Tocar a una pregunta

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Alguna vez he hallado una pregunta en el camino.

Una pregunta que me asalta y se abre delante de mí,

como un paraguas o una cometa  invitándome a seguirla.

En tales casos me gusta mirar a la pregunta cara a cara,

acercarme a sus bordes y repasar el lomo de su curvatura

tocar el punto suspendido en el aire, agitándolo,

como un timbre que sonase en medio de la llanura.

Pocas cosas alcanzan la intensidad de un interrogante

abierto en medio de nuestra ruta

pero la mayoría de las preguntas huyen cuando las toco así,

cuando mi mano alcanza ese punto

tan semejante al gemido,

y entonces comprendo que esa pregunta no era para mí,

que otra vez he tocado algo que no era mío,

algo que se preguntaba a sí mismo sin esperar mi respuesta.

Y sigo caminando, tropezándome con los adoquines,

mirando debajo de las piedras, levantando mi vista a los tejados,

buscando detrás de las esquinas,

para ver si doy con otra pregunta descarriada

que sin embargo tenga

el valor de mirarme a los ojos y no huir,

amedrentada,

al sentir mi mano sobre su espalda

y la yema de mis dedos acariciando el punto

que la cierra…  para volver a   abrirla.

 

MVF©

 

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Carne

 

 

Si el labio pudiese besar en la grieta

curar

donde duele la carne

donde brota el vacío

Pudiese

como sol de verano

alumbrar, calentar

los ateridos sueños

Poblar

el profundo silencio

donde duerme la vida

donde anida el dolor

como alma dividida

devorándose

Si el labio…

 

©MVF

Fuente de la imagen: data.whicdn.com/images/107102339/original.jpg

Hablando alto

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Contra el silencio, habla.

Contra las medias sonrisas

y el muro liso de la ignorancia.

Contra los círculos cerrados

las promesas vacías

y las manos de guante blanco.

Ante el miedo y los árboles caídos

Habla más alto.

Cuando se cierren todos los caminos

y murmuren las piedras a tu paso.

Cuando  ninguno sea tu amigo

Habla más alto.

Cuando desfilen ídolos de oro

y aplaudan cortesanas y vasallos

cuando hagan leña de vencidos

Habla más alto.

Cuando se rasguen los vestidos

y te señale cada mano

ante la espada de codicia

Habla más alto.

Empuña la palabra ante la herida,

Alza la voz al viento, como un pájaro,

sé una águila entre buitres que alza el vuelo

sin temor al disparo

porque tuya es la voz y la palabra:

Habla más alto.

Todas las palabras no dichas

Me ahogué en fin, amigos;

Ahora duermo donde nunca despierto.

No saber más de mí mismo es algo triste;

Dame la guitarra para guardar las lágrimas.”

            Luis Cernuda  (Déjame esta voz)

I

Porque la voz es hueca y las paredes

son túneles de tiempo

persiste en cada piedra la memoria

cada cuerpo es un eco

que se escucha de noche entre dos aguas

del cielo y del infierno.

Adosada al abrigo de este muro

oigo trenes que llegan de muy lejos,

gritos que ya no suenan y que horadan

mi sonoro silencio.

Porque la noche es larga y ya no hay horas

para contar momentos

cuento nombres como luciérnagas

ausencias contra el viento.

Y es tarde y ya no hay música.

Ni siquiera dolor.

Solo silencio.

Estaciones

“Yo de mayor quiero seguir siendo yo.
Se que seré otra;
pero no quiero ser tan ajena que no me recuerde
ni tan extraña que no me reconozcan
los pocos pero maravillosos amigos
que me dejan llamarles a medianoche
e insultarles cuando me sujetan
para que no vuele con el viento de noviembre.
Yo de mayor quiero seguir siendo la misma
mujer árbol de siempre,
la que deja caer todas sus hojas en otoño
y se vuelve a vestir de verde en abril.
Se que las estaciones se suceden
que los cabellos se vuelven de plata,
que una se olvida del nombre de las calles…
pero no quiero ser tan estúpida
que no recuerde que la juventud existe
que la vida se nutre de los cuerpos
y las almas más jóvenes
aunque también se entretenga en los cabellos grises,
y juegue con la plata
que se enreda en los dedos
y reluce
cuando asoma el sol…”

Soma

La ley dice:

Promételes el paraíso,

hazles soñar cada noche.

Dales un buen puñado de acuarelas

y un lienzo para que pinten

casas, jardines, coches.

El libro de la ley continúa:

Promételes el mundo y luego asfíxiales.

Quítales todas sus posesiones,

échalos a la calle, desnúdalos,

hazles sudar sangre, multiplica sus dolores;

y después… condúcelos.

Dales un solo objetivo:

Consumo.

Enciende la pantalla.

Coloca bien las luces

agrúpalos…

Esta es la ley de la jungla:

por cada cuerpo que cae

se alza el trono más arriba.

 

 

Génesis

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La noche estrellada/ Van Gogh

 

Allí dónde hay mucha luz, la sombra es más negra

                                 (Goethe)

 

Es este asfalto caliente

que separa de la tierra

mis pies de barro el que hace

que sienta el fuego tan cerca.

En el medio de la noche,

como una palabra hueca,

te encuentro ciego y sin risa,

con tu zurrón de poeta

que vende sus soledades

al precio de sus miserias.

Solo quedas tú en la calle,

esperando a que amanezca.

 

 

 

 

Sutil

Habitar en los ruidos no es gran cosa.

Uno aprende a soñar siempre en silencio.

A dejarse ver de cuando en cuando:

Bostezar, decir hola, ser diario.

Pero sin darse cuenta se va haciendo

cada vez más sutil en las esquinas,

en los bordes del cuerpo, en la mirada

que se aleja del tiempo en el que habita

y así se va borrando poco a poco

hasta volverse sueño y ser soñado.

 

                        MVF

© Todos los derechos reservados

 

(Poema seleccionado por Cerezo Ediciones para integrar un recopilatorio en el “II Concurso en Homenaje al Poeta Mario Benedetti”)

 

Yo también tuve un caballo de cartón…

Yo también tuve un caballo de cartón

que a la noche acudía bajo mi ventana

para llevarme a mundos imposibles

cobijada en sus alas.

Era de esos caballos que surcaban el cielo

cuando nadie miraba

de los que hablan las crónicas y los viejos recuerdos

entierran bajo capas de armadura oxidada

mi héroe de gestas, mi propio Clavileño,

¡cuánta vida me dio, cuántas noches históricas

sobre su piel de sueños!

 

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