Como a través de un espejo

Siempre que leía el cuento de Alicia,  Catalina se sentía reflejada. Veía a la reina de corazones en la matriarca de la familia, dispensando órdenes a diestro y siniestro a la hora de servir la mesa; dispuesta a cortar cabezas al menor fallo. Veía al conejo blanco, en la figura de su gato, Blanquito,  aparecer en cualquier momento para recordarle con su reloj que, otra vez, había olvidado jugando los deberes de la escuela. Con todo, era en esa extraña celebración del No Cumpleaños, en la que Catalina, en su yo de Alicia, veía la celebración más absurda de los domingos en su casa, con todo el clan familiar debatiendo qué novio escogerían para ella cuando cumpliera dieciocho años  

Minificción elaborada a partir de la imagen para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Foto: Hajime Sawatari – Alice

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Regando el mañana

Mientras cortaba el césped perdí varias pestañas. Nunca me había ocupado de segar la hierba. Al principio, las pérdidas y el dolor ciego me hicieron trabajar deprisa y el sudor comenzó a humedecerme el cuello a la vez que las lágrimas. Pensé en prender una cerilla y acabar con todo. La libertad puede ser no tener que ocuparse de nada. A mediodía, ya había acabado con la tarea y entonces caí en la cuenta de que el color verde tenía un brillo inesperado.

 

 

Colaboración escrita para la página de escritores solidarios Cinco Palabras 

Palabras propuestas: Cesped-pestañas-cerilla-libertad-brillo

Extensión máxima permitida: cien palabras

 

A carga inversa

Hai mulleres que semellan bonecas rotas que se refán e reconstrúen a si mesmas todo o tempo. De tal xeito que podes atopalas un luns, despois de amencer sen pés, arrastrándose sobre os miñóns para facela compra, sen decatarse do arrepío que a súa presenza produce na veciñanza. Calquera día, volves a velas de novo cargando bolsas nos seus brazos medio descolgados, alleas por completo ao medo enfermizo que provocan nos que as atopan e comezan a silbar distraidamente, mentres palpan os seus propios membros asegurándose de seguir sans e enteiros fronte a catástrofe que contemplan. Pero, con todo, o peor acontece cando estas mulleres se atreven a saír á rúa co pescozo medio caído, loitando por traer de volta á faciana os seus ollos, para seguir cargando coa equipaxe dos seus días, mentres todos os demais se preguntan se non deberían construír unha rúa aparte, un mundo aparte para estas mulleres reconstruíndose de cotío e que alteran tanto a seguridade allea, obrigando ao resto da xente a desviala vista e botar man de tódolos trucos que coñecen para empequenecelas.

-Micro elaborado e publicado tamén en castelán  no espazo Creativo de  El Bic Naranja  
e no grupo do mesmo.

 

La imagen puede contener: una o varias personas
-Creación da boneca e foto por: Raquel Rodriguez Suarez 
creadora de persoaxes de teatro (apitipitinna.com)
Traducción en castellano:
LA CARGA INVERSA

Hay mujeres con apariencia de muñecas rotas que se rehacen y reconstruyen a si mismas todo el tiempo. Y así puedes verlas un lunes, después de amanecer sin pies, arrastrándose sobre sus muñones para hacer la compra sin prever el horror ajeno que su visión provoca en el ánimo de sus vecinos. Otro día, las ves cargando bolsas sobre sus brazos medio desmembrados, inmunes al miedo enfermizo que provocan en quienes las encuentran, que comienzan a silbar disimuladamente, mientras se tocan sus propios miembros buscando la certeza de continuar enteros frente al espectáculo. Pero lo peor llega cuando salen con el cuello semi caído, luchando por traer sus ojos de vuelta y seguir cargando, pese a todo, con la mochila de sus días, mientras las gentes comienzan a preguntarse si no deberían construir una calle aparte, un mundo aparte para estas mujeres que turban tanto la seguridad ajena, que obligan a los demás a torcer la vista y a echar mano de todos sus recursos para fingir no verlas.

