La barca

La barca era chiquita. Había hecho muchos viajes y estaba llena de remiendos. La había heredado de sus padres y sacado a la mar innumerables veces, primero con ellos, más tarde con su esposo y, al aumentar la familia, también  con sus hijos.

Ahora la barquita necesitaba reparaciones, pero era urgente salir a la mar cada día en busca de nuevas provisiones.

Era invierno y era consciente del daño que el agua fría y el viento infligían a la  pequeña embarcación. Sabía que el mar estaba lleno de peces, pero dudaba de la capacidad de la barquita.

Su familia tenía hambre. Sus padres, demasiado mayores, esperaban los alimentos al otro lado del mar. Su esposo luchaba noche y día contra la helada, intentando mantener el fuego del hogar encendido, mientras su hija mayor  traía leña y su hijo pequeño crecía cada día más deprisa. Solo su anciana suegra, la abuela de los remedios mágicos, leía en el fondo de su alma e intentaba sellar con escamas y aceite de pez el fondo de la barquita. Mientras ella salía al mar, la abuela limaba en el espejo del agua las aristas de la luna. Al llegar la noche, entre las dos preparaban los peces que la hija mayor se encargaba de repartir a toda la familia.

Era invierno y la pequeña embarcación aguantaba,  mientras  todos hacían acopio de madera para poder reconstruirla.

 

MVF/ 24-noviembre-2018

#cadadía

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