La hora muda

Por todas las risas, todas las palabras, todas las lágrimas, todos los silencios.

Encima de la repisa hay un reloj volteado,
(todos giramos relojes,
igual que giramos cuadros)
En mi regazo hay un frasco de recuerdos,
y en el centro de mi pecho
gime un perro amordazado.
No quiero sino ir atrás,
descontar,
sacar mañanas alegres,
tardes tranquilas del frasco,
soltar al perro en el césped
para que corra ladrándole
a las hojas y a la brisa,
al sol y a la luna blanca.
Ese cuadro que he girado
se ha adherido a mis retinas
Reproduciendo una y otra vez
la misma escena,
cómplice y conspirador
con el espejo del baño.
No.
Que no quiero guardar bruma entre los ojos
ni en el centro de mi pecho
a este perro amordazado
que es mi voz muda atorando
con su grito mi garganta.
No.
No más cuentas y recuentos.
Cierro los ojos. Descanso.
Sueño otra escena, otras horas,
el paisaje de otro cuadro,
que me espere mientras duerma
y al despertar me acompañe.

MVF©

Todo

Si pudiese leerte el roce
que deja la luz del sol
en las alas de los pájaros,
Si, al menos, pudiese leerte
el aura del amanecer envolviendo
las copas de los árboles.
Leerte el canto de la hierba
cuando crece,
leerte
cuánto amor cabe en las manos,
cuánto sujetas mi vida,
leerte
cuanto te amamos.
Sé que nos lees sin decirlo
cada hora, en cada instante,
estás leyendo y te lees
en el regazo del agua,
vuelves a ser niño y eres
perfecto en todas tus carnes,
Tus ojos de cielo sienten
la vida que nace y late,
las simas del horizonte
las grietas de las montañas
tú pupila horada la piedra
a través del tiempo y graba
en la retina del tiempo
la unión de nuestras dos almas.
Puedes leer en mis ojos
aunque los tenga cerrados,
en el timbre de mi voz
en el hueco de mis alas,
me ves desnuda, sin velo,
me ves niña, adulta, anciana,
Con tus dedos me dibujas
ondulando
en mis cabellos la escarcha.
Nadie me lee como tú,
ni yo puedo leer a nadie
sin que tu nombre y tu voz
se sumen a la mía y alcancen
el firmamento en su origen,
plenitud de las edades.
Qué te daré que no tenga
y no sea capaz de darte.
Qué vocales bajaré
que puedan alimentarte,
qué consonantes ocultas
desligaré de tu espalda,
Cómo ensamblaré las sílabas tónicas
deslizándolas
como algodones o pétalos
que en tu piel se tornen bálsamo,
que haré con tantos adverbios
para aligerar tu carga,
Dónde guardaré los verbos
que no han sabido callarse.
Folios y folios vacíos
llenos de mañanas blancas.
Todo será nada a un tiempo,
nada será necesario
porque tú me lees sin letras
y te escribo sin palabras.

Desquite

Mira, voy a coger todo este mundo de mentira,
con todos sus trapos, sus árboles talados,
sus vertederos de basura,
sus fiestas absurdas,
sus trenes de doble dirección,
su ropa sucia,
sus relojes Rolex
su bisutería de cobre,
sus cocodrilos escondidos,
sus bolsos de Armani,
su diagonal y su arcoiris ilusorio
su tío vivo de gira y sigue,
su pulpo en la feria,
su dolor de quirófano,
su tripa encogida,
todos los besos adolescentes
todas las traiciones
todas las mentiras,
la sopa de invierno,
la chimenea apagada
y encendida,
la puta bombilla que se funde,
el parasol de los domingos,
la copa de whisky,
los tachones de las libretas,
las juntas llenas de cal de los azulejos
del baño,
los residuos del fregadero,
los orines del inodoro,
la miel en tarros de cristal,
el edredón sin plumas,
las novelas no escritas
las escritas que duermen en los cajones,
las leídas,
las que nunca leerías,
las agendas,
las fotos de graduación,
los ordenadores descompuestos
y los compuestos,
los verbos imperfectos,
los condicionales,
la línea insegura del destiempo,
todo eso,
lo ataré fuerte en un pañuelo
-bien pequeño, por cierto, bien pequeño,
porque el mundo es pequeño, todavía-
le haré varios nudos:
uno por cada año,
uno por cada misa,
por cada sueño alegre,
por cada pesadilla,
Y lo llevaré al monte, lo dejaré en el medio,
al alcance de los petirrojos,
de los picos de las cigüeñas,
comedero de buitres.
Solo entonces,
alejados de todo,
entre la escoria de la nada,
nos sentiremos vivos.

