Eclosión final

 

La imagen puede contener: personas sentadas, árbol y exterior
Fotomontaje: Kevin Corrado

 

En cierta ocasión, en uno de mis paseos por el bosque, pude ver a la mitad de un hombre intentando asomar a la superficie. Me dieron ganas de ayudarle, a pesar de que había oído que todo intento de esta índole resulta penoso y contraproducente, que es como intentar ayudar a salir de su crisálida a una mariposa: lo único que se consigue es detener la madurez de sus alas que, sin esta lucha, serán tan débiles que nunca conseguirán volar. Lo vi, y el hombre me llamó por mi nombre, extendiendo sus manos hacia mí quizá porque, tiempo antes, yo misma había estado en su situación, debatiéndome dentro de mi crisálida y él me había visto. Lo único que pude hacer fue acariciar su torso desnudo, animándole a encontrar la fuerza para hacer asomar el resto del cuerpo y que no se quedase, por siempre, como tantos medio hombres que una encuentra a menudo por el bosque: con los pies en una parte y el corazón en otra.

MVF©

 

Propuesta basada en la fotografía y elaborada para Los Viernes Creativos de El Bic Naranja

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Amar hasta el final

La imagen puede contener: 1 persona, exterior
Foto: Karolina Bazydlo

 

Me llamo Amalia y cuando amo lo hago con intensidad y es curioso esto de la intensidad, porque no depende de mí, pero engancha. Tal vez por eso, ni en mi mente ni en mi corazón concebí nunca otra forma de amar. Ese amor tranquilo y sosegado que no agita tu sangre, del que suelen hablar los matrimonios con el correr de los años, no es el amor que yo quiero. Amontonar platos sucios en el fregadero hasta que decides romper unos cuántos, puede llevarte demasiado tiempo. Sé que hay gente que no puede entender mi proceder por más que intente justificarme, pero yo creo que, en realidad, le hice un favor a Enrique cuando salí corriendo minutos antes de presentarme ante el altar. Le ahorré el disgusto de oírme hacer gárgaras por las noches, verme dormir con antifaz y levantarme llena de legañas, o de encontrarme con dos rodajas de pepino sobre los ojos al llegar a casa; pero, sobre todo, le ahorré tener que verle echando panza frente a la tele, con varios botellines de cerveza y restos de pizza a su alrededor;  peleándose con su reflejo al hacerse la raya al lado para cubrir la azotea de sus ideas, o enfrentándose al duro momento de tener que aceptar una excusa para dormir en camas separadas.

Sí. Cuando vuelvo atrás en la memoria y me veo frente al espejo, adornada y decorada como todas las novias que se precien, me alegro de verme lanzar los zapatos blancos al aire, de rebuscar en el armario hasta dar con las botas de montaña negras y de salir disparada (y remangada) con el mismo vestido de novia y la tarjeta de crédito escondida bajo la ropa, rumbo a cualquier lugar lejos de aquel en el que aborrecernos juntos.

Texto basado en la imagen, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Maneras de morir

Su cuerpo estaba en la alfombra, tendido delante de mí. “El cliente siempre tiene razón”, me dijeron cuando comencé en este viejo oficio. Pero el cliente, a veces, no sabe dónde está su límite. Bueno, tanto peor para él, pobrecito. Yo me limito a hacer mi trabajo, no tengo acceso a su historial médico ni lo necesito. Se supone que, al menos, murió feliz; después de todo, es una buena forma de morir: en medio de un fulminante orgasmo. No me había pasado con ninguno. Ahorita mismo llamaré a madame Bianca y le recordaré, de paso, su amonestación sobre mi frialdad, para muestra, un fiambre.

MVF©

Imagen: Ole Marius Jorgensen (http://olemariusphotography.com/)

La imagen puede contener: una o varias personas e interior
Texto basado en la imagen, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

El gran salto

 

La imagen puede contener: exterior y naturaleza
Foto: Elmar Geissler

 

Las bases decían que el texto que escribiésemos debería llevar por título: El gran salto y basarse en un salto importante, real o metafórico. Cada viernes el tema era distinto. Los dos últimos habían sido Cuéntame un sueño y El conflicto con la identidad externa e interna y ahora venía lo del salto. Una escribe y, al hacerlo, busca posibles resonancias. A mí el título me llevaba directamente a una caída libre, una caída sin paracaídas sobre un océano en medio de la nada. Abrí el word y comencé a escribir: Las bases decían…

                 Manuela Vicente©

 

Texto elaborado para Los Viernes Creativos de El Bic Naranja con las siguientes premisas: Titularse El Gran Salto, y estar basado en un salto real o metafórico.

 

La línea quebrada

La presencia de dobles enlaces en los ácidos grasos tiene una importancia relevante tanto estructural como metabólica, ya que determina que las características sean completamente distintas, de tal forma que un ácido con enlaces sencillos tendrá una forma molecular rectilínea, mientras que un ácido de dobles enlaces presentará una inflexión en el lugar de su “doble enlace” que le hará tomar el perfil de una línea quebrada. Dicho esto, hay que tener en cuenta que un enlace simple es mucho más estable y resistente que un doble enlace, que siempre resultará más vulnerable y débil, aunque cuando este último se rompe se convierte, de forma invariable,  en un enlace sencillo.

