La niña de las trenzas en rama

Robin (Truls Espedal)

Roberta recogía pájaros solitarios lo mismo que mucha gente recoge gatos callejeros o cachorros de perro que nadie quiere. Desde niña se entendía mejor con los gorriones y con las palomas que con los niños de su edad o incluso con las personas mayores. La única que parecía comprender su amor por los seres alados era Aurora, su abuela. Solo ante ella, Roberta se sentía libre de actuar sin vergüenza ni culpa, sin esa extraña sensación de que la dieran por loca cada vez que atraía a estas pequeñas criaturas.

El mejor momento era siempre el paseo por el bosque cuando iban las dos juntas. Aurora contaba que entonces, Roberta estiraba sus largas trenzas y siempre aparecía algún gorrión dispuesto a posarse en ellas. Durante mucho tiempo me negué a creer estas cosas, convencida de que solo eran cuentos de una abuela que adoraba a su única nieta. Cuando entré en su casa como asistenta, me pareció que Roberta era una joven como cualquier otra, que sentía pasión por los animales y cursaba el último curso de veterinaria en la ciudad vecina.

No volví a pensar en el tema hasta después de la muerte de Aurora, cuando su hija me mandó recoger su habitación y hallé, en uno de los cajones del armario, una extraña fotografía. En la imagen podía verse a una niña de espaldas, con las dos trenzas elevadas en horizontal y, sobre una de ellas, posando con la misma naturalidad que si estuviera en la rama de un árbol, un pequeño petirrojo.

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/03/la-nina-de-las-trenzas-en-rama.html

Próximo destino

Cuadro: Habitación de hotel (Edward Hopper)

Hace calor. Aún no he dejado de ser Eilen. Miro la guía de viajes y los diferentes horarios. Próximo destino: Chambéry. Estación de Challes-les-Eaux. Catorce horas desde Madrid y transbordo a mitad de camino. Podría coger el avión hasta el aeropuerto de Lyon, pero necesito ese tiempo. No tengo prisa. Me gusta el tren, aprovecharé para embeberme de información sobre el lugar. También para despojarme del recuerdo de Glasshouse, de la sumisa voz de Eilen y su triste peinado… Hace calor. Espero verme bien con el pelo claro. Después de una semana aquí aún me siento sin fuerzas. Lo peor es siempre este momento, en el que me despido de mi misma. Mañana olerá a nuevo y todo volverá a comenzar: Eilen, Alice, Verónica, Janet, María… todas ellas habitan en mi piel, transpiran por mi cuerpo y asoman a través de mis ojos. Hace calor. He de prepararme para esta cita a ciegas. Otro lugar. Otros rostros. Hasta que, al fin, llegue el día en que decida quedarme y ser solo una. Ahora me llamo Denise. Algún día me llamaré Aurora…

©Manoli VF

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/03/proximo-destino.html

 

 

 

 


 

Nubes de domingo o Pretty woman 2

Odiaba los viernes. ¿Espíritu de contradicción? Para la inmensa mayoría el viernes era uno de los mejores días de la semana. Para ella significaba entrar en una puerta giratoria y chocar con todos al salir. Así era su vida, siempre en contra dirección, como correr en sentido inverso al salir de una fábrica.Y es que tenerlo todo a veces significa tener nada, si ese todo no tiene nada que ver contigo. Debajo de su cara bonita bullía la rabia de tener que consentir siempre, de aceptar lo que le convenía cuando bien sabía que pagaba un precio muy alto por vivir en las nubes, sin tocar el barro, sin manchar su piel de realidad.

Odiaba los viernes, porque sabía que él estaría puntualmente esperándola, para hacerle revivir la misma película, una y otra vez. Con su invitación para el teatro y la cena reservada en el mejor restaurante. Sabía que después de la cena irían a bailar y la velada culminaría en la mejor suite, entre copas de champán y pétalos de rosa. Se sentía sola y terriblemente culpable de no agradecer ninguna de estas cosas. De esperar con ansia el domingo para despedirle en la estación y vagar, al fin libre por las calles, como la trotamundos que era, reinventando otra vez Pretty Woman.

 

 Autoras del texto:

Primer párrafo: Vivian (Cas Cass) http://bibilaurugualla.blogspot.com.uy/  

Segundo párrafo: Manoli VF http://www.lascosasqueescribo.wordpress.com

 

Nota: Casualmente, acabo de leer que el guion de Pretty woman se reescribió más de seis veces  y que en las primeras versiones el final era bastante diferente a ese final feliz que resultó ser un éxito taquillero.

