Las visitas de la hora del té

El horror se había instalado en las sillas de enea de la vieja galería. Siempre acudían a la misma hora. Y cada vez eran más. A medida que se acercaba la hora de la merienda, Adelina, se sentía peor. La señora, sin embargo, corta de vista como estaba y con lagunas de memoria, no solo no parecía notar nada extraño, sino que preguntaba continuamente, como una niña ansiosa, si habían llegado ya.

-Ayer vinieron tres. ¡Cómo me alegro de que se anime a venir la gente, Adelina! -Decía la anciana- Figúrese que el señor de las cinco y media me recordaba al coronel de tal forma que casi lo llego a tutear. Y la niña de las seis ¿qué me dice? con esa risita tímida me hacía pensar en mi pequeña Rosalía. Lástima que no pueda ver sus rostros… Dígame ¿Se le parece algo? ¿Se ha fijado en su pelo? Mi niña lo tenía largo y ondulado como una serpentina, puede usted verlo en el retrato.

Adelina, tragaba saliva con esfuerzo mientras echaba un ojo a los retratos de la Galería y veía como el retrato de Rosalía iba quedándose sin rostro como los demás. De hecho, del traje del coronel con sus galones ya solo acertaban a verse los zapatos. Lo mismo pasaba con el abuelo ilustre, del que sólo quedaba el bastón como olvidado en la butaca. Pero lo que más miedo le daba a Adelina era el retrato de la propia señora, que cada vez parecía envejecer más, al tiempo que la carne de sus pómulos parecía más y más traslúcida cuando le daba el sol.

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Micro elaborado en el grupo literario Letras Sangrientas

De noche

Buscó y rebuscó por toda la casa. Estaba seguro de haberlo visto en el pasillo, junto al espejo del mueble bajo. No entendía cómo podía haber entrado en la casa. Le horrorizaban los gatos desde siempre. Lo suyo era un miedo ancestral. Podía convivir con cualquier animal, incluso con una boa suficientemente amaestrada, pero con un gato no. Para él estos felinos representaban al mismo demonio. Para más inri el gato era negro como la noche, lo que exarcebaba sus peores supersticiones. Se volvería loco si no conseguía deshacerse de él. Después de buscar sin éxito en todas las habitaciones regresó al pasillo y al pasar junto al espejo su corazón se paralizó. Allí estaba, mirándole de hito en hito desde el abismo de sus miedos. El gato era él.

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Micro publicado en el grupo Letras Sangrientas (invitada por Daniel Canals)

 

La duda

Las vio de lejos y, conforme se iba acercando, se santiguó:

-¡Por el amor de Dios! ¿Serían todas muñecas o habría entre ellas alguna niña?

 

Minificción para los viernes creativos de El Bic Naranja 

Foto por: Sally Mann (http://www.sallyman.com)

La imagen puede contener: 2 personas, personas de pie y exterior

La espera

Atrapada en el balcón, seguía escuchando, eternamente,
el mismo estribillo:

“Para subir al cielo se necesita,
se necesita
una escalera grande
y otra chiquita…”

¿Y ahora qué? se preguntaba la niña

 

Micro inspirado en la foto, elaborado para los Viernes Creativos de EL BIC NARANJA

Montaje foto:  por los estudios Elmgreen&Dragset

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Vuelo de pájaro

No era nada. Un punto, planeando en una sopa de letras, buscando desesperadamente un cuerpo para caer sobre él.

 

Minificción para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Propuesta Creativa basada en escribir un texto que no contenga la siguiente vocal:

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

 

 

Compañeros de viaje

Una vez me tocó compartir viaje en tren con dos alacranes. El uno, no ocultaba su condición y enseñaba sin disimulo sus pinzas, frontándose el aguijón reluciente de su apéndice contra la ventana. Yo escuchaba el tic-tac de ese contacto, mientras descontaba mentalmente los kilómetros que restaban de la próxima parada. El otro, permanecía en un rincón adoptando una naturaleza algo más refinada; leía la prensa con anteojos de visión corta que bajaba continuamente para observarme. Entre los pliegues de su traje pude ver que su apéndice descansaba amigablemente enfundado, pero este detalle, lejos de tranquilizar mis sospechas, no hizo más que ponerme en guardia. Yo permanecía quieta en el asiento de en medio, tratando de no dejarme adormecer por el run run del tren y los villancicos navideños que sonaban por los altavoces. Mi experiencia con alacranes no era gran cosa, pero mi condición de tarántula me daba cierta ventaja.

No tuve más que aprovechar la primera parada del tren para ocultar mis colmillos y bajar tranquilamente. Me había dado tiempo, en un descuido del revisor, de arrojar las cáscaras por la ventana.

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Azul celeste

El rojo es una herida, como una amapola en un campo de otoño amarillo. El viento lleva, ladera abajo, un lazo rosa, fugitivo. Los ojos se alejan, pero la vista vuelve. Siempre vuelve. En la retina queda un vestido ondeando en el viento, una sonrisa. Un corazón atrapado en el tiempo. Un nombre que no se pronuncia. La memoria es una rama quebrada. El azul son unos ojos, de par en par abiertos.

Minificción elaborada para la web Esta noche te cuento (ENTC) basada en la propuesta: Azul

Ante el mar

Al salir el sol disgrega la incertidumbre nocturna. En la noche cualquier ruido es gigante, cualquier temor es colosal. La nacarada luz de la luna eleva las mareas del alma, que se baten contra el cristal del tiempo en duelo desigual. Pero amanece. Siempre amanece. Pese al temblor de la tempestad. La victoria es dejar de tener miedo. Entrar de pie en el mar.

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Texto para la IV semana de octubre en la web solidaria cincopalabras.com

(Palabras propuestas: sol, incertidumbre, colosal, luna, victoria)

Manteniendo el fuego

Cuando todo estalló, ellas tomaron de la mano a los niños y los escondieron bajo sus hábitos, a los hombres los refugiaron dentro de los confesionarios. Desde allí, a través de las cortinas, las vieron acercarse a la luz del ventanal de la iglesia, para entonar los salmos. Desde allí, desde la oscuridad del asiento del confesor, las oyeron rezar sin que a ninguna de ellas le fallase la voz, sin que el ruido, cada vez más próximo, de los aviones, turbase su concentración. Desde allí las amaron, las temieron, las admiraron. Desde allí, se sumaron, en secreto, a media voz, a los rezos. Desde allí se sintieron reconfortados, y encontraron, en ese momento único, estremecedor, el pálpito de la llama, de la esperanza, la reconciliación.

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Colaboración, basada en la foto propuesta,  para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Bosquejos de mujer

Vivo en el bosque, aunque algunos días me fugue a través de mis raíces y asome en la ciudad. Puedo emerger con mi antigua forma, aquella hecha de nube, sueños, dudas, semejante al espectro de una mujer. Los viandantes me confunden mientras camino y me preguntan la hora, la dirección de un museo, el número de una línea de autobús; a veces les respondo: les digo la hora fijándome en la posición del sol, aventuro una calle cualquiera, invento un número y ellos se van, inquietos, tratando de ignorar la alerta que se dispara en su interior y pronto olvidan, porque el ruido de sus mentes secuestra sus sentidos y acapara su atención. Una vez me siguió un viejo olmo. Olía a madera quemada y crujía al pisar sus propias hojas, desprendidas al caminar. Apenas me dio tiempo de adentrarme, localizar la red de mi sustento, emerger por mi tronco de cien años y estirar mis ramas de nogal.

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Texto para la convocatoria de color marrón

62. Bosquejos de mujer (MVF)