La lección del metabolismo de los lípidos podía aplicarse a mi vida, pensé mientras miraba la cama doble y el hueco vacío del armario. Lo único que me reconfortaba entonces era saber que, al estar de nuevo sola, ya no sería tan vulnerable.

Manuela Vicente Fernández©

 

Texto elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja bajo la premisa de utilizar un “lenguaje técnico” en la narración 

Final de recorrido

Josh_Kern

La relación entre Azzan y yo era imposible. Los dos lo sabíamos. Él había llegado a Madrid para realizar un máster sobre periodismo y, al finalizarlo, regresaría a Israel. Quería ayudar a los suyos, poner su grano de arena para ayudar a que el conflicto político de su país se solucionase. Siempre supimos que la realidad se interpondría entre nosotros dos con todo el peso de sus obligaciones, por eso evitamos tener un contacto que nuestro cuerpo nos pedía a gritos cada vez que coincidíamos. Aquel último día hicimos juntos el recorrido en metro como siempre pero, al llegar a la parada en la que me tocaba bajar, Azzan me tomó por la cintura y me dio un regalo inesperado: un beso tan dulce que me haría recordarlo toda la vida.

Texto basado en la imagen y elaborado -con motivo de San Valentín- para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Sigma blues

Mamá cosía. Desde bien temprano en la mañana, oíamos el ruido de su máquina de coser. Cosía los pantalones de trabajo de nuestro padre, los agujeros de los calcetines, los rotos de los bolsillos de los abrigos, los fondos de los pantalones que nos quedaban largos pero, sobre todo, mamá cosía vestidos y trajes para sus clientas. Telas finísimas y muy caras, que nos dejaba acariciar a Marlen y a mí: “¡Mirad, niñas, qué sedas! lo bien que os sentarán cuando crezcáis y yo os haga vuestros vestidos para lucir el día en el que os graduéis”.
Aún ahora, treinta años después, cuando llega el silencio de la noche, me parece oír cosiendo a mamá, que no llegó a confeccionar nunca nuestros vestidos de graduación, porque Marlen y yo nos fuimos, contratadas como acróbatas de circo para bailar en la cuerda floja, poco tiempo después de que el hilo que sostenía la vida de nuestra madre se quebrase, y papá vendiese su máquina de coser.

Manuela Vicente Fernández ©

Fuente de la imagen: /www.anuncioneon.es

 

Texto elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

 

 

 

 

Secretos de alcoba

Hay olores que se quedan adheridos a tus recuerdos y no puedes volver a olerlos sin sentir que viajas en el tiempo al momento en que ese olor se coló dentro de alguna escena. Yo era un niño muy chico cuando sucedió aquello. Recuerdo que me escondí dentro del armario cuando vi que se abría la puerta de la habitación. No me vieron. Ni el abuelo ni Merce, la chica de servicio que venía a planchar dos veces por semana. Olía a naranjas. La abuela ponía sus mondas en los estantes de la ropa, para espantar a las polillas. Yo miraba por la cerradura del armario y veía cosas prohibidas: pechos de mujer enormes, nalgas blancas y redondas, brazos y piernas entrelazados, y al abuelo en medio del lio. Había entrado en su cuarto para buscar la colección de soldados que guardaba en una vitrina, pero ya no volví a jugar con ellos nunca, ni tampoco a comer naranjas.
 
Manuela Vicente Fernández © 
Micro elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

El octavo mandamiento

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Dicen que negro es pecar, y que negra es la boca del infierno. Negra la oscuridad y la infamia. Mundo negro. No peca. Jura. Jura y perjura que no lo conoce. Y no miente. No miente porque el sujeto que está sentado en el banquillo no es el que él conoció. No es su compañero de trabajo y compadre de juergas. No. Ese tiene las manos manchadas y el alma más negra que el carbón. Y piensa si en el infierno los carbones se encenderán para arder eternamente o serán ceniza sobre ceniza. No miente. Él lo vio. Lo vio cometer actos que jamás le atribuiría. Ese es un asesino –responde. No es mi amigo. No.

 

Texto basado en la imagen, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

 

 

El siseo de las mariposas

La seda es un tejido delicado y los gusanos que la producen son criados con gran esmero. Una vez que los huevos eclosionan, las larvas son alimentadas con hojas de morera hasta que comienzan a elaborar capullos finísimos, cuyos filamentos darán origen al hilo de la preciada tela. La mayoría de estas laboriosas larvas no llegarán nunca a ser mariposas, ya que apenas terminan  el envoltorio de su crisálida, son desechadas de inmediato. Solamente unas pocas, destinadas a producir más huevos y, por ende, a futuras obreras, sobrevivirán. De entre ellas, quizá una se pose en tu ventana un día, y puedas admirarla un momento, antes de que un soplo de aire la espante de tu lado, al escuchar el siseo de tu vestido de seda.

 

Manuela Vicente Fernández ©

 

Foto realizada por mi sobrina Z.F.V

Texto elaborado para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos  para el ejercicio Escribiendo con los cinco sentidos, sentido tacto: tacto de seda.