 

 

Como en la canción de Lolita

Fotografía de Lorena Cosba

Sí, te olvidé. Te borré de mi casa y de mi vida. Vacié todos los recuerdos. Deshice todos nuestros álbumes en las noches en vela, echando al fuego todas tus fotos menos una. No dejé rastro de tus huellas en los armarios. Regalé tus camisas. Tus lustrados zapatos, tus trajes de domingo y tu colección de chándales de Adidas. Sí, te olvidé. Como en la canción de Lolita. Yo también me quedé con un amigo, sí, después de pedirme mil veces que saliera con él un día. Sí te olvidé, guardando una única foto en la caja de gomas de Milán. Te olvidé, pero sin dejar de amarte, nunca, nunca.

©MVF

 

Texto basado en la imagen elaborado para la sección Viernes Creativo de El Bic Naranja.

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/03/17/viernes-creativo-escribe-una-historia-179/

Foto: Lorena Cosba
Canción: “Sin dejar de amarte” -Lolita

 

 

El encargo

Mujer en el tocador de Gustave Caillebotte

Ya estaba hecho y, ahora que había sucedido, lo olvidaría. Como se olvida un dolor de muelas o el ardor de estómago de una mala cena. Se lavó deprisa y se vistió procurando concentrarse en el instante siguiente. Sin mirarse al espejo, para no ver indicios en su rostro de lo que sentía, se abrochó la falda y recogió el dinero. Nunca había tenido en sus manos tantos billetes y, sorprendida de la frialdad y aspereza de su tacto, no pudo resistirse  al impulso de olerlos. No olían a tinta ni a papel, sino a la soledad de aquel cuarto. A la necesidad y al dolor.

 

Recogió todos los restos y la ropa sucia en un hatillo para enterrarlo en el huerto de la parte de atrás de la casa. No quería llevarse con ella el olor de aquellas cuarenta y ocho horas de trabajo y sufrimiento. Salió despacio, tras comprobar que la respiración de la joven era serena. Lástima que al despertarse no pudiese contemplar, ni por un breve momento, el bello fruto de sus entrañas; el mismo que a otra madre, sin sangre ni dolor, se le daría.

 

Historia elaborada para el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos.

El asistente

Dreamwalking de Eric Johansson
Soy un asistente de sueños. Me paso la noche de puerta en puerta. Llevo vasos de agua a niños que la piden a gritos cuando se duermen, susurro palabras de tranquilidad a los que caen en el pozo del miedo y se asustan de las imágenes que sus  temores proyectan, acaricio perros perdidos que vagan desorientados, recojo cartas que no encuentran destino y acompaño a los ancianos de vuelta a sus despertares. A veces, de madrugada, entre visita y visita, me preparo una infusión de coraje en la cocina y coincido con mi mujer que, volviendo desde el pasado, me suelta:
–Ya estás otra vez sin dormir… ¿Cuándo vas a tratarte de esto?
 
Texto basado en la imagen

El trueque

La joven de la Perla (Johannes Vermeer)

Cuando me pidió posar para él no me imaginé lo que pasaría. Me dijo que podía quedarme con todos los complementos con los que me retratase. ¿Cómo diablos iba a saber yo que me buscaría líos? Pagaba bien. Por cada posado ganaba lo mismo que trabajando todo el mes. Una se cansa de ser sirvienta. Jugar a ser la protagonista de un cuadro no está nada mal. Si las cosas se salieron de madre fue solo por mi afán de protagonismo, lo juro.

Si hubiese guardado los ropajes y los pendientes, ella no se habría enterado. Tenía más ropa y joyas de las que podía ponerse y memorizar. Pero no se me ocurrió otra cosa que salir así vestida a la calle. ¡Dios, lo único que pretendía era parecer una señora siquiera por unas pocas horas de mi vida! Pero me topé con ella en el mismo portal ¡Maldita mi suerte! Ni me escuchó ni se anduvo con miramientos:

―¡Desde hoy mismo no pisas más esta casa! ―Gritó con su voz de cacatúa.

Y aquí estoy, señor revisor. No tengo pasaporte ni salvoconducto, porque no me dejó recoger nada, pero puedo empeñar mis pendientes… Entiéndame, necesito cambiar de aires…

Reinterpretación de La Joven De La Perla Por el fotógrafo Francisco Arteaga. Modelo: Emma Fernández Manrique.

