Jardines

Faustino se duerme con la tele puesta todas las tardes a las ocho en punto y sueña con una mujer que trajina en la cocina, que riega las plantas y sirve a las nueve un exquisito guiso en el jardín. Atraído por el olor, Faustino se despierta, se ducha y se pone guapo para la ocasión. Solo al salir al patio recuerda que no tiene jardín, que tiene alergia al matrimonio y que el olor del guiso de su vecina le ha abducido en su sueño, otra vez.

Lloviendo barcos

Es necesario salir de la isla para ver la isla que no nos vemos sino salimos de nosotros

José Saramago (La isla desconocida)

Durante cuánto tiempo puede contenerse un océano, se preguntó, y comenzó a llover por los ojos barcos de velas azules, rojas, verdes. Y vió pasar el barco de papel que echara a navegar de niña, una tarde llena de nubes rojas y negras que flotaban entre el arcoiris. Y siguió lloviendo y vio pasar todo tipo de embarcaciones: Canoas llenas de naúfragos con los que había compartido vino horas antes, barcos de pescadores con la cubierta llena de delfines que bailaban al son de una canción de bucaneros, trasatlánticos de lujo que iban hacia adelante y hacia atrás y daban una vuelta en círculo como siguiendo una estela de pasodobles; y, cuando se dio cuenta, se estaba limpiando los ojos con la tela de una de las velas y sacando peces de una gran red para echarlos de nuevo al mar. Y se hizo de noche y siguió las luces de los grandes cruceros para llegar a la isla y olía a fiesta desde la orilla. Y había pan y vino y risas y no llovió más.

MVF ©

La duda

Las vio de lejos y, conforme se iba acercando, se santiguó:

-¡Por el amor de Dios! ¿Serían todas muñecas o habría entre ellas alguna niña?

 

Minificción para los viernes creativos de El Bic Naranja 

Foto por: Sally Mann (http://www.sallyman.com)

La imagen puede contener: 2 personas, personas de pie y exterior

La espera

Atrapada en el balcón, seguía escuchando, eternamente,
el mismo estribillo:

“Para subir al cielo se necesita,
se necesita
una escalera grande
y otra chiquita…”

¿Y ahora qué? se preguntaba la niña

 

Micro inspirado en la foto, elaborado para los Viernes Creativos de EL BIC NARANJA

Montaje foto:  por los estudios Elmgreen&Dragset

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Vuelo de pájaro

No era nada. Un punto, planeando en una sopa de letras, buscando desesperadamente un cuerpo para caer sobre él.

 

Minificción para los Viernes Creativos de El Bic Naranja (WordPress)

Propuesta Creativa basada en escribir un texto que no contenga la siguiente vocal:

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

 

 

El halo que te envuelve

Puede que en algún momento. En esos momentos de espejo y cámara, entonces tan secretos. Por aquel entonces, no había redes sociales y la belleza de un encuentro se guardaba en la retina y en la memoria. Nadie iba por la calle con una cámara ni con un localizador en el bolso. Bien pensado, si en alguna charla de sobremesa a algún iluminado se le hubiese ocurrido anticipar tal futuro sería el hazmerreír de la fiesta. Pero, retomando el hilo del tema, puede que en algún momento, casi siempre a escondidas (íntimo instante enfocado a un sentimiento vano, quizás buscando el juego del coqueteo) se recrease en aplicar la sombra con cuidado sobre los párpados, el colorete o el perfil a los labios entreabiertos. Solo un momento. Por lo demás, le molestaba ese prejuicio tan grande que volvía las cabezas locas. Odiaba los piropos. El escrutinio gratuito, la devoción por lo visible, lo perecedero. Por eso la cara de la Gioconda es la más ambigua de todas las caras esbozadas en lienzos. Porque ella misma se lo había pedido a Leonardo como condición: No pintes lo que ven todos. Pinta el halo de mi rostro.

Texto escrito para el espacio ENTC (Esta noche te cuento) bajo el tema: Belleza

35. El halo que te envuelve (MVF)

El árbol de Inés

Inés había perdido su casa, otra vez, en vísperas de Navidad. Su hijo, Juan, alarmado por la llamada, había acudido con premura a la comisaría, para encontrarse con una Inés llorosa, encogida al lado de la ventana.

“¿Qué pasó, mamá?” le había preguntado, tratando de traer de vuelta su atención. “Que he perdido nuestra casa, hijo. Salí un momento y, al regresar,  vosotros no estabais. ¿Te acuerdas que Javier y tú estabais en el salón  adornando el árbol? Papá leía el periódico junto a la chimenea…”

El hijo de Inés apartó la mirada de su madre para firmar el papel de recogida.

¿Es que la pobre no podía dejar de revivir en su memoria, año tras año,  aquellas Navidades?

Caminó por la acera tomando el brazo de su anciana madre como cuando era niño, decidido esta vez, a cambiar el curso de su recuerdo.

“Vamos a entrar en la tienda de Pepe, mamá, para escoger un árbol” dijo, conduciendo a su progenitora a una tienda de decoración Navideña.

Apenas unos minutos más tarde, Inés salía del local del brazo de su hijo sonriente e ilusionada como una niña:

“¿Crees que a tu hermano y a papá les gustará el árbol?”

