Alén da noite

Alén da noite

No alento das feras late o mundo,
palpebras abertas que esquecen
que algunha vez o vento foi suave
brisa acunando a esperanza dos dormentes.
No alento da bestia bufa a noite
na procura dos sonos baixo chave,
bate nas portas, repenica nos cristais,
treme nos beizos que o bicar se abren.
Pero diante do medo un neno brinca,
salta os chanzos do tempo, xoga, amosa
no sorriso dentiños de leite
que espantan gárgolas e bestas derrotan.

Más allá de la noche

En el aliento de las fieras late el mundo,
párpados abiertos que olvidan
que alguna vez el viento fue suave
brisa meciendo la esperanza a los durmientes.
En el aliento de la bestia gime la noche
en búsqueda de sueños bajo llave,
llama a las puertas, repica en los cristales,
tiembla en los labios que al besar se abren.
Pero por delante del miedo un niño avanza
saltando los peldaños del tiempo,
juega y muestra
en su sonrisa tiernos dientes de leche
que espantan gárgolas y derrotan bestias.

MVF©

A contraluz

Otra noche despierto para verte. Tal como eres.
Como nunca fuiste.
Hay que amar mucho para poder verse
en esa desnudez que no mostramos,
en ese cuerpo a cuerpo que se duerme
sin dejarse ver. Apenas,
dejas un haz de luz que vas perdiendo,
que se alinea en forma de luciérnagas,
perlas que yo recojo sin decírtelo
para alumbrar tu sueño de durmiente.
No hay noches más cortas que esas noches
en que, cerca de ti, velo tu ausencia
ese vago partir, cual un ensayo extraño de la muerte.
Te amo tanto que he querido olvidarte
cerrar los ojos cuando estás durmiendo,
mirar hacia otra parte, convencerme
que siempre has sido el mismo
que amanece a mi lado sin verme.
Y, sin embargo, cuántas noches mirándote
dormir a contraluz me ha parecido verte
abrir los ojos, decirme: estoy aquí.
Aún no me olvides. Yo también estoy viéndote.

 

Poema elaborado para la web de Zenda libros bajo las bases del concurso #poemasdeamor

Recreación by Richard Tuschman de la obra de Edward Hooper “Windows seat”(pink bedroom)

 

 

 

 

 

 

Rutinas

El ala de tu beso es un ala que suena

igual que esas viejas cometas

que llevan tiempo guardadas

y parecen crujir al desplegarse.

Me besas y me llevas

presa en tu boca hasta mediodía

como esas letras que se caen de los renglones

y aparecen raídas en los bolsillos

cual migas diminutas.

En la comisura de tus labios resbalo

hecha un hilo de sueño

que tu animas

despiertas, muerdes, buscas

para llenar los huecos de las horas

como pasta de chicle, nicotina,

caramelo de café con leche

que baila lentamente en tu lengua

día tras día.

El ala de tu beso es un ala quebrada

que atestigua el recuerdo de mi fuga.

 

Manuela Vicente Fernández ©

 

Poema publicado en la revista Valencia Escribe, en el Número de Enero 2018

Valencia Escribe

 

 

 

 

Algunas chicas malas

 

Fuente de la imagen: http://4.bp.blogspot.com

 

Algunas chicas malas no soñamos con príncipes.

Besamos ranas cada día en el café con leche,

tragamos algunos sapos de camino al trabajo,

escupimos en los pasillos palabras malsonantes.

Algunas chicas malas no bordamos manteles

desgarramos cortinas para que el sol penetre

de lleno en nuestras casas.

Algunas chicas malas apagamos teléfonos

cuando nos llaman en las tardes de viernes

mientras borramos la sonrisa impostada,

y arrojamos al wáter nuestros buenos modales.

Algunas chicas malas no cumplimos las normas,

rompemos todos los cánones,

estiramos las curvas, hablamos con voz ronca,

traicionamos  la simetría de nuestra imagen

combinando corpiños con botas de montaña

Algunas chicas malas escribimos malos poemas

enmarcando en el Arial letras que nos retratan

y gritan en silencio desde un tamaño doce

saltándose renglones:

 

doblemente espaciadas.

