailaora

Rita, la bailaora, en acción era un fenómeno de la naturaleza. La leyenda aseguraba que sus pies eran capaces de paralizar el viento y cesar el crecimiento de la hierba. Cuando salía al escenario temblaban los cristales al ritmo de sus tacones. El pulso, la respiración y hasta el parpadeo de los espectadores se quedaba en suspenso. Ni las moscas se movían cuando los  volantes de Rita se arremolinaban para bailar al compás de la guitarra y las castañuelas.

Solo una vez, un hombre osó romper la magia del suspense saliendo al encuentro de Rita en el escenario. Allí, delante de todo un público hipnotizado, se postró ante la bailaora para pedirle matrimonio.

Dicen los más ancianos del lugar que, muchos años después de la desaparición de ambos, aún sigue escuchándose el repiqueteo de los tacones de Rita sobre el tablao al llegar la medianoche.

 

Minificción  elaborada para los Viernes Creativos de Ana Vidal

Ilustración: Ina Hristova

El DESHIELO DE MAUREEN

La lechuza cobijó el cuerpo de Maureen bajo sus alas y extendió un lecho de plumas en torno a ella para aislarla del frío; no en vano la muchacha había peleado con todas sus fuerzas por salvar a sus amigos del bosque de los depredadores. Bien sabían todos los animales que detrás de su cuerpo de pantera habitaba una joven, con piel de terciopelo, acostumbrada a luchar. Pero no estaba sola. La nieve, que la malvada bruja de la montaña había hecho aparecer, pronto derretiría ante el fuego incipiente del corazón de la joven guerrera, que al calor de las alas de la lechuza volvería a despertar.

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Texto  elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Foto: Katerina Plotnikova

El juego

Lo intentamos, pero no aceptaban cualquier prenda. Ese era el riesgo: Concurso perdido y prenda quitada. Mi hermano, fiel a su estilo deportivo, acudió en chándal, llevando, como único complemento, la guitarra de papá. Era su forma de tenerlo presente entre nosotros. Yo, fiel a mi estilo casual, aposté por camisa azul y jersey clásico de cuello en pico y, como complemento, elegí de entre las pertenencias de mi progenitor su porta-documentos negro.

Claro que, a la postre, el resultado final fue el mismo porque los dos perdimos los pantalones.

 

Texto basado en la imagen de Jaime29D  títulada: Gemelos tristes

y elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

La imagen puede contener: 8 personas

Obsolescencia programada

El programa no respondía y el programador local no detectó el fallo. El piloto automático activó el modo de interconexión neuronal pero las instrucciones eran confusas. Menos mal que, poco después, Terry, el androide de compañía que me habían asignado por las tardes, llegó a casa y me colocó el arnés para sacarme a pasear.

 

Micro basado en la imagen, elaborado para el espacio El Bic Naranja- Viernes Creativos

 

La imagen puede contener: texto

Un paso por delante

Martín intentó matar el tiempo de todas las formas posibles: escondiendo el reloj debajo de la cama, concentrándose en el ahora para alejarse del segundero, haciendo tortas con nata y hasta apagando el reloj de un manotazo. Pero el tiempo continuaba, impasible, sonando en las campanas de la vieja torre y cambiando el color del día a su paso. Entonces Martín tomó la mejor decisión de su vida: cargarse el tiempo a la espalda.

MVF©

La imagen puede contener: una o varias personas y exterior
Micro basado en la imagen propuesta por el colectivo VE (Valencia Escribe)