Juan levantó la vista hacia el cielo y le pareció ver, por un instante, a través de dos nubes entrelazadas, la silueta de su padre alzando a Javier en brazos para colocar la estrella en lo alto del árbol.

“Estoy segura, mamá, de que cuando lo adornemos quedará perfecto en nuestra casa”.

#cuentosdeNavidad
#Zenda

Reseteando la granja

A Roman Petrov le había sido encomendado revisar el software para corregir los fallos que el sistema estaba ocasionando en los extraños mutantes de la granja azul. La primera intervención databa de algo más de dos mil años, cuando Lisus descendió. En Nicea, Konstantin logró unificar el mito e implantar en sus chips la noción principal del cuento que Paulov acabaría de actualizar en Trento. Pero nada de esto había sido suficiente y, aunque su antecesor, Gregory, logró corregir el desfase del calendario litúrgico  ampliando y retocando las tarjetas de memoria, lo cierto es que la bomba de la emergencia climática, accionada antes de tiempo por alguno de los espías interplanetarios, había terminado por desmontar todos los circuitos. A estas alturas de la película, Petrov sabía muy bien que el cuento de la mula cargando a una embarazada para dar a luz en pesebres sin condiciones higiénicas  año tras año ya no cuadraba con los protocolos actuales. Ni era fácil encontrar pastores ni una estrella bastaba para permitir la entrada a unos reyes orientales. La mujer no podía, año tras año, representar elementos que contradecían la ley de protección ambiental, política y territorial. Tampoco Nicolaiv había resuelto la papeleta explotando renos voladores para el reparto de juguetes sin contar con que los pinos, electrónicos desde hacía tiempo, estaban orientados con luz y sonido,  al igual que el resto de valores, a activar  circuitos comerciales. Solo los programadores que habían convivido, aún en su condición neorobótica como la suya propia, con la raza de ensayo rusa, se habían aproximado a comprender las respuestas emocionales  de la raza terráquea, tan temperamental.

No quedaba, pues, más remedio que resetear todo el programa: anular conexiones antiguas, fijar nuevos anclajes e instaurar elementos clave que respondiesen a estimulos de luz y sonido recreando emociones controladas.

Definitivamente, redactaba Roman Petrov en su informe, los programas con expresiones humanoides no eran rentables con esta raza.

Compañeros de viaje

Una vez me tocó compartir viaje en tren con dos alacranes. El uno, no ocultaba su condición y enseñaba sin disimulo sus pinzas, frontándose el aguijón reluciente de su apéndice contra la ventana. Yo escuchaba el tic-tac de ese contacto, mientras descontaba mentalmente los kilómetros que restaban de la próxima parada. El otro, permanecía en un rincón adoptando una naturaleza algo más refinada; leía la prensa con anteojos de visión corta que bajaba continuamente para observarme. Entre los pliegues de su traje pude ver que su apéndice descansaba amigablemente enfundado, pero este detalle, lejos de tranquilizar mis sospechas, no hizo más que ponerme en guardia. Yo permanecía quieta en el asiento de en medio, tratando de no dejarme adormecer por el run run del tren y los villancicos navideños que sonaban por los altavoces. Mi experiencia con alacranes no era gran cosa, pero mi condición de tarántula me daba cierta ventaja.

No tuve más que aprovechar la primera parada del tren para ocultar mis colmillos y bajar tranquilamente. Me había dado tiempo, en un descuido del revisor, de arrojar las cáscaras por la ventana.

MVF©

Un lío del quince

Dice mamá que debemos hacer vida como los de antes. Que los ritmos vitales del cuerpo humano se rigen por los naturales y que al ponerse el sol todo el mundo ha de irse a la cama. Yo creo que es por la factura de la luz, porque oí a papá decir que cada vez estaba más cara, pero ella dice que no. Que la luz contamina porque da mucho trabajo fabricarla. Yo esto último no lo entiendo, porque el otro día, en el colegio, nos enseñaron un documental que hablaba de las placas solares que concentraban la luz del sol y, hasta donde nos han dicho, el sol no cuesta nada. Pero lo cierto es que mamá se está poniendo un poco pesada con todo. Nos manda cerrar la ducha cuando nos enjabonamos para no gastar agua. Pero mi hermano y yo hemos escuchado a papá decir que la caldera gasta más apagándose y encendiéndose al poco rato. Tampoco entiendo que algunos niños presuman en el patio de tener en sus jardines piscinas cuando llega el verano, porque yo creo que una piscina contiene muchas duchas de las que mamá habla y aún me parece peor que alguna gente tenga una piscina climatizada que gasta agua todo el año. Mamá también se pone pesada en lo de reciclar todo y tiene en casa varios cubos para separar los residuos orgánicos de los residuos plásticos y  de cristal pero yo vi a Serafín, el que conduce el camión de la basura, vaciar los distintos contenedores y mezclar todo en la misma parte. Con todas estas cosas que no entiendo  tengo en mi cabeza un lío del quince, como dice mi amiga Ana. Para salir de dudas he intentado consultarlo con mi profe a ver si ella me podía explicar algo, pero lo único que me ha dicho es que, aunque los mayores se contradigan todo el tiempo, yo siga reciclando.

 

#COP25