MVF

Los columpios son para el verano

A veces una quiere llover y tiene miedo

de que al hacerlo se aneguen los campos,

se pierda el trigo, se malogre el huerto,

se desborden arroyos y caudales.

Una quiere ser nube y volar lejos

donde el viento es suave,

donde el cielo es de junio y se columpian

los niños en los árboles.

Pero eso aquí en el norte rara vez es posible,

la gente planta pinos, corta leña,

cuida de sus castaños,

solo las aves gozan de las ramas

y van de copa en copa, entre los árboles.

Por eso hay tantas nubes en invierno

el sol aún no ha aprendido a columpiarse.

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En ocasiones veo ranas…

En ocasiones recibo peticiones de amistad
de gente con corbatas de lunares,
gente tan bien vestida y encopetada
que pide a gritos un helado de chocolate
¿Qué comerá esa gente a la hora de la cena?
¿Qué extrañas hamburguesas guardarán en su nevera?
¿Saldrán en pijama de seda a pasear el perro?
¿Serán el perro de alguien?
En ocasiones, cuando pasa de medianoche,
llaman a mi muro seres que sujetan
sus pantalones con tirantes
de estampado de flores,
Llevan credenciales extrañas
y son doctores en la universidad de causas insignes,
algo así como esos príncipes convertidos
en ranas de los cuentos de Andersen
Solo que peor vestidos y con ancas
más largas.

 

Fuente de la imagen: Pinterest

Carne

 

 

Si el labio pudiese besar en la grieta

curar

donde duele la carne

donde brota el vacío

Pudiese

como sol de verano

alumbrar, calentar

los ateridos sueños

Poblar

el profundo silencio

donde duerme la vida

donde anida el dolor

como alma dividida

devorándose

Si el labio…

 

©MVF

Fuente de la imagen: data.whicdn.com/images/107102339/original.jpg

Hablando alto

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Contra el silencio, habla.

Contra las medias sonrisas

y el muro liso de la ignorancia.

Contra los círculos cerrados

las promesas vacías

y las manos de guante blanco.

Ante el miedo y los árboles caídos

Habla más alto.

Cuando se cierren todos los caminos

y murmuren las piedras a tu paso.

Cuando  ninguno sea tu amigo

Habla más alto.

Cuando desfilen ídolos de oro

y aplaudan cortesanas y vasallos

cuando hagan leña de vencidos

Habla más alto.

Cuando se rasguen los vestidos

y te señale cada mano

ante la espada de codicia

Habla más alto.

Empuña la palabra ante la herida,

Alza la voz al viento, como un pájaro,

sé una águila entre buitres que alza el vuelo

sin temor al disparo

porque tuya es la voz y la palabra:

Habla más alto.

Estaciones

“Yo de mayor quiero seguir siendo yo.
Se que seré otra;
pero no quiero ser tan ajena que no me recuerde
ni tan extraña que no me reconozcan
los pocos pero maravillosos amigos
que me dejan llamarles a medianoche
e insultarles cuando me sujetan
para que no vuele con el viento de noviembre.
Yo de mayor quiero seguir siendo la misma
mujer árbol de siempre,
la que deja caer todas sus hojas en otoño
y se vuelve a vestir de verde en abril.
Se que las estaciones se suceden
que los cabellos se vuelven de plata,
que una se olvida del nombre de las calles…
pero no quiero ser tan estúpida
que no recuerde que la juventud existe
que la vida se nutre de los cuerpos
y las almas más jóvenes
aunque también se entretenga en los cabellos grises,
y juegue con la plata
que se enreda en los dedos
y reluce
cuando asoma el sol…”

Sutil

Habitar en los ruidos no es gran cosa.

Uno aprende a soñar siempre en silencio.

A dejarse ver de cuando en cuando:

Bostezar, decir hola, ser diario.

Pero sin darse cuenta se va haciendo

cada vez más sutil en las esquinas,

en los bordes del cuerpo, en la mirada

que se aleja del tiempo en el que habita

y así se va borrando poco a poco

hasta volverse sueño y ser soñado.

 

                        MVF

© Todos los derechos reservados

 

(Poema seleccionado por Cerezo Ediciones para integrar un recopilatorio en el “II Concurso en Homenaje al Poeta Mario Benedetti”)