Final de recorrido

Josh_Kern

La relación entre Azzan y yo era imposible. Los dos lo sabíamos. Él había llegado a Madrid para realizar un máster sobre periodismo y, al finalizarlo, regresaría a Israel. Quería ayudar a los suyos, poner su grano de arena para ayudar a que el conflicto político de su país se solucionase. Siempre supimos que la realidad se interpondría entre nosotros dos con todo el peso de sus obligaciones, por eso evitamos tener un contacto que nuestro cuerpo nos pedía a gritos cada vez que coincidíamos. Aquel último día hicimos juntos el recorrido en metro como siempre pero, al llegar a la parada en la que me tocaba bajar, Azzan me tomó por la cintura y me dio un regalo inesperado: un beso tan dulce que me haría recordarlo toda la vida.

Texto basado en la imagen y elaborado -con motivo de San Valentín- para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

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Sigma blues

Mamá cosía. Desde bien temprano en la mañana, oíamos el ruido de su máquina de coser. Cosía los pantalones de trabajo de nuestro padre, los agujeros de los calcetines, los rotos de los bolsillos de los abrigos, los fondos de los pantalones que nos quedaban largos pero, sobre todo, mamá cosía vestidos y trajes para sus clientas. Telas finísimas y muy caras, que nos dejaba acariciar a Marlen y a mí: “¡Mirad, niñas, qué sedas! lo bien que os sentarán cuando crezcáis y yo os haga vuestros vestidos para lucir el día en el que os graduéis”.
Aún ahora, treinta años después, cuando llega el silencio de la noche, me parece oír cosiendo a mamá, que no llegó a confeccionar nunca nuestros vestidos de graduación, porque Marlen y yo nos fuimos, contratadas como acróbatas de circo para bailar en la cuerda floja, poco tiempo después de que el hilo que sostenía la vida de nuestra madre se quebrase, y papá vendiese su máquina de coser.

Manuela Vicente Fernández ©

Fuente de la imagen: /www.anuncioneon.es

 

Texto elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

 

 

 

 

Secretos de alcoba

Hay olores que se quedan adheridos a tus recuerdos y no puedes volver a olerlos sin sentir que viajas en el tiempo al momento en que ese olor se coló dentro de alguna escena. Yo era un niño muy chico cuando sucedió aquello. Recuerdo que me escondí dentro del armario cuando vi que se abría la puerta de la habitación. No me vieron. Ni el abuelo ni Merce, la chica de servicio que venía a planchar dos veces por semana. Olía a naranjas. La abuela ponía sus mondas en los estantes de la ropa, para espantar a las polillas. Yo miraba por la cerradura del armario y veía cosas prohibidas: pechos de mujer enormes, nalgas blancas y redondas, brazos y piernas entrelazados, y al abuelo en medio del lio. Había entrado en su cuarto para buscar la colección de soldados que guardaba en una vitrina, pero ya no volví a jugar con ellos nunca, ni tampoco a comer naranjas.
 
Manuela Vicente Fernández © 
Micro elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

El octavo mandamiento

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Dicen que negro es pecar, y que negra es la boca del infierno. Negra la oscuridad y la infamia. Mundo negro. No peca. Jura. Jura y perjura que no lo conoce. Y no miente. No miente porque el sujeto que está sentado en el banquillo no es el que él conoció. No es su compañero de trabajo y compadre de juergas. No. Ese tiene las manos manchadas y el alma más negra que el carbón. Y piensa si en el infierno los carbones se encenderán para arder eternamente o serán ceniza sobre ceniza. No miente. Él lo vio. Lo vio cometer actos que jamás le atribuiría. Ese es un asesino –responde. No es mi amigo. No.

 

Texto basado en la imagen, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

 

 

El siseo de las mariposas

La seda es un tejido delicado y los gusanos que la producen son criados con gran esmero. Una vez que los huevos eclosionan, las larvas son alimentadas con hojas de morera hasta que comienzan a elaborar capullos finísimos, cuyos filamentos darán origen al hilo de la preciada tela. La mayoría de estas laboriosas larvas no llegarán nunca a ser mariposas, ya que apenas terminan  el envoltorio de su crisálida, son desechadas de inmediato. Solamente unas pocas, destinadas a producir más huevos y, por ende, a futuras obreras, sobrevivirán. De entre ellas, quizá una se pose en tu ventana un día, y puedas admirarla un momento, antes de que un soplo de aire la espante de tu lado, al escuchar el siseo de tu vestido de seda.

 

Manuela Vicente Fernández ©

 

Foto realizada por mi sobrina Z.F.V

Texto elaborado para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos  para el ejercicio Escribiendo con los cinco sentidos, sentido tacto: tacto de seda.