 

 

Poema elaborado para el concurso de Zenda libros 

#elclubdelospoetasvivos

A un clic de París

 

Imagen sacada de la red: flavorwire.com

 

Nostalgia de no haber estado en París

hojeando volúmenes de poesía en Shakespeare and Company

Paseando por la Rue l’Odéon viendo las luces encenderse

cuando todo era una fiesta y se brindaba con Hemingway en el Hotel Ritz,

cuando esquinas azules llamaban a Picasso a gritos

desde Montmartre a Montparnasse.

Nostalgia de acostarme al amanecer

saltando la noche y perpetrando sábados con Gertrude Stein,

bajo el humo y los conciertos de jazz  al lado de  Fitzgerald

caminando sobre los adoquines con los pies descalzos de Zelda.

Nostalgia de no haber conocido otro París

virgen de artistas para apropiármelo,

para cabalgar a lomos de un caballo cualquiera

una noche cualquiera de cualquier siglo,

venciendo el impulso de estampar mi firma en un libro

haciendo mías sus calles antes de haberlas leído.

Nostalgia de no transcender París,

en las noches de luna llena reflejadas sobre el agua del Sena

abriendo canales obscenos de confesiones

vertidas en  barras de bares desprovistas de visitantes insignes,

desnudándome interpretada sobre teclas anodinas

a través de unos dedos anónimos sobre el piano.

Nostalgia de sentir las manos heladas

resucitar al calor de una vieja estufa de leña

que ya nunca -ni un solo día más- se encenderá.

 

Poema presentado al concurso de Zenda libros #elclubdelospoetasvivos

Por si amanece

Por si acaso este sol que se ha ocultado decide regresar

quisiera estar en el balcón, perdiendo

el valioso tiempo (a veces tan vacío) inventándole rostros

a las nubes, siguiendo

el rastro de las hojas en el viento.

Porque no es de recibo otorgar fe a las horas (tantas veces confusas,

malgastadas) y quedarme sin ver como los árboles sobreviven sin sol,

con las reservas de sus rayos ocultos.

Por eso es que me espero en el balcón,

por si amanece y me sorprende un sol que está pendiente,

todavía, de tantos, tantos árboles.

   Designios

A la vera de mi tierras,

cual un arroyo tranquilo,

marcaste sobre mis sueños

un cristalino camino.

Igual que duerme la noche,

me dormí  sobre tu nombre

como se duermen los niños.

La nube de tu mirada

guardaba mi luna blanca

entre cortinas de lino,

cosiendo sobre mis ojos

deseos llenos de signos

que llevaban a tus brazos

como lleva al mar el río,

¡ Y yo creyendo, tan tonta,

que siempre te había querido!

Romance del hombre-árbol

Se fue por el sendero de la desilusión.

Sus ojos almendrados me miraron llorosos

mientras cargaba al hombro su pesada mochila.

Me contaría mas tarde que lloró junto al río,

descargando las piedras que tanto le oprimían,

dejándo el alma al sol, secándose en la orilla.

Me contó que perdió la noción de las horas,

su brújula y los versos que yo le había entregado,

que su cuerpo rugoso se fué volviendo árbol

y que fue un sauce inmóvil por muchos, muchos años.

Me contó que olvidó su nombre y quienes éramos,

a la orilla del río, dónde quedó plantado.

Hasta que tú llegaste, mi niña, sin saberlo,

y entonaste la copla que logró despertarlo.

Me contó que tu voz le calentó las venas,

que tu sóla presencia obró en él un milagro,

que transmutó la savia en sangre

y reanimó su cuerpo anquilosado.

Dijo que revivió para sentir

tu cuerpo palpitando entre sus brazos.

Y le creímos todos, porque vimos,

que regresó aún más joven

que cuando había marchado.

Masa.

Una masa camina detrás de un lobo.

Son ovejas que, mansas,

agachan sus cabezas.

Dice el lobo:

“Seguidme, que soy vegetariano.

Os daré pastos verdes

y prados interminables.”

Y las ovejas creen

en el lobo rehabilitado.

Porque el pastor sacrifica

a sus corderos

y vende su lana en el mercado.

Las ovejas van en fila

detrás del lobo

y hay alguna que sueña, aún,

en conquistarlo.