MVF ©

Dos micros futuristas

 

 

UN MUNDO FELIZ

 

El hogar es ahora un remanso de paz. Muy de mañana abro las ventanas para ventilar las habitaciones, antes de que despierte la ciudad y el ruido inunde las calles. Pasados unos minutos, vuelvo a cerrarlas, para preservar el silencio. Insonorizar la vivienda ha aumentado mi tranquilidad. Practico mi tabla de ejercicios y veo películas que muestran un mundo nuevo. Todo cuánto necesito comprar puedo pedirlo por la web o por teléfono. Estoy de baja por estrés, pero gracias a las buenas costumbres me estoy restableciendo. El otro día, cuando acudí al especialista en psicorobótica sus recomendaciones fueron claras: es imprescindible para mi total recuperación que el humano que vivía antes en esta casa siga cumpliendo la orden de alejamiento.

 

 

UN DÍA DE TRABAJO

 

En el año 2039 la inquilina de un piso oficial abre la nevera. En ella guarda bebida vitaminada para híbridos, lácteos deshidratados aptos para reconstituirse, bebidas antioxidantes y carne, en forma de dados prensados envasados al vacío. También guarda inyecciones que contienen la dosis vital diaria que necesita. Saca una de éstas, agrega el líquido al polvo y se la inyecta. Al momento sus cuencas metálicas adquieren carne y tejido conjuntivo, sus pómulos se rellenan y sonrosan y sus labios brillan. Sale de casa, marca un número en su dispositivo móvil y aparece un coche autodirigido al que sube. Marca en la pantalla el destino hacia el que se dirige. Media hora más tarde, el coche aparca en el parking de un imponente edificio, su ocupante baja y, mostrando una tarjeta identificativa, entra en el interior del mismo. Una vez dentro, se dirige a una sala y toma asiento junto al resto de representantes políticos. Pronto, la voz del Gran Hermano comenzará a presidir la sesión del día.

 

 

 

MICROS PUBLICADOS EN LA PAJARERA MAGAZINE

Ilustraciones aportadas por la revista.

La bailaora

Rita, la bailaora, en acción era un fenómeno de la naturaleza. La leyenda aseguraba que sus pies eran capaces de paralizar el viento y cesar el crecimiento de la hierba. Cuando salía al escenario temblaban los cristales al ritmo de sus tacones. El pulso, la respiración y hasta el parpadeo de los espectadores se quedaba en suspenso. Ni las moscas se movían cuando los  volantes de Rita se arremolinaban para bailar al compás de la guitarra y las castañuelas.

Solo una vez, un hombre osó romper la magia del suspense saliendo al encuentro de Rita en el escenario. Allí, delante de todo un público hipnotizado, se postró ante la bailaora para pedirle matrimonio.

Dicen los más ancianos del lugar que, muchos años después de la desaparición de ambos, aún sigue escuchándose el repiqueteo de los tacones de Rita sobre el tablao al llegar la medianoche.

 

Minificción  elaborada para los Viernes Creativos de Ana Vidal

Ilustración: Ina Hristova

CASAS

 

Sentada en el diván le hablaba de mis ruinas. No era fácil. Él se hacía el profesional, pero yo le veía dar ligeros respingos en cada puerta que traspasábamos.

-Todos tenemos cuartos prohibidos, casas abandonadas -me dijo, cuando decidimos abordar la reconstrucción.

-La mía es un laberinto de cuartos secretos, de penumbra y telarañas -respondí-

y él:

-Ya estoy acostumbrado.

Pero no lo estaba. En cada habitación se asustaba más y, a veces, intercambiábamos puestos y era él quien se tumbaba en el diván y yo quién le guiaba.

-Esto no puede ser -me dijo en la última sesión que lo intentamos- No estoy preparado para esto, vamos a tener que cambiar de terapia.

Y así estamos desde entonces. Yo llamándolo a voces y él dentro de quién sabe qué ruinas, a las que llama su casa.