©Manoli VF

Todos los lugares son Venecia

La imagen puede contener: una o varias personas y exterior
Imagen: Morning in Venice (Richard S. Jonhson)

 

Era muy joven. Muy joven y muy bella para estar allí, decían. Como si juventud y belleza fuesen incompatibles con su estado. La persona que la acompañó, al ponernos en antecedentes sobre los motivos del ingreso, nos dijo lo que teníamos que hacer: “Hace tiempo que descubrimos que era más efectivo que las pastillas, por favor, pruébenlo siempre antes”.

Durante un tiempo convivió entre las demás internas sin problemas; siempre envuelta en un halo de misterio, y ensimismada en sus propios pensamientos, respondía educadamente a cualquier pregunta, y daba los buenos días a todo aquel con el que se encontraba. Con el inicio del otoño comenzaron las crisis hasta que, aquel sábado lluvioso de noviembre, tuvo una demasiado fuerte. No bastaron los baños relajantes, ni el aumento de la medicación; ya íbamos a tomar medidas mayores cuando recordé lo que nos había dicho su acompañante. Detuve a la enfermera, y fui a buscar sin demora el telón de fondo que permanecía enrollado en la taquilla de su habitación. Era un desplegable de una estampa de Venecia. Entre dos auxiliares y yo, la llevamos a la terraza y la sentamos al lado de la baranda, colocando detrás el escenario de la ciudad de los canales. Al instante la serenidad regresó a su rostro.


Releí el historial, centrándome en aquella parte turbia de su pasado, que hablaba de su conmoción al regresar de la romántica región italiana y encontrar la masacre a su alrededor. Ahora miraba con calma las aguas tranquilas. Había regresado al tiempo anterior. Al tiempo en el que todos los instantes y todos los lugares eran Venecia.

© Manoli VF

 

Texto  basado en la imagen, elaborado en el blog de escritura creativa Nosotras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/02/todos-los-lugares-son-venecia.html

 

El siseo del tiempo bajo la piel

Hay algo que aún no te he dicho…

Por más que aparente ser una mujer seria, afanada en mil y un quehaceres cotidianos; por más que me embarque en infinitas luchas, dejándome la piel en cada nueva causa; Por más que discurra cada día por las mismas calles y avenidas, fingiendo saber adónde voy… No te he dicho que pierdo la noción del tiempo siguiendo el vuelo de una cigüeña, que, al extender la ropa de la colada, el siseo que hace el aire sobre las blusas eriza el vello de mis brazos… No te he dicho que basta el hueco de una escalera, la mirada de un desconocido, el toque de un reloj, o el reverso de una revista, para llevarme lejos, porque, aunque nunca te lo haya dicho, hace tiempo que sé que nada es cierto. Que todo esto es mentira.

Texto elaborado para la sección Viernes Creativo de El Bic Naranja bajo la premisa de continuar la frase: Hay algo que aún no te he dicho…

https://elbicnaranja.wordpress.com/2017/02/24/viernes-creativo-escribe-una-historia-177/comment-page-1/#comment-5825

Sola hasta hoy

otra-margarita
Pintura: “¡Otra Margarita!” (Joaquín Sorolla)

 

Sola en el mundo. Ante los hombres y ante dios. Siempre sola.

Sola cuando intentó que no sucediese. Sola cuando sucedió. Cuando descubrió que el pecado, pese a todo, había enraizado en su interior y pretendía dar fruto. Sola, los nueve meses de gestación.

Había luchado para que esa vida no germinase, para no traer al mismo infierno en el que ella estaba, a una víctima más o, en el peor de los casos, a otro miserable criminal. Pero no hubo forma. Todos los brebajes que tomó, todos los remedios que intentó aplicar, fracasaron en su intención, y la vida siguió, como las malas hierbas, siempre adelante.

 No era más que una mujer sola. ¿Dónde estaban los guardianes del orden cuando los necesitó? Cuando su voluntad fue forzada, cuando lo perdió todo… Nadie le tendió una mano. Luchaba por  sobrevivir trabajando de sol a sol, sin más recompensa que un mendrugo de pan y un plato de caldo desgrasado. Hay actos ilícitos que se parecen a una obra de caridad. ¿Para qué dejarle crecer entre el frío y el hambre? En un mundo sin medicinas, sin ropa, sin calor, esperando a que las fiebres y la miseria se lo llevasen. Cuando lo tuvo entre sus brazos, su mente dijo no.

Hoy, por fin, va acompañada. La conducen, como a un vulgar reo a su condena que, para ella, es lo más parecido que conoce a la libertad.

                                                                                                            

                                                                                  ©Manoli VF

Texto basado en la imagen, elaborado para el blog grupal de escritura creativa Nosotras, que escribimos.

http://nosotrasqueescribimos.blogspot.com.es/2017/02/sola-hasta-hoy_20.html