El halo que te envuelve

Puede que en algún momento. En esos momentos de espejo y cámara, entonces tan secretos. Por aquel entonces, no había redes sociales y la belleza de un encuentro se guardaba en la retina y en la memoria. Nadie iba por la calle con una cámara ni con un localizador en el bolso. Bien pensado, si en alguna charla de sobremesa a algún iluminado se le hubiese ocurrido anticipar tal futuro sería el hazmerreír de la fiesta. Pero, retomando el hilo del tema, puede que en algún momento, casi siempre a escondidas (íntimo instante enfocado a un sentimiento vano, quizás buscando el juego del coqueteo) se recrease en aplicar la sombra con cuidado sobre los párpados, el colorete o el perfil a los labios entreabiertos. Solo un momento. Por lo demás, le molestaba ese prejuicio tan grande que volvía las cabezas locas. Odiaba los piropos. El escrutinio gratuito, la devoción por lo visible, lo perecedero. Por eso la cara de la Gioconda es la más ambigua de todas las caras esbozadas en lienzos. Porque ella misma se lo había pedido a Leonardo como condición: No pintes lo que ven todos. Pinta el halo de mi rostro.

Texto escrito para el espacio ENTC (Esta noche te cuento) bajo el tema: Belleza

35. El halo que te envuelve (MVF)

Un lío del quince

Dice mamá que debemos hacer vida como los de antes. Que los ritmos vitales del cuerpo humano se rigen por los naturales y que al ponerse el sol todo el mundo ha de irse a la cama. Yo creo que es por la factura de la luz, porque oí a papá decir que cada vez estaba más cara, pero ella dice que no. Que la luz contamina porque da mucho trabajo fabricarla. Yo esto último no lo entiendo, porque el otro día, en el colegio, nos enseñaron un documental que hablaba de las placas solares que concentraban la luz del sol y, hasta donde nos han dicho, el sol no cuesta nada. Pero lo cierto es que mamá se está poniendo un poco pesada con todo. Nos manda cerrar la ducha cuando nos enjabonamos para no gastar agua. Pero mi hermano y yo hemos escuchado a papá decir que la caldera gasta más apagándose y encendiéndose al poco rato. Tampoco entiendo que algunos niños presuman en el patio de tener en sus jardines piscinas cuando llega el verano, porque yo creo que una piscina contiene muchas duchas de las que mamá habla y aún me parece peor que alguna gente tenga una piscina climatizada que gasta agua todo el año. Mamá también se pone pesada en lo de reciclar todo y tiene en casa varios cubos para separar los residuos orgánicos de los residuos plásticos y  de cristal pero yo vi a Serafín, el que conduce el camión de la basura, vaciar los distintos contenedores y mezclar todo en la misma parte. Con todas estas cosas que no entiendo  tengo en mi cabeza un lío del quince, como dice mi amiga Ana. Para salir de dudas he intentado consultarlo con mi profe a ver si ella me podía explicar algo, pero lo único que me ha dicho es que, aunque los mayores se contradigan todo el tiempo, yo siga reciclando.

 

#COP25

Sospecha certera

Estábamos dentro y no lo sabíamos. Si bien había veces que lo sospechábamos. Iba a ratos y a días. ¿Cuánto tiempo puede guardarse un secreto? ¿Una apariencia de realidad? Al parecer, varios siglos. Nuestra especie es lenta. La memoria colectiva apenas aumenta un gigabyte por generación. Las actualizaciones, sin embargo, han permitido que en los últimos tiempos nuestro disco duro almacene los datos más deprisa. Y por eso. Por eso surge la sospecha. Un día enciendes la tele y oyes hablar de extraterrestres, de campos de cultivo. Otro día te encuentras con el vecino conduciendo un coche supersónico y al siguiente comienzas a ver a la gente vestidos de uniforme. Mismo peinado los hombres, misma ropa las mujeres. Tu sospecha, poco a poco, va pasando de duda a certeza. Hasta el día que te levantas y ves a la abeja maya convertida en transformer humanoide o quizás a un humanoide transformado en abeja, o puede que una abeja humanoide proveniente de un transformer… En fin, una no acaba de explicárselo, pero sí, que estamos dentro de un videojuego y nuestra memoria no es más que el argumento del mismo.