MVF ©

Micro elaborado para los Viernes Creativos de El Bic Naranja

Foto: reyes Velayos

El Bic Naranja

Pasando hojas

Supe que mi madre era una mujer árbol desde que era un niño. Siempre dejaba un rastro de hojas por casa. Las encontraba en el suelo, sobre las sábanas de su cama o en el escritorio de su habitación: hojas blancas repletas de letras negras, hojas rojas pintadas con tinta azul. Era un árbol capaz de estar inmóvil en las situaciones más comprometidas, en las que alcanzaba a hacerse casi invisible con su don de milagrosa quietud. En la adolescencia, viéndola temblar una tarde de otoño, semidesnuda, sobre un lecho de hojas doradas frente a la ventana cerrada de su habitación, le pregunté qué extraño viento la afectaba, estando como estaba al calor del hogar. Antes de que alcanzase a hablarme vi la respuesta en sus ojos, cuyo brillo apagaron de golpe las luces de los faros del coche de papá. Fue entonces cuando recogí las hojas del suelo y, con mucho cuidado, antes de que papá subiese, se las volví a poner. Al día siguiente, la animé a trabajar de mimo en sus horas libres, a seguir rellenando hojas blancas con tinta negra y, sobre todo, la convencí para llamar a tía Aurora, que era una maga de la restauración,  para que la ayudase a borrar todas y cada una de las manchas rojas y azules que cubrían su atlas corporal.

Resultado de imagen de mujer desnuda frente a lecho de hojas secas

Imagen tomada de la red.

Texto elaborado para el concurso de Zenda libros

#hombresyalgunasmujeres

Cita en Casa Blanca

La imagen puede contener: 2 personas, sombrero
Llevamos tanto tiempo distanciados que ambos habíamos perdido la cuenta de lo que hacía el otro. Convivíamos bajo el mismo techo pero sin tropezarnos. Cada uno en su mundo y en su habitación. No recuerdo ni en qué momento decidí apuntarme a una página de contactos. Me pesaban las noches sin dormir y los días dormitando. Por el chat comencé a hablar con un chico bastante simpático. No quisimos intercambiar fotos, porque los dos pensábamos que las imágenes casi nunca hacen justicia a la realidad. Nos fuimos conociendo “por dentro”, despacito, como quien no quiere la cosa durante un año y, al final, decidimos abrir la puerta al mundo real y vernos cara a cara.
Quedamos en un bar poco céntrico. Uno de esos refugios para adolescentes enamorados. Pese a que los dos rondábamos la cuarentena, seguíamos conservando el romanticismo. Él llevaría un sombrero a lo Bogart y yo un traje a lo Ingrid con blusa blanca.
En cuánto entré lo divisé sentado al fondo del local. Con el sombrero inclinado, mientras leía el periódico, no podía verle el rostro. Llegué hasta él y entonces levantó la vista para mirarme.
-Soy Quique –me dijo Enrique, a punto de partirse la caja.
-Joder, chico, cuánto hace que no te veía tan guapo!
¡Para que luego digan que la tecnología deshumaniza! Enrique y yo, por llevar la contraria, gracias al chat del ordenador volvemos a estar enamorados.
Manuela Vicente Fdez ©
Texto elaborado para el Blog Nosotras, que escribimos bajo la temática: Cita a ciegas

Entre tiempos

Cada vez que mudo mi piel me da por descalzarme, sentarme al borde del acantilado y contar los dedos de los pies. Comienzo siempre por el dedo meñique del derecho: cuento los cinco dedos muy despacio, como si los viese por primera vez. Después sigo con el dedo gordo del izquierdo, hasta el meñique y desde él continúo de nuevo hasta el otro pie. Cuento cien dedos en diez minutos, estirando el tiempo y la piel. Esto no tendría más transcendencia que una anécdota, si no fuese porque soy una sirena y jamás he tenido pies.

 

Microrrelato publicado en ENTC

                                      Fotografía: Benoit Courti

TENTACIONES

 

La imagen puede contener: nube, cielo, exterior y naturaleza
Fuente de la imagen: idEC

Le robé el novio a mi prima Berta. Fue ella quien me enseñó su foto, quién me contó que sus besos sabían a azúcar, quien me dijo que Paulo salía todos los domingos con su bici e iba hasta la antigua ermita. Allí le esperé, con la cadena de mi bici fuera de sitio y el corazón también.

 

LA PULSERA

Robé el billete de veinte euros de la cesta cuando el padre Ángel no miraba. Lo necesitaba para comprarle una pulsera a Amanda mejor que la que le había comprado Guille. Faltaba un día para su cumpleaños y llevaba un mes rogando que un billete de veinte euros estuviese al alcance de mi mano…

MVF©

 

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Textos elaborados para el blog Nosotras, que escribimos bajo el tema: Secretos