 

 

 

Una ya tiene sus años y ha visto muchas cosas recorriendo estas calles de Dios, pero aquel tipo no era bueno, no, que lo sabré yo. Arrojó unas monedas a mi plato y servidora ya iba a ofrecerse para leerle la buenaventura cuando vi que muy mala la gastaba el mocito, muy mala, sí señor. Debió de verme el susto pintado en la cara porque se echó a reír mientras yo rezaba todo lo que sabía, ya que cuando ríe el diablo alguien llora, y al malparado le seguía la misma muerte, en forma de una niña en la sombra.

Texto basado en la foto, elaborado para ENTC

El vigía

 

La imagen puede contener: 1 persona, de pie y exterior
Foto: Carl Størmer (1890)

 

―Espera aquí, Pedrito, que voy a enseñarle a la señorita donde queda una dirección. ¡Y deja de mirar a los transeúntes con ese ridículo catalejo, que te van a tomar por un pirata!

Mi madre, de tan lista, a veces se pasa de rosca y se vuelve tonta: Espera aquí, Pedrito, que voy enseñarle a la señorita donde queda una dirección… ¡Como si ignorase yo su oficio de alcahueta, que cada vez tiene menos clientela! Menos mal que a la paga que le da Maruja por promocionar sus habitaciones le añado, de extranjis, la propina que me dan a mí los maridos de las señoras por avisarles cuando llegan de vuelta que si no…

 

Manuela Vicente Fernández ©

 

Texto elaborado para el espacio Viernes Creativo de El Bic Naranja

En el pueblo

 

La imagen puede contener: interior
Imagen: viviendoelcampo.com

 

Las manos de Eloísa estaban rojas e hinchadas. Había olvidado traer los guantes para lavar la ropa del abuelo. Las vecinas charlaban y reían contando los últimos chismes, mientras enjabonaban y aclaraban su prendas respectivamente, en el lavadero comunal.

Eloísa se sentía como un personaje de época. En la ciudad no pasaban estas cosas. Las vecinas se veían en la escalera o, si acaso, al tender la colada y, como mucho, hablaban del tiempo, pero aquí en la aldea… todo era diferente y demasiado engorroso. Intentó convencer al abuelo, cuando supo que tenía que operarse de la vesícula, de que se fuese con ella. Pero el viejo era terco. “Vente tú, Marisita, reina, yo te envío el dinero” pero no era cuestión de pasta, diantre, sino de ritmo de vida. Así que Eloísa, que aquí sigue llamándose Marisita desde que el abuelo se empeñó en cambiarle el nombre de niña, no ha tenido otro remedio que viajar atrás en el tiempo y llegar al momento de nuestra historia.

–Marisita, se te están quedando moradas las manos ¿quieres que acabe yo de aclarar tu ropa?–Pregunta Mari Pepa.
–No, no, gracias, ya estoy terminando —responde Eloísa, mientras sumerge en el agua helada la camiseta interior de felpa del abuelo.

 

Texto elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos, bajo la premisa: Tacto frío

Muros y trenzas

Desde lo alto de la torre veo a los depredadores, como los llama ella, rondando la fortaleza inexpugnable. Tengo los cabellos resistentes y tan largos que parece que llevo una capa a la espalda. Se me ocurre trenzar varias cuerdas esta noche. Cuerdas con nudos corredizo que atrapen. También una cuerda para deslizarme. Pienso que, después de todo, ha valido la pena dejar que mis cabellos crecieran. Desde la ventana advierto como la noche se acerca. Rápidamente, preparo todas las cuerdas y me deslizo con cuidado apoyando mis pies en los nudos hasta que… ¡estoy fuera!

A la mañana siguiente el reino amaneció consternado. Rapunzel no estaba en la torre. Y de sus cabellos, convenientemente trenzados y dispuestos, pendían atrapados por la cintura numerosos guerreros esperando a que sus madres y hermanas, acudiesen en tropel a rescatarlos.

Manoli VF©

Relato elaborado con motivo del día contra la violencia a la mujer, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja:

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/11/24/viernes-creativo-escribe-una-historia-215/comment-page-1/#comment-6550

Todos los lugares

 

Fuente de la imagen: //madridfotoafoto.blogspot.com.es/2008/03/los-msicos-callejeros.html

 

¿Quién no ha soñado con regresar a algún lugar en el que ya estuvo? En sueños siempre se vuelve para realizar aquello que hemos dejado inconcluso. Se vuelve para ayudar a cruzar la acera a una mujer mayor. Para entrar en aquella tienda. Para echar unas monedas a aquel músico con los ojos llenos de frío. Se vuelve para aceptar una invitación. Para anotarse al horario de clases nocturno. Para visitar aquel museo que estaba cerrado y buscar aquel cuadro que querías contemplar con todo el tiempo del mundo. Por eso es cierto que seguimos en todos los lugares de los que nos hemos ido, haciendo todas las cosas que dejamos por hacer entonces, cuando pensábamos que ya habría tiempo de volver.

MVF©

 

Texto elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/11/17/viernes-creativo-escribe-una-historia-213/comment-page-1/#comment-6536