MVF©

Minificción basada en la foto, elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Fotomontaje: www.Vibskovemenius.com/index.html

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Algunos hombres buenos

Algunos hombres tememos a algunas mujeres. No lo decimos, porque nos han enseñado a guardar nuestros temores y a parecer valientes. Cuando un hombre teme a una mujer huye. Huye de sí mismo y corre. Corremos para escapar a la marea que se alza sobre nosotros. Espantamos nubes y evitamos mirar a las estrellas. Contamos números. Trazamos planos de coordenadas. Buscamos nuestro centro. Pero en cuanto quedamos quietos la marea vuelve. Entonces nos encogemos y soñamos. Soñamos con un mar que es como un útero, suave y caliente, un mar que nos convierte en peces sin miedo que se atreven a explorar el fondo, cada vez más adentro. Desde niños tememos quedarnos dormidos y que todo cambie al despertar. Por eso, en las noches oscuras nos atamos al mástil de nuestra barca, como Ulises,  para huir de una tempestad que no existe. Nos tapamos los oídos para no ceder ante el canto de unas sirenas que nunca han sido. Nos cubrimos los ojos con vendas. Pero algunos, algunos hombres buenos, buenos como los ríos que fluyen en medio de las piedras,  buscamos el punto de quietud y desistimos. Desistimos de amordazar nuestros sentidos, arrancamos vendas y ataduras para quedarnos a solas ante el miedo. Solo entonces vemos que hemos corrido alrededor de nosotros mismos, que los verdaderos valientes rompemos el círculo para salir del útero,  mirar a una mujer a los ojos y reconocernos.

MVF ©

Resultado de imagen de fotos de hombres y mujeres de espaldas ante el mar

Fuente de la foto: Pinterest

 

La máquina de hacer historias

 

Al despertar me había convertido en otra. Literalmente. No reconocí el lugar, un extraño almacén en el que dormitaban otras muchas mujeres más. En la pared pude ver el año que marcaba el calendario: 1976. Mes: septiembre. Lugar: Perpiñán. Poco a poco, pude ver como iban despertando las otras durmientes y preparándose para la tarea del día: la recogida de la uva ¡estábamos en plena vendimia! No podía creérmelo: había dejado mi tierra gallega para irme a trabajar al campo francés y me encontraba en uno de los almacenes junto a las temporeras… no podía ser. Cerré los ojos deseando viajar en el tiempo: ¡Y lo conseguí! Para mi extrañeza, al poco rato me encontré en una biblioteca. Año: 1998. Ante mi mesa pude ver, cuidadosamente extendidos, varios recortes de periódico. Uno de ellos atrajo al momento mi atención. El titular rezaba: “Para el año 2000 los sabios habrán limitado el sueño” ¡Vaya por dios, qué titular más trolero! ¿Es qué no había lugares más interesantes y épocas más fructíferas a las que viajar? Aún lo estaba pensando cuando sonó una alarma. Un estridente sonido que insistió e insistió hasta que logré localizarlo y apagarlo de un manotazo. ¡Estaba en mi habitación! El reloj digital marcaba una fecha 22/06/2018. No estaba en Francia. No había ninguna biblioteca. Ningún periódico encima de la mesa. Todo había sido una ensoñación. Eso me pasa por dormir tan poco, pensé. Ya sabía yo que lo de limitar el sueño no era una buena opción, sobre todo después de haber bebido tanto vino a la comida. Estaba en el Bic Naranja, en uno de sus Viernes Creativos, dónde sino.

 

Ficción basada en la foto, elaborada para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Secretos de alcoba

Hay olores que se quedan adheridos a tus recuerdos y no puedes volver a olerlos sin sentir que viajas en el tiempo al momento en que ese olor se coló dentro de alguna escena. Yo era un niño muy chico cuando sucedió aquello. Recuerdo que me escondí dentro del armario cuando vi que se abría la puerta de la habitación. No me vieron. Ni el abuelo ni Merce, la chica de servicio que venía a planchar dos veces por semana. Olía a naranjas. La abuela ponía sus mondas en los estantes de la ropa, para espantar a las polillas. Yo miraba por la cerradura del armario y veía cosas prohibidas: pechos de mujer enormes, nalgas blancas y redondas, brazos y piernas entrelazados, y al abuelo en medio del lio. Había entrado en su cuarto para buscar la colección de soldados que guardaba en una vitrina, pero ya no volví a jugar con ellos nunca, ni tampoco a comer naranjas.
 
Manuela Vicente Fernández © 
Micro elaborado en el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos

El ruido de sus pasos al caminar

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Camina deprisa. Como si al acelerar el paso espantase la oscuridad. Odia el ruido de sus zapatos sobre el pavimento  y piensa que tiene que llevarlos al zapatero para que le ponga suelas de goma, suelas silenciosas que no anuncien por dónde va.  Ha perdido el último tren y sabe que no llegará a tiempo de acostar a Martín y decide llamar para darle las buenas noches. Marca un número y le llega la voz familiar de su madre: el niño duerme ya. Ha llegado cansado del colegio y ha cenado temprano. No te preocupes, dice, todavía no ha llegado Ismael. Ismael es el padre de Martín y el marido de la mujer que camina deprisa en la oscuridad. La misma que acaba de llamar a casa para anunciar que no llegará a tiempo de acostar al pequeño.

La abuela pone la mesa, mientras el padre del niño, que acaba de entrar por la puerta, descuelga el teléfono. Llaman de la estación de tren, han encontrado este número en el dispositivo móvil de una mujer descalza, que  ha caído sin vida sobre el andén.

 

Manuela Vicente Fernández ©

 

Microrrelato seleccionado por la editorial Ojos Verdes Ediciones en el V Concurso de Microrrelatos de Terror Miedo en tus ojos

Fuente de la imagen: miszapatos.com

Día libre

Doña Asunción quiere ir siempre con el mismo taxista. Guarda su número en la cartera, junto al carnet de identidad y la cartilla del seguro. Muchas veces lo llama con la excusa de ir al médico, y él le pregunta a qué hora tiene que estar en el centro de salud. A la hora que puedas, hijo –contesta ella–. Ya sabes, tengo el día entero para mí.

 

Micro elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja bajo del tema: Taxis y publicado en la sección Top Microrrelatos  de Cita en la Glorieta

 

 

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Oráculo

A veces las siento. Suelen acercarse a mí cuando estoy sola. Cada una de forma distinta. Aparecen, cuando hago una pregunta a la nada. Cuando quieren. Afloran, quien sabe si por alguna puerta invisible, esencial, que se abre cuando estoy en silencio. Cuando mi cuerpo y mi mente son silencio. Las reconozco. Una de ellas hace pequeños ruidos, remueve el aire y parece alentar en mi oreja. Otra me roza el pelo, aumentando, con su mano sutil la carga eléctrica de mis cabellos. Algunas penetran en mis sueños, como la pequeña que llora, o la que lleva la blusa de flores violetas. Sé que me habitan. Que se han quedado en mí, después de muertas. Porque soy una y, a la vez, todas las mujeres de mi familia. Y esa es la magia de la vida: ser todas ellas.

 

Fuente de la imagen: Shurya.com (Las 7 edades del alma)

 

Micro elaborado para ENTC bajo el tema: Seres mágicos.

http://estanochetecuento.com/oraculo-manoli-vf/

 

 

 

Muros y trenzas

Desde lo alto de la torre veo a los depredadores, como los llama ella, rondando la fortaleza inexpugnable. Tengo los cabellos resistentes y tan largos que parece que llevo una capa a la espalda. Se me ocurre trenzar varias cuerdas esta noche. Cuerdas con nudos corredizo que atrapen. También una cuerda para deslizarme. Pienso que, después de todo, ha valido la pena dejar que mis cabellos crecieran. Desde la ventana advierto como la noche se acerca. Rápidamente, preparo todas las cuerdas y me deslizo con cuidado apoyando mis pies en los nudos hasta que… ¡estoy fuera!

A la mañana siguiente el reino amaneció consternado. Rapunzel no estaba en la torre. Y de sus cabellos, convenientemente trenzados y dispuestos, pendían atrapados por la cintura numerosos guerreros esperando a que sus madres y hermanas, acudiesen en tropel a rescatarlos.

Manoli VF©

Relato elaborado con motivo del día contra la violencia a la mujer, elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja:

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/11/24/viernes-creativo-escribe-una-historia-215/comment-page-1/#comment-6550